Cuando el cuerpo se acostumbra a una situación, y más cuando es de descanso y relax, puede costar devolverle a la rutina de la vida laboral o doméstica. La respuesta es un estado apático, de cansancio y desencanto, que podría derivar en un estado depresivo mayor.
Pocos son los lunes que motivan a levantarse de un salto y dirigirse sonriendo al lugar de trabajo. Lo mismo, pero a mayor escala, ocurre cuando se vuelve de vacaciones, un período en el que el cuerpo ha desconectado y ha variado su ritmo. Ahora toca volver a acostumbrarlo, y para ello hay que hacerse a la idea poco a poco.
El regreso
Las vacaciones suponen, en la mayoría de los casos, períodos de descanso en los que las personas aprovechan para alejarse de las responsabilidades de cada día, y se cambian los hábitos rutinarios que se han adquirido día a día durante el resto del año. Se trata de un cambio de ritmo que no resulta agradable para todas las personas.
Al volver al trabajo se experimenta una sensación de disforia, en la que el individuo no está a gusto consigo mismo, con la tarea que realiza, no tiene ganas de emprender ninguna actividad, o de retomar la que realizaba antes de vacaciones. Todo esto puede llevarle a sufrir un estado depresivo transitorio.
Atención a los primeros síntomas
Los primeros días costará adaptarse al nuevo horario, por lo que se vive en un estado de somnolencia. Cuesta mucho concentrarse en una tarea, no se tiene ganas de nada y, encima, las horas se hacen interminables. Algunos de los síntomas físicos, pueden ser taquicardias, mareos, cefaleas o excesiva sudoración.
Entre los síntomas psicosomáticos están la ansiedad, intranquilidad, el estrés, la apatía, o el insomnio. El individuo se sume entonces en un estado de angustia, en el que no encuentra ninguna motivación para el trabajo.
A quiénes afecta
El grado en que puede afectar a cada persona depende de muchos factores, entre ellos su carácter personal, pero también el grado de satisfacción laboral que tenga. Al igual que hay niños a los que la vuelta al cole supone algo positivo, también hay adultos para los que las vacaciones suponen períodos de inactividad, y necesitan por tanto volver a ocupar sus horas.
A casi nadie le gusta volver a la rutina del trabajo o de las obligaciones diarias, pero entre esas persona hay grupos a los que la depresión post-vacacional puede afectar en mayor grado. Así, aquellos trabajadores cuya situación laboral no sea muy estable, pueden caer en estado depresivo, ya que su época de vacaciones la han pasado pendientes de su trabajo, y no han conseguido desconectar.
También es habitual que afecte a las personas cuya ocupación implique estar en contacto con otras personas, como maestros, médicos, funcionarios, etc. Pero no hay que olvidar que no afecta sólo a los trabajadores asalariados, sino que para las amas de casa también supone una ruptura; vuelve la monotonía del hogar.
Los niños después de vacaciones
Los niños también pueden sufrir este tipo de depresión post-vacacional, ya que son más sensibles al cambio que experimentan respecto de las vacaciones. Puede haber niños a los que la vuelta al colegio suponga un reencuentro con amigos, ocupar las horas, y estrenar cosas nuevas, después de que los últimos días de vacaciones se hayan aburrido, sin saber qué hacer, y con sus padres trabajando.
Pero para otros niños la vuelta al colegio puede suponer enfrentarse a situaciones incómodas, aceptar responsabilidades, pierden la libertad de la que disponían en vacaciones. No hay que preocuparse excesivamente, porque lo superan con rapidez.
CONSEJOS PARA EVITAR LA DEPRESIÓN POST-VACACIONAL
Este tipo de depresión aparece después de disfrutar de un período de desconexión, de descanso, así que el primer consejo será el de intentar desconectar verdaderamente del trabajo y de las obligaciones que se dejan atrás, y que esperan al regresar. Hay que valorar el tiempo de ocio de como tal.
Hay que plantearse nuevas metas y objetivos, para buscar un elemento de motivación no sólo en el ambiente laboral, sino también en tu tiempo personal. Se debe cambiar también la manera de trabajar, buscar nuevas rutinas, involucrarse en otros ámbitos, o ampliar la formación. Cualquier detalle será un toque nuevo de interés.
Aunque la vida laboral ocupe parte importante del tiempo, no hay que olvidarse de la vida personal de cada uno, y cuidar las relaciones personales. Resulta muy positivo organizar ese tiempo libre y realizar algunas actividades, ya sean deportivas, de ocio (manualidades, cine, teatro,...), o colaborar como voluntario con alguna asociación.
El trabajo debe ser una actividad que resulte gratificante para la persona como elemento de realización personal, o que al menos no cree angustia ni desesperanza. La máxima debe ser “trabajar para vivir”, y no “vivir para trabajar”. Para ello hay que respetar el horario de trabajo, y no realizar horas extras, porque a pesar del dinero que puedan suponer, también significan la privación de tiempo libre necesario para cada uno.
También es esencial dejar los problemas de trabajo en el lugar y horario de trabajo, no llevarlas a casa ni a las relaciones personales. Por tanto, tampoco habrá que cargar con trabajo en casa. El hogar debe ser lugar personal, y no laboral.
Ainara García
http://www.mundogar.com/ideas/ficha.asp?FN=4&ID=11365
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