Y si el mal que sientes viniera porque miras atras...
"Ni el futuro ni el pasado existen, y no se puede propiamente decir: hay tres
tiempo: pasado, presente y futuro; Más bien, en propiedad debería afirmarse: los
tiempos son tres: un presente de lo pasado, un presente de lo presente, un
presente de lo futuro. En efecto, estos tiempos son una especie de trinidad en
el Alma y yo no los veo fuera de ella, donde el presente de lo pasado es el
recuerdo, el presente de lo presente el momento, y el presente de lo porvenir la
espectativa "


San Agustín

miércoles, 14 de enero de 2009

Depresión Infantil

La depresion en los niños puede surgir por cambios importantes en su vida y estrés.
5% de los niños sufren depresión.
Descubra si su niño sufre de depresión.
No ignore los sintomas de la depresión.
Indague lo que piensa su niño.
Establezca y mantenga las rutinas.
Tranquilice a su niño y busque tratamiento médico.

La depresión que antes solo se diagnosticaba en personas adultas, está cada día haciendo sufrir también a los niños. Ya no son sólo los adultos los que se deprimen. La depresión infantil, según Cynthia Callahan, gerente de una clínica de orientación infantil, en Madera, puede surgir a causa de "cambios importantes y estrés”, como resultado de la pérdida de los padres, un divorcio, o problemas familiares, etc. Aproximadamente el 5 por ciento de los niños de la población general padece de depresión en algún momento. Los niños que viven con mucha tensión, que han experimentado una pérdida o que tienen desórdenes de la atención o de la conducta, o discapacidades en el aprendizaje, o aún problemas de salud mental, corren mayor riesgo de sufrir depresión.

¿Mí hijo tiene depresión?
Seguro que en algún momento de la infancia de su hijo, alguna madre se ha preguntado eso. Lo primero que hay que decir es que cada niño es único en su forma de ser. Hay que conocer muy bien al niño y saber lo que es realmente normal en su comportamiento. No hay que apresurarse a sacar conclusiones. Padres y profesores han de estar atentos cuando algún niño presente alguna de las siguientes características:- está continuamente triste, llorando con más facilidad- pierde el interés por los juegos preferidos y por la escuela - se aleja de sus amigos y de la familia- presenta una comunicación pobre- se aburre y se cansa con facilidad - presenta menos energía o concentración- se queda irritable o demasiado sensible frente a pequeñas frustraciones, montando rabietas o berrinches con más facilidad.- se le nota extremamente sensible hacia el rechazo y el fracaso- expresa baja autoestima, depreciándose a ellos mismos- elige “finales tristes” para sus cuentos y representaciones- se comporta de una manera agresiva- se queja constantemente de dolores tales como de cabeza o de estómago- duerme demasiado o muy poco - come demasiado o muy poco- sufre una regresión, hablando como un bebé u orinándose en la cama- habla de suicidio- habla de escaparse de la casa

Con niños de hasta tres años, las señales para preocuparse empiezan cuando esos niños parecen tristes o decaídos aun cuando se les están consolando. Pueden, incluso, que se peguen desesperadamente a quien se ocupa de ellos o que dejen de comunicarse. La depresión en esos niños está casi siempre conectada con el cambio o pérdida de la persona responsable de su cuidado, o cuando quien les cuida no es capaz de responder a sus necesidades.Que se puede hacer en esos casos-

No ignore los síntomas de depresión.
Dé mas atención de lo normal a su hijo. Juegue con él y así le será más fácil hablar sobre sus problemas. Lea libros infantiles con temas relacionados, dibuje, pinte, construya un puzzle con su hijo. Debe dedicarle un momento especial y único y así, crear un ambiente más cercano y de confianza.- Hágale preguntas y esté atento a las “pistas”. Un niño en edad de escolarización primaria puede llegar a decir “soy tonto”. No se trata simplemente de apoyarlos diciéndoles que no lo son, pregúnteles sobre el porqué piensa que es así, si pasó algo en la escuela, etc. El niño podrá contestar diciendo que todo es una porquería. Y entonces pregúntele qué es lo que le parece malo.

Lo importante es indagar sobre lo que piensa el niño.
El niño necesita de atención, del interés por su parte.- Establezca y mantenga las rutinas. El niño necesita sentirse arropado por una disciplina. Se sienten colaboradores y partícipes cuando se establece un horario para cada actividad. Los “limites” los piden él. Por ejemplo: no existe nada más cálido y lleno de afecto como leer un cuento antes de dormir, y ser bien arropado en su camita. De esta forma estarás diciendo al niño que los problemas no son culpa de ellos. Que todo continua como antes y que él es importante para ti.- Esté atento por si el niño tiene estrés. Es necesario reevaluar el calendario diario de actividades del niño. Pregúntese si tu hijo no está haciendo demasiadas cosas. Si no le estás sobrecargando de actividades. Puede que el niño se siente cansado y estresado.-

Tranquilice a su niño.
Nada mejor que mimarlos y a la vez averiguar sobre su rutina. Estar pendiente sobre el tipo de comida que más le gusta, si duerme toda la noche, si necesita de nuevas actividades y rutinas.- Busque tratamiento médico en el caso de que su hijo empiece a aislarse, comportarse mal, o a hacer comentarios negativos sobre él mismo. Tendrás que confiar en su instinto. Si ves que su niño ha sobrepasado el límite de la normalidad, busque ayuda y apoyo medico. El diagnóstico y tratamiento temprano de la depresión son esenciales para los niños deprimidos. Comente el caso con el pediatra.

Acción contra la depresión

Posted on Tue, Mar. 16, 2004
Hay un estudio clásico donde un psicólogo quiso tener la experiencia de vivir como paciente diagnosticado con depresión en un hospital psiquiátrico. Hizo los arreglos necesarios con el superintendente del hospital para ser recibido en un pabellón en el que los psiquiatras que atendían no sabían quien era él.
En su recuento sobre lo vivido esos días, el psicólogo Reynolds explica lo que hizo para presentar un cuadro depresivo convincente. Se sentó con los hombros caídos en una butaca, con la cabeza inclinada, y se repetía que su situación no tenía remedio, que no podía hacer nada para mejorarla, y que mejor era darse por vencido. Reynolds llegó a sentirse deprimido; de hecho, las pruebas psicológicas del hospital y el criterio de los especialistas que lo vieron era que pasaba por un cuadro depresivo.
Obtenido el diagnóstico, Reynolds se propuso hacer todo lo contrario para salir de ese estado: estar activo, hacer ejercicio, oír música alegre, vestirse bien y relacionarse con sus amistades que esperaban que actuara normalmente. Sorprendentemente, se dio cuenta de que no tenía ganas de hacer esas cosas, que estaba deprimido, hasta que poco a poco se fue normalizando.
Lo que probó el experimento fue que las conductas influyen en los sentimientos. Cuando una persona se siente deprimida tiende a empeorar debido a su falta de actividad y a que se mantiene repitiendo pensamientos negativos. Lavar los platos, realizar una caminata, arreglar el jardín; cualquier actividad constructiva ayuda, aunque la persona no tenga deseos de hacerla. La acción mejora el ánimo del deprimido.
Claro está, nos estamos refiriendo a depresiones ligeras. Las depresiones serias, cuando hay pérdida severa del apetito, disturbios del sueño, pérdida del deseo sexual, letargo e ideas suicidas, requieren de atención profesional. En este tipo de depresiones casi siempre es conveniente tomar antidepresivos. Muchas personas que vienen a terapia se resisten a las medicinas, pero bien manejadas ayudan a hacer mejor uso de la terapia y muchas no son adictivas.
Además de la terapia adecuada, soy partidaria en las depresiones serias de alentar a la toma de acción, siempre que ésta sea realista. Una persona con depresión seria puede sentirse peor si va a una discoteca, pero si lleva a un niño a la playa, si cumple una meta en el trabajo, mejora su ánimo y autoestima. No ha eliminado la depresión, pero se está enfrentando a ella.
Hay ciertos tipos de depresión que son el resultado de algún tipo de trauma, y en esos casos es útil buscar las causas. Otras depresiones, en cambio --que yo llamo existenciales-- devienen de situaciones de la vida, y para ellas la terapia cognoscitiva y el tomar acción es lo más indicado.

La autora es psicóloga clínica, especializada en relaciones, problemas de ansiedad, depresión y control de hábito.
(305)461-5185
e-mail:MagdaArmonia@bell south.net y
http://www.miami.com/mld/elnuevo/living/8193507.htm

La depresión: armas para vencerla

La depresión es una enfermedad cada vez más frecuente -actualmente a 1 de cada 20 personas- sobre todo en las mujeres.
Hace unos meses la Organización Mundial de la Salud (OMS) indicó que la depresión se convertirá en el año 2020 en la segunda causa de incapacidad en el mundo detrás de las enfermedades isquémicas, mientras que en el año 2000 ocupaba el cuarto lugar.

Las causas de los trastornos depresivos generalmente incluyen una combinación de factores genéticos, psicológicos y ambientales.

El primer paso para recibir un tratamiento adecuado para la depresión consiste en un examen médico. Ciertos medicamentos, así como algunas enfermedades, por ejemplo infecciones vitales, pueden producir los mismos síntomas que la depresión. El médico debe descartar esas posibilidades por medio de un examen físico, entrevista del paciente y análisis de laboratorio.

Armas para vencerla
MedicamentosEntre los medicamentos antidepresivos utilizados se encuentran los "inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina" (ISRS) que son medicamentos nuevos, los tricíclicos y los "inhibidores de la monoaminoxidasa" (IMAO). Generalmente la dosis se debe ir aumentando hasta que la medicación es efectiva.
Por lo general, el efecto terapéutico completo de los medicamentos antidepresivos no se observa inmediatamente. Es importante seguir tomando el medicamento hasta que éste tenga oportunidad de actuar en el organismo.

Terapia naturista
En los últimos años, el uso de hierbas para el tratamiento tanto de la depresión como de la ansiedad ha generado un gran interés.

Psicoterapias
Actualmente son dos las psicoterapias más empleadas para superar la depresión a corto plazo. Por un lado, están las terapias dinámicas que ayudan al paciente a resolver sus conflictos internos.
Y por otro, se encuentran las terapias cognitivo-conductuales que ayudan a los pacientes a cambiar los estilos negativos de pensamiento y comportamiento que se asocian con la depresión.
Estas terapias a menudo se reservan para casos en que los síntomas depresivos han mejorado bastante. Para obtener mejores resultados, sobretodo en los cuadros depresivos severos por lo general requieren medicamentos, junto con, o antes de, una psicoterapia.
Por otra parte, la pauta que combina fármacos y psicoterapias ha resultado muy eficaz en el tratamiento de la depresión.
Sin embargo, lo mejor para atajar la depresión es la prevención.

Ayudándose uno mismo
Es importante ser consciente de que las maneras negativas de ver las cosas son parte de la depresión. Asimismo, el enfermo debe fijarse metas realistas, tomando en cuenta la depresión. Tratar de estar acompañado y de confiar en alguna persona; siempre es mejor que estar solo y no hablar con nadie. Tomar parte en actividades que le ayuden a sentirse mejor. No rendirse si su estado de ánimo no mejora de inmediato. Dejarse ayudar por sus amigos y familiares.

Cómo prevenir la depresiónLa estrategia preventiva se sintetiza en tres tipos: Prevención primaria que trata de evitar nuevos casos de depresión; Prevención secundaria, consiste en evitar agravamiento, recaídas y recurrencias, y finalmente la prevención terciaria, enfocada como la prevención del suicidio y de la cronicidad.

Centrándonos en la prevención primaria podemos diferenciar las medidas generales y las medidas individuales. Medidas generales orientadas a la educación familiar y social (prevención familiar; autoestima familiar y escolar, y aprendizaje de autocontrol), política social (apoyo social y emocional a toda la población) y acción sanitaria (supresión del consumo abusivo de alcohol y drogas).

Medidas individuales:-
Tratar de mantener unos niveles adecuados de autoestima;
- Educar la capacidad de autocontrol para poder afrontar los momentos de estrés mediante el pensamiento y la acción;
- Capacidad de superación en los infortunios naturales mediante la desdramatización y el sentido del humor;
- Tratar de desconectar de la vida laboral mediante la práctica de algún hobby, actividad recreativa, intelectual o cultural;
- Dedicar el tiempo suficiente a relacionarse con los demás, ya sean familia o amigos;
- Practicar sistemáticamente ejercicio físico, desde una actividad deportiva hasta un tranquilo paseo -su capacidad antidepresiva se potencia si se realiza al aire libre- y
- Mantener un estilo de vida regular, manteniendo ciertos hábitos sobretodo el ritmo de sueño-vigilia.

Europa Press
Con información facilitada por Mar Sánchez Cortes, psicóloga clínica, y por Eva Velázquez Martín, psicóloga social
Ambas con experiencia en el tratamiento de la depresión.

Jueves 15 de Enero de 2004

www.pulevasalud.com

EL NIÑO DEPRIMIDO

No son sólo los adultos los que se deprimen. Los niños y los adolescentes pueden sufrir también de depresión, que es una enfermedad tratable. La depresión se define como una enfermedad cuando la condición depresiva persiste e interfiere con la habilidad de funcionar del niño o del adolescente.
Aproximadamente el 5 por ciento de los niños y adolescentes de la población general padece de depresión en algún momento. Los niños que viven con mucha tensión, que han experimentado una pérdida o que tienen desórdenes de la atención, del aprendizaje o de la conducta corren mayor riesgo de sufrir depresión. La depresión tiende a correr en las familias.
El comportamiento de los niños y adolescentes deprimidos es diferente al comportamiento de los adultos deprimidos. Los psiquiatras de niños y adolescentes le recomiendan a los padres que estén atentos a síntomas de depresión que puedan presentar sus niños.
Los padres deben de buscar ayuda si uno o más de los siguientes síntomas de depresión persisten:
Tristeza persistente, lloriqueo y llanto profuso
Desesperanza
Pérdida de interés en sus actividades favoritas; o inhabilidad para disfrutar de las actividades favoritas previas
Aburrimiento persistente y falta de energía
Aislamiento social, comunicación pobre
Baja autoestima y culpabilidad
Sensibilidad extrema hacia el rechazo y el fracaso
Aumento en la dificultad de relacionarse, coraje u hostilidad
Dificultad en sus relaciones
Quejas frecuentes de enfermedades físicas, tales como dolor de
Ausencias frecuentes de la escuela y deterioro en los estudios cabeza o de estómago
Concentración pobre
Cambios notables en los patrones de comer y de dormir
Hablar de o tratar de escaparse de la casa
Pensamientos o expresiones suicidas o comportamiento autodestructivo

El Niño Deprimido, AInformación para la Familia@ No. 4 (Revisado 9/98)
Un niño que jugaba a menudo con sus amigos empieza a pasarse la mayor parte del tiempo solo y pierde interés por todo. Las cosas de las que disfrutaba previamente ya no le dan placer al niño deprimido. Los niños y adolescentes deprimidos dicen a veces que quisieran estar muertos o pueden hablar del suicidio. Los adolescentes deprimidos pueden abusar del alcohol o de otras drogas tratando de sentirse mejor.
Los niños y adolescentes que se portan mal en la casa y en la escuela pueden estar sufriendo de depresión sin que nadie se dé cuenta de ello. Los padres y los maestros no se dan cuenta de que la mala conducta es un síntoma de depresión porque estos niños no siempre dan la impresión de estar tristes. Sin embargo, si se les pregunta directamente, los niños algunas veces admiten que están tristes o que son infelices.
El diagnóstico y tratamiento temprano de la depresión es esencial para los niños deprimidos. Esta es una enfermedad real que requiere ayuda profesional. Un tratamiento comprensivo a menudo incluye ambas terapias, individual y de familia. Puede también incluir el uso de medicamentos antidepresivos. Para ayudarles, los padres deben pedirle a su médico de familia que los refiera a un psiquiatra de niños y adolescentes, quien puede diagnosticar y tratar la depresión en niños y adolescentes.

Sé feliz: da sentido a tu vida

Indice:
Primera parte: La felicidad y el sentido dela vida
Segunda parte: ¿Quién es más feliz?
Tercera parte: El camino hacia la felicidad ----
Primera parte: La felicidad y el sentido de la vida

Puede ser que exista por ahí alguien que nos diga que no desea ser feliz. Sin embargo, para la inmensa mayoría no sólo es una meta deseable, sino algo que habitualmente nos esforzamos por conseguir. Algunas personas se sienten desgraciadas, deprimidas, insatisfechas con sus vidas, con sus relaciones, consigo mismas. No hay nada que deseen más que librarse de ese dolor que arrastran como un saco de piedras sobre sus espaldas que los agota un poco más cada día hasta dejarlos exhaustos. Tal vez lo tienen todo: un trabajo, una casa, una familia, unos amigos... pero, a pesar de eso, no son felices. Algo falta; algo en su interior está gritando, pero, ¿qué es lo que dice? ¿Qué es eso que falta en sus vidas? ¿Cómo descubrirlo? ¿Cómo encontrarlo?

El siguiente relato puede ser un punto de partida: El médico.
Un joven médico empezó a trabajar en un nuevo hospital de una ciudad lejana. El primer día estaba radiante de felicidad. Caminaba orgulloso por los largos corredores con su bata blanca y su amplia sonrisa. El edificio era una joya arquitectónica, con salas amplias y soleadas, iluminadas por grandes ventanales con vistas a un silencioso jardín. Los enfermos, cuyas dolencias no eran especialmente graves, tenían habitaciones individuales perfectamente equipadas y el material médico era el más moderno que existía.
El hospital estaba dividido en dos: el ala este, donde fue destinado el joven médico y el ala oeste, ambas unidas en su centro por una gran puerta de gruesa madera maciza que permanecía siempre cerrada. Él pasaba ante ella cada día, pero jamás sintió curiosidad hasta que un día sucedió algo imprevisto: al pasar por delante, como cada mañana, escuchó unos gritos espantosos; la puerta se abrió bruscamente de par en par y una niña sucia y harapienta salió corriendo de su interior, emitiendo alaridos aterradores y arañando su cara con sus uñas hasta hacerla sangrar. Los enfermeros que corrían tras ella la agarraron y se la llevaron en volandas, sujetando sus brazos y sus piernas, a través de un pasillo gris, débilmente iluminado por alguna bombilla. Después, la puerta se cerró.
El médico tuvo tanto miedo que ni siquiera quiso preguntar. Siguió su camino, trató de invocar su eterna sonrisa y se centró en el trabajo intentando olvidar. Pasó el tiempo y empezó a estar enfermo, dejó de sentir esa felicidad que le había acompañado hasta entonces; ya no encontraba en su trabajo la misma satisfacción y extrañas pesadillas volvían insomnes sus largas noches. Empezó a pensar que tal vez la medicina no era para él, que quizás se equivocó de profesión, que ver a tantos enfermos día tras día lo había acabado deprimiendo. No quería pensar en aquella puerta ni quería recordarla, porque sabía que, de hacerlo, no tendría más remedio que atravesarla.
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Lo primero que tenemos que saber es qué es la felicidad.
Esa felicidad ciega que se empeñaba en mantener el médico de nuestro relato y que consiste en la negación de todo dolor y sufrimiento es tan falsa como efímera. Sus murallas son frágiles; tarde o temprano sucede algo que las derrumba y tenemos que gastar buena parte de nuestra energía en reconstruirlas una y otra vez mientras se empeñan en desmoronarse ante nuestros ojos. Algunos recurren a las drogas y el alcohol, a las largas y continuas horas de diversión. Salir a la calle, centrar su atención en otra cosa, olvidar esa tristeza, esa insatisfacción que aguijonea sus corazones en cuanto bajan la guardia. Desterrar de la mente todo sufrimiento y preocupación sigue siendo una de las metas principales de mucha gente. Vivimos en una sociedad donde la consecución del máximo bienestar es casi un imperativo. Pero la felicidad no es la ausencia de dolor, no es tenerlo todo y que cualquier cosa que hagamos nos salga bien, sino el hecho de percibir sentido en eso que tenemos y hacemos. Es esa sensación de que nuestra vida tiene sentido la que nos llena de felicidad y de energía.
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¿Qué hace que nuestra vida tenga sentido? ¿Cómo logramos eso?
Nuestro camino hacia la felicidad comienza con la satisfacción de nuestras necesidades tanto fisiológicas como psicológicas básicas. Entre las primeras se encuentran aquellas que aseguran nuestra supervivencia, como cobijo y comida (pues no hay duda de que para ser feliz hay que estar vivo primero). Cuando éstas no están satisfechas puede resultarnos más difícil centrarnos en las necesidades psicológicas básicas, pero ambas son necesarias para nuestro bienestar y satisfacción y no se excluyen mutuamente. Las necesidades psicológicas básicas son las siguientes:
1. Libertad y autonomía: es la sensación de que lo que hacemos lo hemos elegido libremente y no nos hemos visto obligados a ello.
2. Creer en uno mismo: básicamente significa tener la certeza de que somos fieles a nosotros mismos y hacemos aquello en lo que creemos.
3. Mantener relaciones personales satisfactorias.
4. Sentir que somos competentes en algo.
Los dos primeros puntos son, posiblemente, los más complicados, pues muchas veces sentimos que la vida nos arrastra en una dirección que no es la que elegiríamos libremente, y mantenernos fieles a nosotros mismos no siempre es fácil. ¿Cómo lograrlo?
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La clave está en el autoconocimiento.
Es muy difícil que una persona sea fiel a sí misma si no sabe quién es, si no tiene claras sus metas en la vida, sus deseos, su vocación.
Si nos preguntamos qué es lo que hace que nuestra vida tenga sentido, la respuesta a esta pregunta está en nuestro propio interior, en el lugar donde se encuentra nuestra verdadera esencia, nuestro yo más profundo, nuestra vocación, la fuente de nuestra vitalidad y la fuerza que nos empuja en una dirección determinada. Cuando lo que hacemos con nuestra vida está de acuerdo con nuestro verdadero yo y estamos totalmente comprometidos con lo que hacemos, es entonces cuando nos sentimos más vivos y auténticos que nunca, porque nos estamos permitiendo ser quienes realmente somos. La felicidad al estilo más hedonista es pasiva, implica estar tranquilos, lejos de los problemas, pero es probable que tengamos que pagar el precio de ver reducida nuestra vitalidad, que ha dejado de ser necesaria y va menguando en nuestro cuerpo y nuestra mente mientras ese estado de sopor que acompaña a la quietud la sustituye. La verdadera felicidad, en cambio, está mas asociada con el reto y el esfuerzo. Primero es necesario conocerse lo suficiente como para descubrir nuestra verdadera naturaleza y vocación y después es necesario luchar por realizarnos de acuerdo con ella.
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El miedo a conocerse
El camino hacia la felicidad nos exige ser fieles a nosotros mismos, pues quien se miente a sí mismo jamás sabrá quién es ni hacia dónde se dirige. Pero oculto en lo más profundo de nosotros está también nuestro lado oscuro, lo que más tememos, lo que no queremos admitir, ni ver, ni saber; nuestros traumas del pasado, nuestros miedos y debilidades, nuestra vergüenza.
El joven protagonista del relato jugaba a ser médico en un hospital de juguete mientras su verdadera vocación se iba atrofiando, hasta que se abrió la puerta del ala oeste. ¿Qué había tras ella? Probablemente la verdadera enfermedad y la miseria; personas desahuciadas que necesitaban algo más que una operación de apendicitis; el enfrentamiento con la muerte. Tal vez meterse de lleno en ese mundo y tratar de hacer algo por sus tristes habitantes era la verdadera vocación de ese médico, aquello a lo que le empujaba su verdadero yo. Quizás un camino doloroso, pero el suyo, aquél que le habría provocado satisfacción y felicidad si hubiera tenido el valor de atravesar la puerta y enfrentar sus miedos.

Segunda parte
¿Quién es más feliz?
¿En qué países es más feliz la gente? ¿Cuál es la forma de ser de las personas más felices? ¿Qué es lo que nos hace más felices? ¿Somos felices los españoles? Los psicólogos han tratado de responder a estas preguntas estudiando grandes grupos de personas en diferentes países.

Felicidad y matriarcado
Según Erich Fromm cada ser humano tiene un derecho incondicional a la felicidad en la vida y esta felicidad reside básicamente en el despliegue armónico de la propia personalidad. Afirma que el tipo de organización social que más puede contribuir a la felicidad es un matriarcado, cuyos valores, instituciones y actitudes se oponen a las de la sociedad patriarcal capitalista en la que hemos estado viviendo durante unos 4.000 años, demasiado preocupada por el deber y la obediencia. "El individuo y la sociedad patriarcales se caracterizan por una serie de rasgos entre los que predominan los siguientes: un superego estricto, sentimientos de culpa, amor dócil hacia la autoridad paternal, deseo y placer por dominar al débil, aceptación del sufrimiento como castigo por la propia culpa y una capacidad para ser feliz dañada. La sociedad matriarcal, por el contrario, se caracteriza por un sentimiento de confianza optimista en el amor incondicional materno, muchos menos sentimientos de culpa, un superego más débil y una mayor capacidad para el placer y la felicidad. Junto con estos rasgos también se desarrolla la idea de la compasión maternal y el amor por los débiles y otros necesitados de ayuda".
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De todo lo que tenemos, ¿qué nos hace más felices?
En un estudio realizado en 22 países, incluida España, se vio que, de todo lo que tenemos, lo que más feliz nos hace son, en primer lugar, las relaciones con familiares y amigos (el 40 % dice sentirse muy feliz con ellas), después el nivel de confianza en sí mismos y en tercer lugar la religión. Más abajo está la vida sexual (19 %), los bienes materiales (17%) y la cantidad de tiempo libre (15 %). Sólo un 8 % se siente muy feliz con la cantidad de dinero que tiene. En 20 de los 22 países, con lo que la gente está más feliz es con las relaciones personales. Las dos excepciones son Nigeria, donde la mayor felicidad se relaciona con la religión y Venezuela, donde la mayor felicidad tiene que ver con la autoestima. Los más felices con su vida sexual son los venezolanos, seguidos de los brasileños y los estadounidenses. Los más decepcionados con su vida sexual son los chinos y los franceses.
En cuanto al dinero, su relación con la felicidad es complicada y contradictoria. En general la gente no se siente muy feliz con el dinero que tiene (sólo el 8 %, como hemos indicado) y piensan que serían más felices si tuvieran más, pero las investigaciones contradicen esta afirmación. Cuanto más énfasis ponga una persona en el dinero y los bienes materiales a la hora de conseguir la felicidad, más probabilidades tiene de no alcanzarla, mientras que si su felicidad está asociada con la confianza en sí mismo es más probable que consiga ser feliz. Es decir, para la gente más feliz la clave de la felicidad está en creer en uno mismo: elegir tus propias metas, ser fiel a ti mismo...
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¿Cómo son los "países felices"?
Un estudio realizado en 48 países, mostró que la gente es más feliz en los Países Bajos, seguidos de Islandia, Dinamarca, Suecia, Irlanda, Suiza, Australia y Estados Unidos. España se encuentra en el números 20, con una puntuación de 6´8 en una escala de felicidad del 1 al 10.
Las características que tiene que tener un país para que sus ciudadanos sean más felices son las siguientes: riqueza; seguridad; autonomía y libertad, tanto personal como política; igualdad, principalmente entre mujeres y hombres y entre clases sociales, ya que la falta de igualdad da lugar a frustraciones e impone restricciones que impiden ser feliz; cultura; espiritualidad, definida como la creencia en un ser superior que hace que la vida tenga sentido; tolerancia. La gente es también más feliz en los países más individualistas, donde se rechaza el autoritarismo. Cuanto más implicado esté un país en ONGs más felices son sus habitantes. Cuanto más militarizado esté un país, más infelices. Y por último, parece ser que la gente es más feliz en los países con más índices de desempleo. Aquí hay que matizar que si bien la persona cuyo trabajo se corresponde con su vocación suele ser feliz haciéndolo, aquellos en los que no es así, tienden a ser más felices cuando están desempleados. La felicidad no está relacionada con la densidad de población ni con su crecimiento, como podría pensarse. Por lo visto, apiñados también podemos ser felices. Y, en definitiva, cuanto más moderno es un país, más felices sus habitantes.
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¿Y cómo son las personas felices?
- Mantienen relaciones personales de calidad (aquellas en las que nos sentimos comprendidos, nos divertimos y podemos expresar nuestros sentimientos).
- Realizan un trabajo que les aporta satisfacción personal.
- Son más abiertas a las experiencias y piensan que controlan los acontecimientos de sus vidas, mientras que los más infelices se ven como marionetas del destino y tienden a reprimir sus emociones.
- Tienden a ver las cosas de forma más positiva, se ven menos influidos por los resultados negativos y tienden a rechazar más las oportunidades que no están disponibles para ellos.
- Se ha visto que la edad, inteligencia, estatus social, ingresos y educación no parecen tener mucha influencia en la felicidad de la gente.
- Cuanto mayor sea la salud física y mental, la resistencia psicológica y el nivel de energía mayor felicidad.
Y si además vivimos en un país rico y moderno, tanto mejor. Pero, ¿qué pasa si no tenemos todo esto? En ese caso la clave está en aprender a ser felices con el mismo proceso de búsqueda de felicidad y a través de nuestro camino, más o menos tortuoso, hacia ella, (siempre y cuando caminemos la senda de nuestro verdadero yo). Porque si la felicidad se nos resiste, bien sabido es que la esperanza se encuentra en todas partes.

Tercera parte
El camino hacia la felicidad

Hasta ahora hemos hablado de la importancia de conocerse a uno mismo. Ahora vamos a ver algunas técnicas que pueden ayudarnos en esta complicada pero fructífera tarea.
La mujer loca: una historia acerca del miedo a la vida.
Guy de Maupassant escribió en el siglo XIX, un sobrecogedor relato de una mujer que permaneció en la cama sin hablar ni moverse durante 15 años a raíz de la muerte de su marido, su padre y su hijo recién nacido en el plazo de un mes. Estalló la guerra y los soldados ocuparon las casas. El oficial al mando, un hombre violento y orgulloso, se empeñó en que ella debía levantarse y presentarse ante él. Como ella no respondía, ordenó a los soldados que se la llevasen y estos la alzaron, con colchón incluido, y la sacaron de la casa. Nunca más volvió a saberse nada de ella, hasta que el narrador de la historia se adentró en el bosque varios meses después, cuando los soldados ya se habían retirado. Allí fue a toparse por azar con un cadáver humano e inmediatamente supo que pertenecía a aquella mujer. Los soldados la dejaron allí, pensando que de ese modo no tendría más remedio que levantarse y volver por su propio pie, pero ella simplemente se dejó morir.
¿Por qué esta mujer no fue capaz de afrontar esas muertes? ¿Qué sintió? ¿Qué sombra emergió de las profundidades de su subconsciente? A veces, simplemente no podemos. No sin ayuda. Somos humanos y estamos limitados. Pero la mayoría de nosotros no estamos postrados en una cama negando la vida. Tenemos recursos, energía, salud, deseos de ser felices, de evolucionar y desarrollarnos. Estamos capacitados para emprender el viaje del autoconocimiento, con o sin ayuda de otras personas.
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Comenzando el viaje: afronta tus sentimientos. ¿Qué hago? ¿Qué pienso? ¿Qué siento?
Saber responder a estas tres preguntas es fundamental. Tenemos que aprender a estar en contacto con nuestros verdaderos sentimientos, reconocerlos, aceptarlos y trabajar con ellos en caso necesario. Eso supone analizarnos a nosotros mismos, pensar e interpretar nuestro comportamiento.
1. ¿Qué hago?
Obsérvate; observa tu comportamiento, tu forma de reaccionar ante los demás y ante las distintas situaciones de tu vida. Observa también las reacciones de los demás ante tu conducta. No vayas siempre por la vida olvidando continuamente el pasado.
2. ¿Qué pienso?
Observa lo qué pasa por tu mente en cada situación, lo que te dices a ti mismo. Trata de saber por qué piensas lo que piensas y no algo diferente, por qué adquieres ese punto de vista y no otro de los muchos posibles. Esto te dará una información valiosa acerca de quién eres.
3. ¿Qué siento?
Analiza tus sentimientos cuando surjan. ¿Se trata realmente de rabia o hay algún miedo asomando detrás? ¿Qué es esa tristeza, de dónde viene, que marcha mal en tu vida para que te sientas así? A veces sencillamente no sabemos lo que estamos sintiendo. Averígualo y ponle nombre. No tengas miedo de reconocerlo. Admite que son celos, envidia, resentimiento, miedo. Sólo admitiéndolos ante ti mismo podrás manejarlos de forma adecuada.
4. Tu reflejo en los demás.
Busca lo que más detestas o admiras en los demás; pueden darte una pista sobre tus virtudes y tus defectos. Si una persona te resulta odiosa es posible que estés viendo en ella una parte de ti mismo que te desagrada. Por el contrario, si te sientes atraído, por ejemplo, por los artistas, es posible que lleves un artista dentro que quiere salir al exterior.
5. Tus deseos.
¿Qué es lo que quieres? ¿Qué necesitas? ¿Están satisfechas esas necesidades y esos deseos? ¿Te estás dejando llevar por los deseos de los demás, por lo que deberías querer en vez de lanzarte en busca de lo que deseas de verdad? Hazte estas preguntas y respóndelas con sinceridad. Te ayudarán a vislumbrar cuál es tu verdadero camino.
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Otras formas de autoconocimiento
1. La psicoterapia.
La psicología profunda y la humanista incluyen las grandes corrientes que más hincapié han hecho en el desarrollo del individuo. La más conocida, dentro de la psicología profunda, es el psicoanálisis de Freud, pero tal vez la que más ha profundizado en esta búsqueda del verdadero yo es la psicología analítica de Carl G. Jung. Para él la terapia consiste fundamentalmente en integrar las distintas partes de nuestra psique, llamadas arquetipos, que podríamos considerar como diversas subpersonalidades dentro de nosotros que muchas veces funcionan de forma aislada, empujándonos en direcciones diferentes e incluso opuestas y nos llevan a sabotear nuestra propia vida, nos impiden hacer aquello que deseamos, nos hacen sentir a veces como marionetas o nos dan la sensación de que no controlamos nuestra propia vida. Una de las partes más difíciles de integrar es lo que Jung llamó la sombra, que es todo lo negativo que hay en nosotros y que hemos excluido de la conciencia, pero también todas esas cualidades positivas que no queremos aceptar por ser consideradas inapropiadas (lo que no se considera propio de nuestro sexo, lo que es visto como infantilismo, debilidad, etc.). Este proceso que lleva a una persona a realizarse como ser completo e integrado es lo que llamó proceso de individuación y se manifiesta en la terapia a través de los sueños, la imaginación activa y la transferencia/contratransferencia entre paciente y terapeuta.
2. El arte
El arte es probablemente el medio más antiguo que ha utilizado el ser humano para expresar sus emociones y sentimientos más profundos. Cuando pintamos, esculpimos, escribimos relatos o poemas, componemos canciones o llevamos a cabo cualquier otra forma de expresión creativa espontánea, estamos adentrándonos en nuestro mundo interior y sacando de allí algo que expresa quienes somos, qué sentimos o qué nos preocupa. El simple hecho de expresarnos de este modo ya nos acerca más a nosotros mismos, pero el trabajo será más completo si después analizamos nuestras obras, tratamos de traducir a palabras lo que ya hemos dicho con imágenes y acabamos de hacer consciente su significado. No es necesario tener dotes artísticas especiales, ni hace falta llegar a realizar una magnífica obra de arte, basta con que sea un trabajo creativo. Cualquier persona tiene la capacidad necesaria para hacerlo, sólo necesita encontrar el modo más adecuado para ella.
3. Los sueños.
Generalmente, lo que aparece en nuestros sueños guarda relación con algún tema que nos preocupa. Pero la mayoría de las veces no sabemos de qué se trata porque los sueños tienen su propio lenguaje, que es el lenguaje del subconsciente, forma parte de nuestra personalidad más profunda y puede ser diferente para cada persona. Podemos soñar, por ejemplo, con un pájaro posado en el alféizar de una ventana. Pero, ¿qué es para nosotros un pájaro? Su significado no tiene por qué ser el mismo para todas las personas y la "traducción" de la palabra pájaro usada en el sueño a un lenguaje que nos sirva para interpretarlo puede ser diferente según quién sea el soñador en cuestión. Para una persona determinada, pájaro puede significar libertad; para otra, fragilidad. Somos nosotros los que creamos el lenguaje de nuestros sueños y la principal autoridad a la hora de interpretarlos. Para ello podemos imaginarnos que somos nosotros los elementos que aparecen en nuestros sueños y luego tratar de dar una definición más amplia de lo que somos, lo que sentimos, de nuestra utilidad. Por ejemplo: "Soy un pájaro en el alféizar de la ventana que no se atreve a volar"; "soy un vaso de cristal que cae al suelo y, a pesar de eso, no llega a romperse". Cada detalle que aparece en nuestro sueño ha sido escogido por nuestro subconsciente porque tiene un significado especial que podemos llegar a averiguar de esta manera.
4. El conocimiento.
La sabiduría de otros puede ser también tu sabiduría. La persona que se centra en conocerse sólo a sí misma sin tratar de ampliar su conocimiento a nivel general, estará haciendo algo parecido a tratar de dilucidar qué objeto tiene delante observando uno sólo de sus átomos: nunca lo descubrirá. Cada persona forma parte de la historia de la humanidad, en general, y de la historia de su país, en particular. Una niña o un niño cualquiera pudo haber sido educado por una persona que vivió una guerra, quien, posiblemente, le transmitirá unos valores y puntos de vista diferentes de los de una persona que ha vivido siempre en tiempos de paz. De nuestros padres y de nuestros abuelos hemos heredado algo más genes. Su pasado es también nuestro pasado y conocerlo es fundamental para saber quienes somos.
Los grandes (o pequeños) pensadores de todos los tiempos han examinado el alma humana y a través de sus escritos nos hablan todavía de nosotros mismos y nos ayudan a descubrirnos. ¿Acaso no seguimos sintiendo las mismas emociones que con tanta maestría plasmó Shakespeare en sus obras a pesar de haber pasado tanto tiempo? ¿Acaso no podemos sentirnos todavía identificados con el tumulto de emociones contenidas que estallan en los poemas de Emily Dickinson? ¿No seguimos viendo a Epicuro al mirar a algunos de nuestros amigos? ¿No escribió Miguel Delibes una novela llamada El camino hace ya 50 años?
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Si no tienes claro quién eres o hacia dónde te diriges... No tengas prisa.
Necesitarás meses o incluso años para encontrar el sentido de tu vida, y el proceso de autoconocimiento durará hasta tu muerte. Al fin y al cabo, sería aburrido si fuese de otra forma. En numerosas ocasiones podemos recurrir a la mitología para encontrar aquél mito que parece describir el lugar de nuestro camino donde nos encontramos en cada momento. El mito de Perséfone es quizás uno de los más significativos.
Perséfone era la hija de la diosa Deméter. Un día, mientras se entretenía recogiendo flores en una pradera, fue secuestrada por Plutón (también llamado Hades), el señor de los muertos, para que reinase con él en el mundo subterráneo. Deméter, encolerizada y afligida, juró que la tierra no volvería a ser fértil nunca más mientras su hija no le fuese devuelta. Entonces Zeus ordenó a Plutón que liberase a Perséfone y éste le dijo que lo haría a condición de que ella no se llevase nada de su mundo. Sin embargo, Perséfone no pudo evitar coger una granada, de manera que Zeus estipuló que tendría que pasar dos tercios del año con su madre y otro tercio con Plutón en el mundo inferior. De este modo, cuando ella regresa, el mundo se llena de flores y fertilidad, mientras que cuando está con Plutón las semillas quedan ocultas bajo la tierra.
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Este ciclo de la vida y la naturaleza se repite también en nosotros, que al fin y al cabo somos parte de ella.
Cualquiera que aspire a un conocimiento profundo de sí mismo, debería sumergirse en su interior cíclicamente y traerse de allí algo que pueda sacar al exterior y enriquecer así su personalidad, su vida y la de los demás. ¿De qué nos sirve conocernos, adentrarnos en nosotros mismos y analizar una y otra vez nuestros sentimientos si luego no hacemos nada positivo con todo eso? Igual que Perséfone, cada vez que nos adentremos en nuestro interior deberemos salir de allí con una "granada" en las manos. Existe y debe existir una interconexión entre lo que sucede en nuestro interior y lo que sucede fuera. Es imposible lograr un desarrollo personal y un autoconocimiento pleno si no somos conscientes de que formamos parte de un sistema mayor y de la misma naturaleza, cuyos recursos no debemos consumir sin ofrecer algo a cambio. El camino del autoconocimeinto debe ser, por tanto una espiral que avanza hacia delante al mismo tiempo que nos vamos orientando alternativamente hacia dentro y hacia fuera de nosotros mismos, hacia nuestro interior y hacía el mundo, tomando y ofreciendo, enriqueciendo nuestra personalidad y ayudando al enriquecimiento de los demás.
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¿Cómo puedes saber si estás siguiendo tu camino?
Tal vez algunas de las cosas que nos suceden en la vida dependen del azar y la suerte. Pero todos sabemos que no encontraremos lo que necesitamos si estamos buscando en el lugar equivocado. ¿Qué pasa si en este camino que es nuestra vida hemos seguido un sendero erróneo? ¿No es de esperar que en ese camino que no es el nuestro no encontremos nada que nos satisfaga por completo?
Cuando una persona está siendo fiel a sí misma y está, por tanto, en su camino, encuentra más fácilmente aquello que necesita. Algunos se lamentan, por ejemplo, de ir a dar siempre con las personas equivocadas, que aparecen en su vida "por azar", que son siempre el mismo tipo de gente inapropiada, con quienes no se siente a gusto y que nada tienen que aportarle. No sólo en las relaciones, sino también a nivel laboral y en otras muchas áreas de sus vidas, la mala suerte parece perseguirles hagan lo que hagan. Quien está en su camino, en cambio, está siendo fiel a sí mismo y está mostrando al mundo su verdadero rostro, no un yo falso, por lo que no es extraño que atraiga a un tipo de personas que hacen que se sienta bien y le aporten algo. Por lo tanto, el principal indicador de que no estamos en el lugar correcto es esa sensación de que nada de lo que nos sucede, sea bueno o malo, es adecuado para nosotros y nuestro crecimiento y no sentimos nada más que estancamiento estéril y vacío.
No obstante, aquí conviene recordar cómo los protagonistas de la conocida novela La ciudad de la alegría encuentran satisfacción personal en uno de los barrios más pobres y miserables de Calcuta, rodeados de muerte, enfermedad, suciedad y hambre. Da igual si tu camino es un lecho de rosas o un sendero de piedras y espinas. Te sentirás bien si estás en él, porque es tu lugar en el mundo y el sentido de tu vida sólo lo encontrarás allí.

Ana Muñoz, directora Cepvi

http://www.cepvi.com/articulos/felicidad1.htm

Depresión en embarazo afecta salud del bebé

Dos nuevos estudios sugieren que la depresión materna podría tener más efecto sobre los niños y niñas de lo que se pensaba, de acuerdo a lo publicado esta semana por el boletín estadounidense Health Day News.

La primera investigación descubrió que, aun cuando los y las bebés nacidas/os de madres que toman medicamentos para la depresión parecen tener un desarrollo físico normal, podrían ocurrir cambios sutiles en su sistema nervioso.
Los y las autores/as sugieren que deberían realizarse más investigaciones para determinar si los beneficios de tomar estos medicamentos verdaderamente superan a los riesgos potenciales.
El segundo estudio descubrió que las mamás que están deprimidas tienen más probabilidades de tener hijos o hijas que se enferman más.
Según los Institutos Nacionales de Salud Mental, cada año aproximadamente uno/a de cada 10 estadounidenses sufre depresión.
“La depresión en y por sí misma puede afectar la situación de desarrollo neurológico de los recién nacidos. Ciertamente es algo que debe preocuparnos”, indica Philip Sanford Zeskind, autor del primer estudio y director de investigaciones sobre desarrollo neural en el Centro Médico Carolina en Charlotte, Carolina del Norte.
“Los médicos y los padres y madres necesitan preocuparse por los potenciales efectos colaterales de los inhibidores selectivos de serotonina o SSRIs, antidepresivos de uso común”.
Según explica, estudios anteriores llegaron a la conclusión de que estos medicamentos son seguros en el embarazo debido a que no causan problemas de desarrollo físico, como peso natal bajo o nacimiento prematuro.
Sin embargo, dice que esas mediciones de salud infantil son una forma “anticuada” de evaluar el sistema nervioso de un bebé.
En su estudio, Zeskind, comparó a 17 bebés que no fueron expuestos a SSRIs en la matriz.
Lo que los y las investigadores/as necesitan hacer es determinar si el sistema neuroconductual está funcionando bien para evaluar apropiadamente los efectos del uso de SSRIs en el embarazo.
De acuerdo con el estudio, los y las bebés nacidos/as de mujeres que tomaron SSRIs experimentaban más temblores, más actividad motriz, se sobresaltaban con más frecuencia, dormían períodos prolongados, tenían menos cambios en sus estados de conducta, y sus ritmos cardíacos eran más erráticos que los de los bebés que nunca estuvieron expuestos a los inhibidores selectivos.

Fuente: Health Day News http://www.mujereshoy.com/secciones/1731.shtml

Alimentos y depresión

La depresión es una enfermedad que los alimentos, por sí solos, no pueden curar, pero una buena nutrición puede ayudar a mejorar sus síntomas, y permitir que el paciente pueda acelerar su recuperación. Los síntomas más comunes en cualquier depresión, tienen que ver con la pérdida del sueño, la pérdida del apetito, la desorientación, la irritabilidad, o la presencia de dolores. Pero aunque sus síntomas sean similares, se debe saber que existen, sin embargo, dos tipos básicos de depresión.

Una de ellas, es la depresión normal, aquella que todos atravesamos cuando algo negativo ocurre en nuestras vidas, y que generalmente comienza a irse a medida que encontramos soluciones u otras formas de concebir los conflictos. El otro tipo de depresión, es denominado depresión clínica. Allí, a diferencia del primer caso, se experimenta un fuerte vacío interior que puede incluso impedir a las personas que la sufren, desarrollar su vida con normalidad.
Si bien ambas pueden tener síntomas similares, la segunda de estas depresiones es sin dudas la más grave de las dos, ya que es causada generalmente por un desequilibrio químico en el cerebro, con lo cual se suele extender más en el tiempo, tener efectos más severos, y ser más difícil de combatir. Una de las formas de combatirla, es mediante la gran cantidad de medicinas disponibles que existen hoy día en el mercado.

Como habíamos señalado, aquellas personas que atraviesan una depresión clínica, suelen modificar, negativamente, casi todos los aspectos de su conducta habitual. Por eso, no es de extrañar que la mayor parte de la gente que es diagnosticada con esta condición, sufra también de deficiencias de nutrición.

Sucede que estas personas, sumidas en los efectos de la depresión, suelen perder el sentido de las cosas, por lo que generalmente descuidan su salud personal, y pueden llegar incluso a dejar de comer. Y como la nutrición juega un papel fundamental en le salud de nuestro organismo, una deficiencia en este sentido podría agravar aún más la calidad de vida del enfermo.
En este sentido, si bien es muy cierto que la depresión es una de esas enfermedades que los alimentos no pueden curar, una nutrición pobre solo empeorará las cosas, ya que el cuerpo tendrá aún más bajas las defensas, y se podrían agudizar los síntomas de la depresión.
Con todo, la nutrición puede jugar un papel muy importante para aliviar algunos de los síntomas de la depresión. Hay muchas vitaminas y nutrientes que pueden ayudar al cuerpo a funcionar más apropiadamente, sobre todo en tiempos emocionalmente dificultosos.
Por ejemplo, si una persona con depresión sufre de falta de sueño, quizás sea conveniente, -previa prescripción médica-, aumentar la cantidad de aminoácidos, y, si hay pérdida de apetito, un aumento en la ingesta de hierro. La gente con depresión tiende generalmente a aumentar su irritación y malestar a causa de su falta de sueño o apetito, por lo que al revertir estos síntomas, también se ayudará a combatir la depresión.

Existen alimentos que son muy convenientes de incluir en la dieta de una persona que padece de depresión clínica; las proteínas proporcionadas por la carne es sin dudas muy útil. Lo mismo sucede con algunos elementos (como el triptófano y la colina) que posee el pescado fresco. Asimismo, algunos alimentos deben ser totalmente evitados, como por ejemplo el alcohol y la cafeína. El alcohol actúa como un depresor del sistema nervioso, lo cual provoca que la situación empeore aún más, y la cafeína interfiere fácilmente con el sueño, promoviendo el nerviosismo.

http://www.enplenitud.com/nota.asp?articuloid=4166