Y si el mal que sientes viniera porque miras atras...
"Ni el futuro ni el pasado existen, y no se puede propiamente decir: hay tres
tiempo: pasado, presente y futuro; Más bien, en propiedad debería afirmarse: los
tiempos son tres: un presente de lo pasado, un presente de lo presente, un
presente de lo futuro. En efecto, estos tiempos son una especie de trinidad en
el Alma y yo no los veo fuera de ella, donde el presente de lo pasado es el
recuerdo, el presente de lo presente el momento, y el presente de lo porvenir la
espectativa "


San Agustín
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viernes, 21 de enero de 2011

Como para "no deprimirse"...

,,,

Epitafio encontrado en el cementerio Monte Parnaso de San Blas, S.B.

Escribió un drama: dijeron que se creía Shakespeare.
Escribió una novela: dijeron que se creía Proust.
Escribió un cuento: dijeron que se creía Chejov.
Escribió una carta: dijeron que se creía Lord Chesterfield.
Escribió un diario: dijeron que se creía Pavese.
Escribió una despedida: dijeron que se creía Cervantes.
Dejó de escribir: dijeron que se creía Rimbaud.
Escribió un epitafio: dijeron que se creía difunto.

Augusto Monterroso

sábado, 10 de octubre de 2009

Atención a la depresión Infantil

Que en ellos no siempre se muestra como en los jóvenes o adultos.
A veces la repentina reparación de rabietas, poca tolerancia, inapetencia, enuresis...Pueden estar indicándonos una depresión en los niños.
Lo mejor es que estar alerta en estos casos: observar,converzar con ellos.
Y a la menor duda, buscar un especialista.

En todo caso lo que sirve es recordar o saber que en los niños la depresión también es posible.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Terapia alternativa iraní

El azafrán, antídoto ideal para curar depresiones

El azafrán es eficaz en el tratamiento de la sintomatología de la depresión y ansiedad. Así lo demuestran varios estudios realizados recientemente por científicos de la Universidad de Ciencias Médicas de Teherán (Irán).

Las diferentes investigaciones demostraron que ayuda a reducir los cambios leves o moderados de humor, la irritabilidad, los estados de tristeza o euforia, la melancolía, las alteraciones cíclicas del estado de ánimo, la intranquilidad o desasosiego, la pérdida de ilusión por las cosas cotidianas, la pérdida de apetito y alteraciones del sueño.
Concretamente uno de los estudios mencionados, publicado recientemente en la prestigiosa revista científica 'Progreso en Neuropsicofarmacología & Psiquiatría Biológica', compara el principio activo del azafrán con la fluoxetina, utilizada en el 'Prozac' de Lilly.

Asimismo, un segundo estudio lo comparó con el uso de la imipramina en el tratamiento de la depresión leve a moderada, y también demostró su efectividad como terapia alternativa.
Este hallazgo ha sido aprovechado por el laboratorio Narval Pharma que, tras 6 años de estudios, ha conseguido sintetizar el primer complemento alimenticio a base de azafrán.

Así, el laboratorio venderá a partir de ahora, en farmacias y sin receta médica, 'Azafrán' como complemento nutricional, es decir como un producto nutracéutico con acción terapéutica.


3/2/2009

© Copyright 2008 Orange

miércoles, 28 de enero de 2009

Depresión y Duelo XV

El duelo
Podemos definir el duelo como una reacción o proceso emocional por el que atraviesa un sujeto ante la muerte de un ser querido.

YOLANDA BARBERÁN / MUJERACTUAL

Lo cierto es que cuando muere una persona muy cercana a nosotros esto nos genera estrés, pues bien, para atravesar este síndrome de adaptación surge el denominado período de duelo. El síntoma más característico tras la pérdida del ser querido y el más habitual es la tristeza, esto es algo perfectamente normal, siempre dentro de unos límites establecidos, pues una reacción excesivamente depresiva e intensa puede dar lugar a lo que se conoce con el nombre de duelo patológico.
Los pacientes de enfermedades terminales también sufren el proceso de duelo, pues sienten o sufren la vivencia de la perdida de sí mismos. El duelo atraviesa distintas fases desde que el individuo se entera de la enfermedad que padece hasta que la acepta o llega a su fin.

Fases del duelo
Fase de negación El paciente no admite la idea de la muerte, llegando a negar incluso la enfermedad diagnosticada por el médico.
Fase de ira El paciente admite la enfermedad, se da cuenta de que ésta avanza y no se cura. Es una fase de protesta y de resentimiento, el sujeto se pregunta ¿por qué ha tenido que tocarme a mi?. Se denomina fase de ira porque el paciente proyecta toda su ira en su entorno inmediato.
Fase de negociación El paciente ya ha aceptado la idea de la muerte y está dispuesto a cualquier cosa con tal de que su médico le ayude y le salve.
Fase de depresión Aparece cuando el paciente se da cuenta de que realmente se encuentra en la etapa final de su vida.
Fase de aceptación Suele aparecer al final de la vida, el paciente ya ha dejado de luchar, y aunque normalmente le acompaña un sentimiento de tristeza, también siente un inmenso deseo de paz y tranquilidad.
Estas son las cinco fases habituales del duelo, hay que mencionar que unas pueden ser más largas que otras e incluso existen pacientes o familiares que pueden saltarse alguna de ellas.

El duelo patológico En líneas muy generales podemos decir que el proceso de duelo oscila entre dos meses y un año, un período superior de tiempo ya sería considerado como duelo patológico. Éste suele caracterizarse por los siguientes síntomas:
Sentirse inútil y desamparado tras la perdida del ser querido. Sentirse culpable por la herencia recibida de la persona fallecida. Tener pensamientos obsesivos con la muerte, como deseos de morir. Tener experiencias alucinatorias con el fallecido, como sentir su voz o incluso ver su imagen (aunque sea de manera fugaz). Aferrarse a la idea de que la persona fallecida aún permanece entre los vivos de forma obsesiva y permanente, negando la realidad o no queriendo aceptar la idea de que el ser querido ha muerto.

Lamentablemente existen personas con tendencia a culpabilizarse inconscientemente y que reaccionan ante la pérdida con autoreproches excesivos e injustificados. En estos casos el duelo patológico puede prolongarse durante años, e incluso no llegar a concluir.

© MUJERACTUAL.COM Copyright Área Internet S.L.U

Depresión y Duelo XIII

"Pérdida, pena y duelo" de Jorge L. Tizón, Ed. Paidós.
FUENTE: PSIQUIATRIA.COM. 2004;:14-OCTUBRE.
[noticias] [14/10/2004]

¿Por qué sufrimos tanto cuando perdemos a un padre, una madre, un hermano, una pareja, una aspiración o un ideal? Es más, ¿vale la pena tanto sufrimiento? ¿Ayuda al crecimiento, al desarrollo, a la vinculación entre los seres humanos? ¿O más bien es un sufrimiento inútil, que hay que acortar, reducir, desviar o eliminar? ¿Y qué repercusiones tiene ese sufrimiento sobre el desarrollo de los niños, los adultos, las familias y las sociedades? Por ejemplo: ¿qué repercusiones pueden tener las pérdidas afectivas de las migraciones, o las muertes continuadas en catástrofes, guerras, terrorismo, genocidios? El primer objetivo de esta obra es ayudarnos a reflexionar sobre la importancia de esos temas. Una importancia crucial no tan sólo para los individuos directamente afectados, para los deudos, sino también para sus allegados y sus sociedades. Tanto la creatividad humana como la psicopatología están vinculadas con tales procesos y situaciones. ¿Qué podemos hacer como congéneres, como familiares, como allegados o como conocidos por ayudar a los seres que están sufriendo esos procesos? ¿Cómo pueden ayudar los profesionales a los niños y adultos que han perdido seres, objetos o ideales significativos para ellos? ¿Qué decir, qué hacer, cómo hablarles, cómo tratarles? Proporcionar ideas al respecto es el segundo objetivo general de este libro. Jorge L. Tizón es psiquiatra, psicólogo y psicoanalista. También es profesor de los Máster de Psicopatología y Psicoterapia del Instituto de Salud Mental de la Fundació Vidal i Barraquer (Universidad Ramon Llull), donde imparte la asignatura Duelo y Psicopatología. Entre sus libros más conocidos se hallan Apuntes para una psicología basada en la relación, Componentes psicológicos de la práctica médica, Protocolos y programas elementales para la atención primaria a la salud mental y Migraciones y salud mental.

http://www.psiquiatria.com/noticias/depresion/diagnostico/19440/?

Depresión y Duelo XII

Pérdidas, duelo y pena

Otro grupo de conceptos de utilidad especial en la ayuda de situaciones de tragedias y muertes consiste en los de pérdida, duelo y pena. Los últimos dos casi siempre hacen referencia a la reacción que produce la pérdida, en especial si se trata de la muerte de alguien importante en la vida emocional de la persona. El análisis de la pérdida suele enfocarse en la muerte, pero puede abarcar la destrucción de bienes materiales o el desempleo repentino; la disfunción física, social o psicológica, o la separación respecto de los seres amados. El duelo y pena, por lo tanto, son procesos emocionales que se derivan de la experiencia de pérdida, de manera que los afectados suelen experimentar un proceso de duelo y pena.

Entre muchos otros profesionales, Kübler-Ross ha llamado la atención acerca de la muerte y la reacción psicológica a la misma. Los individuos que enfrentan la inminencia de su propia muerte o la de personas cercanas a ellos pasan por un proceso de cinco etapas: negación, ira, negociación, depresión y aceptación (Kübler-Ross, 1976). Se ha dicho que estas etapas no siempre ocurren y que tampoco lo hacen invariablemente en un orden específico; antes bien, las etapas que ocurran y su orden están sujetos a influencia importante de la personalidad y actitud general de la persona hacia la vida (Scheidman, 1976).

Los procesos de duelo y pena, a veces denominados conjuntamente con el término luto, abarcan elementos cognoscitivos y es frecuente que se expresen mediante síntomas físicos y psicológicos. Se inician con el reconocimiento y aceptación de la pérdida. El individuo necesita aceptar la realidad no sólo intelectual sino también emocional mente. Cuando sólo ocurre la aceptación intelectual, las probabilidades de inadaptación emocional son mayores. El proceso de duelo hace que la persona pase sucesivamente por los estados de choque emocional, aflicción aguda y resignación. En el camino, suele padecer molestias físicas o volverse más suceptible a las enfermedades; quizá se retraiga y se vuelva apático, es factible que exprese mayor hostilidad hacia los demás o puede aislarse por completo (Lindemann, 1944).

La descripción de la conducta de luto de las víctimas después del incendio del club nocturno Coconut Grove de Boston, en 1942, muestra muchos aspectos de la conducta que se advierte en los refugios y viviendas temporales después de un desastre que origina pérdidas considerables. Por ejemplo, una reacción predominante es la defensa intensa de la negación, es decir, las víctimas parecen preocuparse por actividades o conversaciones que no abarcan la mención de la pérdida sufrida. Esta reacción tardía al parecer facilita la resolución de emociones incontrolables. Otro ejemplo es el siguiente:
La conducta de la señora S., mujer de 29 años que perdió a su prometido un mes antes de casarse, ejemplifica la reacción tardía de defensa. Un temblor de tierra hizo que cayera un techo y diera muerte a su futuro esposo. La víctima se convirtió en ayudante de la enfermera en jefe del refugio en el área de desastre y se ocupó de mantener en orden la farmacia. Movía los frascos y recipientes de píldoras de una repisa a otra, ordenaba los suministros de primeros auxilios y hacía largas listas de los artículos que se tenían en existencia y los que era necesario reponer. Cualquier mención de su prometido hacia que volteara la cabeza y cambiara el tema; no expresaba signo emocional alguno de su estrés. o tristeza. Sin embargo, tres semanas después fue vista, deprimida y agitada, en un centro de atención de crisis. Había disminuido de peso, no podía dormir y tenía ideas paranoides leves. Con la orientación adecuada, pudo iniciar la aceptación de su pérdida, los sentimientos ambivalentes que tenía hacia su prometido y la ira que le habla provocado esta experiencia.

Otro autor, Peter Marris, ha descrito estos procesos en forma un tanto diferente. Considera el duelo como la expresión social del luto, que usualmente se manifiesta en los hábitos o rituales religiosos. Describe la pena como la sensación de conflicto intenso entre impulsos contradictorios: la necesidad de conservar todo lo valioso e importante del pasado y al mismo tiempo la de comenzar una vida nueva, aceptando la pérdida sufrida. Si el proceso de pena se interrumpe con demasiada prontitud en la búsqueda de reajuste y reintegración inmediatos, o si se continúa en forma interminable con una preocupación incesante por lo perdido, el doliente quizá nunca se recupere emocionalmente. La pena se domina al abstraer lo que reviste importancia fundamental en el sujeto o persona perdida y después enfrentar la vida y aceptar la nueva realidad (Marris, 1975).

Por lo general, se admite que la pena es un proceso que se inicia con tristeza, temor, angustia e ira; se continúa con dolor y desesperación, y usualmente termina con confianza y esperanza renovadas. Estas fases expresan la necesidad de recuperar el vínculo con la persona o el objeto perdidos, incluyen desorganización personal y desequilibrios emocionales, y concluyen con la reorganización y adaptación (Bowlby, 1961). Cuando se pierde a una persona con la que se tenía un vínculo íntimo, la naturaleza, gravedad y resultado del proceso de pena dependen de muchos factores. Entre éstos, se incluyen la relación que había con la persona perdida; la personalidad, estado de salud y edad del doliente, y su situación social y económica al momento de ocurrir la pérdida (Gut, 1974).

Como se señaló, el duelo y la pena pueden relacionarse con otras pérdidas, además de las derivadas del fallecimiento de una persona. También suele haber una sensación de pérdida como resultado de la incapacidad para lograr objetivos o conservar la libertad o independencia, altamente valoradas. Los sentimientos resultantes de desilusión, privación o fracaso generan fuerzas dinámicas con consecuencias de importancia. Estas suelen contribuir a estados patológicos y afectar los logros de la persona. En este sentido, la pérdida también origina algún tipo de duelo o pena. Por ejemplo, un anciano puede experimentar una sensación intensa de pérdida como resultado de la disminución de su funcionamiento fisiológico en forma relacionada con la edad (Rochlin, 1965).

La pérdida repentina por desintegración o reubicación de familias también origina un proceso de pena y angustia intensa. Un autor señaló que un proyecto de reconstrucción de barrios bajos en Nigeria hizo que las familias sintieran que habían perdido el ambiente conocido de sus barrios y las relaciones sociales que habían trabado a lo largo de los años. La pena fue una reacción común en las personas afectadas (Marris, 1975). Fried hace un señalamiento similar con relación a la ciudad de Boston, donde un grupo de damnificados italoestadounidenses lamentó la pérdida de sus hogares, barrios y vínculos sociales. La familiaridad y estructura de tales vínculos pocas veces se reestablece en un medio nuevo y desconocido, de modo que las personas reubicadas muestran diversos síntomas, incluidos los de ira, sensación de impotencia, trastornos somáticos y tendencia a idealizar la vivienda perdida (Fried, 1963).

Es lógico suponer que todos los damnificados experimentan pérdidas en grado variable. Por supuesto, las más graves consisten en la pérdida de seres amados. El duelo y la pena por esta pérdida se complica con el efecto caótico del desastre, que puede incluir las pérdidas adicionales por destrucción de bienes materiales, reubicación en otra zona y desempleo. Muchos desastres no originan muertes numerosas pero si privan a los damnificados de sus hogares, recuerdos, barrio y fuente de ingresos. En tales casos, cabe esperar que las personas experimenten una sensación profunda de pérdida, que origina el proceso de duelo y pena. Esto se agrava con el saqueo y el vandalismo que suelen seguir al desastre.

http://www.emocionol.com/perdidaduelopena.htm

Depresión y Duelo XI

Cuando los padres se van: un desafío duro para los mayores de 40

Este tipo de sucesos suele afectar muy profundamente a los hijos adultos y, aunque es parte del ciclo de la vida, nadie puede resolverlo sin pasar por un periodo de duelo y tristeza, contando con el apoyo de los seres queridos. Según una investigación reciente, la muerte de los padres es la pérdida de un familiar más frecuente, teniendo en cuenta que cada año el 5% de la población mundial pierde a uno de sus padres y la mayoría de ellos (los hijos) tienen entre 35 y 55 años.
Estas son las personas que sufren hoy el duelo por la pérdida de sus padres...¿Pero por qué se dice que ellos sufren más de lo que se sufría en otras épocas?
La respuesta es que la expectativa de vida es mucho más amplia que en décadas pasadas. Los hijos coinciden mucho más con sus padres y viven muchas más cosas juntos, se relacionan con mayor intimidad
La forma de conocerse y tratarse ha cambiado mucho, y el afecto comenzó a evidenciarse con mucha más claridad. Antes de la década del `40, existía mucho respeto entre padres e hijos y las cosas eran diferentes.
Hoy en día, los padres ya no viven con sus hijos adultos y, a diferencia de generaciones pasadas, no necesariamente viven cerca. Muchos nietos pueden ver a sus abuelos sólo una vez o dos al año, y no una o dos veces a la semana.
En general, son las mujeres quienes tratan de mantener los vínculos familiares más fuertes, incluso cuando deben trabajar fuera de casa.
Muchas veces, el tan necesario apoyo de parientes, amigos o compañeros de trabajo no está ahí cuando se lo necesita.

En general, la gente suelen menospreciar el sufrimiento ajeno por la pérdida de un padre anciano: “ya era viejo”, “es la ley de la vida”, “¿y qué esperabas”, como si eso hiciera disminuir el dolor del hijo. Y no se puede dar apoyo a alguien cuyo sufrimiento no queremos ver.
Mucha gente, por otro lado, restan importancia a sus padres ancianos en sus vidas, olvidándose de quienes son y hasta incluso de qué necesitan. La cercanía de la muerte no significa mucho, hasta que llega.

Muchos estudiosos del tema, aseguran que el motivo por el cual no se le da toda la importancia al fallecimiento de los padres es porque la expectativa social es que ellos se vayan antes, diferente de quien sufre la perdida de un hijo, una pareja o un hermano. El mandato social parece ser: “es lo normal, recuperate rápido que no tienes derecho a sufrir por esto”.

En general, las personas de entre 35 y 55, no dejan de trabajar una semana por la muerte de sus padres, y este es un fenómeno que muchos fundamentan en las obligaciones que individuos de esa edad, tienen con sus hijos y resto de la familia, y también en que la sociedad no le otorga la misma importancia a la pérdida de un padre anciano que a la de otro familiar cercano. En otras palabras, parece no tener derecho a acongojarse y pasar por un periodo de duelo.
Es en ese momento, en que se nota la importancia de los amigos y familiares. Cuando la persona está profundamente dolida y no tiene el tiempo necesario para superarlo en soledad.

Otros, en cambio, eligen ampararse en la fe y otros se “tragan” todos sus sentimientos y sufren en silencio. En algunos casos, pueden incluso desencadenarse cuadros severos como una depresión.
Sea como sea, se reconozca o no, nunca dejamos de ser hijos de nuestros padres, tengamos la edad que tengamos.

http://www.enplenitud.com/nota.asp?articuloID=1816

Depresión y Duelo X

Lo perecedero: el duelo y el tiempo
“El historiador griego Heródoto nos refiere que Jerjes, el emperador persa, lloró luego de revisar a su inmenso ejército expedicionario, al darse cuenta que ni uno solo de sus miembros estaría con vida cien años más tarde”. Autor: Fredy R. Aquize Recuerdo que este párrafo me había causado impresión siendo yo adolescente, imaginaba al emperador llorando por la irrespetuosidad del tiempo, un emperador no merecería acatar al mandato de que todo es perecedero, supongo que pensaría eso, porque su poder en cien años no sería nada.
A este recuerdo me llevó otra lectura posterior, “Lo Perecedero” de Sigmund Freud, el creador del psicoanálisis cuenta que lo acompañaba un joven poeta admirador de la belleza que ofrecía la naturaleza, pero en vez de disfrutar de esa belleza que lo circundaba, se preocupaba por que esa belleza estaba condenada a desaparecer en el invierno, igual que toda belleza humana, y todo lo bello y noble que el hombre haya creado y pudiese crear estaba condenada a desaparecer, (vemos que le sucede lo mismo que al emperador Jerjes) y luego agrega Freud, cuanto habría amado y admirado, de no mediar esta circunstancia (ser perenne), parecíale carente de valor por el destino de perecer a que estaba condenado.
Freud niega ante el poeta que el carácter perecedero de lo bello involucrase su desvalorización, al contrario la cualidad de ser perecedero incrementa su valor, las limitadas posibilidades de gozarlo lo tornan mas precioso.
Freud sigue argumentando, llegue una época en la cual queden reducidos a polvo los cuadros y las estatuas que hoy admiramos; sucédanos una generación de seres que ya no comprendan las obras de nuestros poetas y pensadores; ocurra aun una era geológica que vea enmudecida toda vida en la tierra..., no importa; el valor de cuanto bello y perfecto existe sólo reside en su importancia para nuestra percepción; no es menester que la sobreviva y, en consecuencia, es independiente de su perduración en el tiempo.

Pero este discurso no convencía al poeta, por eso dice Freud que una rebelión psíquica contra la aflicción, contra el duelo por algo perdido, debe haber malogrado el goce de lo bello. Mas adelante dice Freud: Así imaginamos poseer cierta cuantía de capacidad amorosa -llamada libido- que al comienzo de la evolución se orientó hacía el propio yo para más tarde -aunque en realidad muy precozmente- dirigirse a los objetos, que de tal suerte quedan en cierto modo incluidos en nuestro yo.
Si los objetos son destruidos o los perdemos, nuestra capacidad amorosa (libido) vuelve a quedar en libertad y puede tomar otros objetos como sustitutos, o bien retornar transitoriamente al yo.
Sin embargo, no logramos explicarnos porque este desprendimiento de la libido de sus objetos debe ser , necesariamente un proceso tan doloroso. Solo comprobamos que la libido se aferra a sus objetos que ni siquiera cuando ya dispone de nuevos sucedáneos se resigna a desprenderse de los objetos que ha perdido.

He aquí, pues, el duelo.
Sabemos que el duelo, por más doloroso que sea, se consume espontáneamente.
Una vez que haya renunciado a todo lo perdido se habrá agotado por sí mismo y nuestra libido quedará nuevamente en libertad de sustituir los objetos perdidos por otros nuevos, posiblemente tanto o más valiosos que aquéllos, siempre que aún seamos lo suficientemente jóvenes y que conservemos nuestra vitalidad.
Pensando en el emperador Jerjes y en el poeta del que habla Freud, el ejército estaba bajo el mando del emperador y la belleza de la naturaleza se ofrecía al poeta y sin embargo malograban el goce de esa circunstancia pensando en lo que aún no sucedió, la pérdida.
Y este es el punto a señalar, la incapacidad para gozar ( que luego de un duelo normal se puede retomar), una inhibición que tiñe la vida de pensamientos tristes y desvalorización de uno mismo que incapacita a amar y producir, puede sostenerse largamente en la vida.
Es aquí donde bajo la forma de una pregunta, de porqué sólo aparece el sufrir en nuestras vidas, y los momentos felices no se dan, porqué la vida para ciertas personas es un largo duelo, o mejor dicho se padece de melancolía, a partir de un cuestionamiento o un padecer no soportable suele empezar el camino de una terapia , que entre otras cosas facilita a aceptar lo perecedero para poder disfrutar lo que se nos ofrece.

Volviendo a la impresión que me produjo el llanto del emperador ante lo inevitable de la muerte, de lo perecedero, tal vez la raíz de esa impresión estaba en el ciclo vital que estaba viviendo, la adolescencia, donde la infancia estaba siendo abandonada, estaba siendo perenne, para vivir otra etapa de transición a la adultez.

http://www.enplenitud.com/nota.asp?articuloID=803

Depresión y Duelo IX

Cuando un compañero de trabajo sufre una perdida...
Sufrimiento en el trabajo
El atareado ambiente de trabajo de hoy en día ha creado un enlace comunitario único. Dentro del lugar de trabajo, las vidas se entremezclan - cuando las enfermedades serias, la muerte o aún la pérdida de algún ser querido le ocurren a un compañero de trabajo, pueden tener un efecto devastador en todo el lugar de trabajo.

Cuando un compañero de Trabajo Sufre una Pérdida
Con frecuencia, un compañero de trabajo experimentará la pérdida de alguien cercano - un padre, abuelo, esposo, compañero o aún de un niño. Cuando un compañero de trabajo está afligido puede ser una situación incómoda: no saber qué decir, qué a hacer o cómo ayudar.
Las palabras simples significan mucho. Cuando alguien ha sufrido una pérdida, es mejor evitar las frases que restan importancia de la pérdida, " yo sé cómo se siente usted, " "es la voluntad de Dios, " o " usted lo superará." Mucho más consoladoras y provechosas son las frases que demuestran sincero interés tales como, " estoy apenado de saber de su pérdida, " o tan solo, " lo siento. " Si usted conocía al difunto, un simple recuerdo compartido puede significar tanto.
Cuando alguien pierde un ser querido, sus emociones pueden ser imprevisibles. La depresión, la cólera, la mente ausente y el agotamiento son aspectos normales y propios de la pena. El ser comprensivo y dar apoyo durante estas épocas es la mejor manera en que usted puede ayudar.
Su compañero de trabajo puede desear hablar de su pérdida. Ésta es una manera de crear un recuerdo sano de su ser querido y una parte importante del proceso curativo. Escuche pacientemente si le es posible pero fije límites en caso de necesidad, por ejemplo sugiera hablar durante la hora del almuerzo o después de trabajo, para evitar descuidar sus obligaciones.

La pena de cada uno es única y no hay límite de tiempo establecido sobre cuánto tiempo la gente estará afligida. El proceso de la pena toma a menudo meses, incluso años. Sea paciente.
Si la persona afligida continúa experimentando insomnio, depresión o habla de suicidio, usted debe alertar a su supervisor. Se enumeran abajo solo algunos de los signos de problemas:
Repetidas y frecuentes ausencias Dramáticos cambios en los hábitos de trabajo Fatiga extrema Cambios notables de peso Abuso de sustancias Reducción de la productividad
Cuando un Compañero de Trabajo Enferma Gravemente
La enfermedad grave o la muerte de un compañero de trabajo afecta a casi todos los que han tenido contacto con él o ella. Su enfermedad y/o muerte pueden afectar cómo nos sentimos sobre nuestras propias vidas, nuestro trabajo e incluso nuestros miedos sobre la muerte y sobre morir. Pocos son indiferentes, afectando tanto la dinámica y como la productividad del centro de trabajo.
Una actitud considerada y compasiva es contagiosa. Consulte con su supervisor para ver si se puede idear un plan coordinado de ayuda. Si usted tiene sentimientos de resentimiento o cólera, el ayudar de una cierta manera puede disiparlos.
Recuerde que mantener un diálogo abierto con su supervisor es extremadamente importante durante este tiempo. Su supervisor puede no estar enterado del esfuerzo adicional que las demás personas están haciendo durante la enfermedad.
Es probable que el trabajo adicional y la tensión agregada puedan afectar no solamente su productividad, sino también los de sus otros compañeros de trabajo. Su supervisor debe ser informado de la situación, permitiendo que compartan la carga y posiblemente brindando algo de recursos adicionales según sea necesario.
El mantener su relación con el compañero de trabajo afectado puede ser extremadamente incómodo al principio. La enfermedad grave de un compañero de trabajo nos trae a menudo cara a cara con nuestra propia mortalidad.
Es una reacción natural el evitar el contacto. Es también importante, para su bienestar así como el de su compañero de trabajo, mantener las cosas lo más cerca de lo normal que sea posible. Compartir los asuntos de la oficina y las noticias del personal permite que todos mantengan esa conexión.

Cuando un Compañero de Trabajo Fallece
El trauma de perder a alguien cerca de nosotros puede ser una experiencia devastadora. La pena es la reacción natural y necesaria ante esta pérdida. Es importante que usted se dé un tiempo de duelo - importante período para absorber su pérdida y período para curar. Dentro de un ambiente de trabajo, habrá muchos individuos, cada uno doliéndose a su propia manera.
Usted u otros dentro de su organización pueden experimentar depresión, mente ausente, cólera o aún una reducción significativa en productividad. Cada uno de estas sensaciones es una parte normal del proceso de aflicción. Algunos pueden desear hablar de los difuntos mientras que otros pueden guardárselo para sí mismos. Es importante recordar que nadie hace duelo exactamente de la misma manera. Y, no hay realmente una manera correcta o incorrecta siempre y cuando sea curativo.
Sin embargo, períodos extensos o de empeoramiento de la depresión o una reducción dramática en su desempeño pueden ser una señal de que se necesita ayuda para hacer frente a la pérdida con eficacia. Si ocurre esto, un profesional, entrenado en el manejo de la pena, puede ayudar.
El hecho de darle a usted y a sus compañeros de trabajo un tiempo de duelo es una parte importante del proceso curativo. A menudo, los recordatorios especiales en el centro de trabajo u otras actividades pueden facilitar el proceso. Se enumeran abajo algunas actividades para hacer frente a pérdidas en el lugar de trabajo:
El organizar una colecta con otros compañeros de trabajo El crear una pizarra conmemorativa El crear un libro de memorias para la familia El realizar un servicio conmemorativo privado solo para la oficina El asistir a los servicios funerales o recordatorios
Aunque la muerte es una parte normal del ciclo vital, esta toca la misma base de nuestro ser y respondemos en una variedad de maneras. El choque, la negación, la cólera, la culpabilidad, la ansiedad, el insomnio, el agotamiento, la tristeza abrumadora y la dificultad para concentrarse son reacciones muy reales y muy propias de la pena que estamos sintiendo.

El proceso de duelo puede tomar a menudo semanas, meses, o aún años. Sin embargo, el reconocimiento y el entendimiento de estos síntomas pueden ayudarle y a los que le rodean a hacer frente de una manera positiva - dando por resultado nuevas fuerzas, ideales y relaciones.

Notas para el Gerente
Como persona responsable de mantener un ambiente sano, de trabajo productivo, sus acciones y actitud son particularmente críticas cuando una enfermedad grave o la muerte ocurren dentro del lugar de trabajo.
El mantener la comunicación abierta y el trabajar con todos los afectados ser flexible y atento a través de la prueba dura facilitarán el proceso de absorción natural y ayudarán en la curación. El entender el proceso, los síntomas y señales de la pena le ayudarán a manejar un momento difícil, manteniendo al mínimo el impacto a largo plazo en la compañía.

http://www.hospicemsl.org/spanish/spanish3.htm

Depresión y Duelo VIII

Sobre el Cómo Ayudarnos y Ayudar a Otros a Enfrentar la Muerte de un Ser Querido
Biblioteca Básica de Tanatología
"En ninguna otra situación como en el duelo, el dolor producido es TOTAL: es un dolor biológico (duele el cuerpo), psicológico (duele la personalidad), social (duele la sociedad y su forma de ser), familiar (nos duele el dolor de otros) y espiritual (duele el alma). En la pérdida de un ser querido duele el pasado, el presente y especialmente el futuro. Toda la vida, en su conjunto, duele" (J. Montoya Carrasquilla (1998)
Aunque la experiencia de la pérdida de una persona amada es parte inevitable de la vida adulta, aunque la probabilidad de tal pérdida aumenta cuando el individuo se envejece o cuando se vive en zonas de mucha violencia, aun cuando sabemos que es una experiencia traumática y muy dolorosa, TODOS SABEMOS QUE PERDER UN SER QUERIDO ES UNA DE LAS TRAGEDIAS MÁS GRAVES QUE PUEDEN SUCEDERNOS

: ¿Cuáles han de ser las primeras palabras que hay que decirles a los deudos en el momento de la pérdida? No hay palabras, hay acciones: ESTOY AQUÍ Y SEGUIRÉ AQUÍ
1. Recuerde que el duelo es un "asunto de familia" y es allí donde debe intentar resolverse.
2. Puesto que el duelo no se resuelve con la razón ni con la inteligencia, sino con el corazón, no trate de pensar tanto o razonar cómo tiene que recuperarse: lo que debe hacer es sentir y expresar su dolor.
3. Aunque nuestra capacidad de comprensión en la fase inicial del duelo suele estar alterada, nuestra memoria visual y auditiva suelen estar bien conservadas. Durante esta fase somos hipersensibles a la comunicación infraverbal.
4. El dolor del duelo no se mide en tiempo cronológico, sino en tiempo subjetivo: "aunque hallan pasado 6 meses mi dolor es de ayer". Esto es así especialmente en el primer año de la pérdida.
5. El dolor no envejece ni desaparece, se adormece, se hincha por tiempos o momentos y cambia de color. Es más, siempre conserva un color.
6. Es un dolor agudo/crónico que no tiene perspectiva de mejoría a corto plazo.
7. El duelo y la Curva del dolor: La angustia inicial es intensa, predomina sobre el dolor, y va disminuyendo progresivamente. Por el contrario, el dolor inicial, presente, no se ve (lo oculta la angustia) y va apareciendo a medida que va disminuyendo la angustia. Es decir, el dolor siempre está, pero no aparece (no se deja ver) hasta después. Por otra parte, al principio hay mucha compañía, después no, justo cuando el dolor se deja ver completamente. A veces se asocia cierta "alodinia existencial" ("me duele hasta el propio aire").
8. El duelo absorbe la mayor parte de nuestra energía y cualquier cosa que nos quite energía será molesta e irritante. Así pues, nuestro nivel de tolerancia disminuye. Esto hace parte de la "economía del duelo" a que nos vemos sujetos tras la pérdida de un ser querido.
9. Cuanto más corto es el ritual más complicado suele ser el duelo.
10. Para recuperarnos es preciso curar el dolor (los distintos tipos de dolor) y recuperar nuestro mundo (en sus tres grandes esferas). Estas son las 2 grandes tareas del duelo.
11. La pérdida de sentido de la vida, de la realidad y la fractura de nuestra personalidad nos obligan a "compensar", magnificando, inflando o maximizando lo que queda de cada una de ellas. Muchas veces no es más que darles o devolverles su valor real.
12. No reprima los sentimientos, más bien articúlelos en palabras (hablar), en papel (escribir), en sonidos (gritar o cantar) o con el ejercicio físico.
13. En relación con las reacciones de aniversario, duele antes, durante y después, si bien uno se prepara es para el "durante" y se abandona el antes (la dolorosa anticipación) y el después (las "agujetas" o "molimiento").
14. El hablar, como terapia de duelo, me permite: Reconocer la realidad de lo sucedido, descargar dolor, establecer los primeros pasos para un cambio en la relación (hablar en pasado y no en presente, cambiar de relación física a simbólica) y extender mi red social de apoyo.
15. La Regla de los 30´s: Contabilidad desde que murieron, mes por mes (de 30 en 30). Se cuentan los días sin y los días de dolor (los días de sufrimiento)
Las "Rs" de la rehabilitación para las reacciones de aniversario y otras fechas significativas son:

REUNIRSE
Reunirnos con la familia, amigos y otros seres queridos, recordando que el duelo es un asunto de familia, un momento de unión y comunión.
REPASAR (RUMIAR)
Repasar, preferentemente en familia, lo vivido, lo sucedido desde el fallecimiento y todos los hechos que condujeron a la pérdida, así como los logros alcanzados hasta este momento.
REFLEXIONAR
Reflexionar sobre lo sucedido, lo perdido, lo alcanzado, lo que nos espera, lo que pensamos, las decepciones y las sorpresas y sobre lo conseguido.
RECONCILIARSE
Reconciliarnos con el pasado y el presente, con lo hecho y no hecho, con nosotros mismos y con los demás.
REPOSAR
Descansar nuestra afligida existencia, mimarnos y cuidarnos física y psíquicamente es una parte esencial del proceso de recuperación.
RITUALIZAR
Establecer un ritual u homenaje familiar de recuerdo para con el ser querido fallecido es una estrategia muy útil para nuestra recuperación.
REZAR
Rezar alguna oración, frase, poema u otra oración significativa con el culto que se profesa.
REÍRSE
El buen sentido del humor es una excelente medicina para el espíritu (aunque conocemos los efectos de la risa, debemos ser sensibles al humor de los demás y tener las debidas consideraciones de respeto).

ayuda on line: montedeoya@epm.net.co <montedeoya@epm.net.co>

http://www.homestead.com/montedeoya/duelos.html

Depresión y Duelo VII

CÓMO AYUDAR A ALGUIEN QUE HA PERDIDOUN SER QUERIDO
Alain Giacchi

Si quieres acompañar a un familiar o amigo que ha perdido un ser querido, y no sabes cómo hacerlo, te proponemos una serie de senderos o indicaciones sobre la mejor manera de ayudarle.

Evitar las frases hechas
La incomodidad nos mueve a recurrir a expresiones que no ayudan para nada: “Tienes que olvidar”, "Mejor así, dejó de sufrir”, "El tiempo todo lo cura", “Manténte fuerte por los niños”, "es la voluntad de Dios", "Es ley de vida"…Lo que más necesitan al principio es hablar y llorar. No decirle que tiene que sobreponerse, ya lo hará a su tiempo.Si no sabes que decir, no digas nada. Escucha, estate presente, sin pensar que tienes que dar consejos constantemente o estar levantando el ánimo.
Si no sabes que hacer, colaborar en algunas tareas cotidianas o ayudar en el papeleo, puede ser una buena manera de ayudarlo/a.
Tener en cuenta las actitudes que no ayudan
No le digas que le comprendes si no has pasado por una situación similar.
No intentes buscar una justificación a lo que ha ocurrido.
No te empeñes en animarle/a o tranquilizarle/a. Posiblemente lo que necesita sólo es que le escuches.
No le quites importancia a lo que ha sucedido hablándole de lo que todavía le queda.
No intentes hacerle ver las ventajas de una nueva etapa en su vida. No es el momento.

Dejar que se desahogue
Sentir y expresar el dolor, la tristeza, la rabia, el miedo…por la muerte de un ser querido, es el ÚNICO camino que existe para cerrar y curar la herida por la pérdida.
Estás equivocado/a si piensas verle o dejarle llorar y emocionarse, no sirve más que para añadir más dolor al dolor.
Estas equivocado/a si crees que ayudar a alguien que sufre es distraerle de su dolor. Mediante la vivencia y expresión de los sentimientos, la persona en duelo se siente aliviada y liberada.A veces, podemos cortar las emociones del otro para protegernos de las nuestras.
No temas nombrar y hablar de la persona fallecida por miedo a que se emocione. Si llora, no tienes que decir o hacer nada especial, lo que más necesita en esos momentos es tu presencia, tu cercanía, tu compañía y tu afecto.
No temas tu mismo llorar o emocionarte. No hay nada malo en mostrar tu pena, en mostrar que a ti también te afecta lo que ha pasado, en mostrar que te duele ver a tu amigo/a o familiar en esa situación.
Permitir que hable del ser querido que ha muerto
Permitir que hable todo el tiempo y todas las veces que lo necesite.
Una pareja de padres expresaba su pesar con estas palabras: “Los parientes y los amigos rehuyen hablar o pronunciar el nombre de nuestra hija, desviando la conversación hacia cualquier otro tema. Tal vez tengan miedo de alterarnos o hacernos llorar. Pero, ¿qué pretenden? ¿qué la olvidemos o que no lloremos más?"
Comparte con tu familiar o amigo/a recuerdos de la persona fallecida (ver fotos, contar anécdotas...)Recordar a la persona amada es un consuelo para los supervivientes. Repetir y evocar los recuerdos es parte del camino que tienen que recorrer para sanar su herida.Respetar también su necesidad de no hablar

Mantener el contacto
Una viuda se lamentaba: "había más de 400 personas en el funeral de mi marido. Entonces se ofrecieron muchos para ayudarme. ¿Dónde están ahora, después de tres meses?"El contacto puede mantenerse de muchas maneras. Puedes hacerle una visita, quedar para tomar un café o dar un paseo, enviar una carta o un email. Con una llamada telefónica, por ejemplo, puedes romper su soledad y recordarle que no está solo/a, que alguien está pensando en él o ella.
Las fiestas y aniversarios son momentos particularmente dolorosos en los que podemos hacer un esfuerzo especial para estar cerca de la persona en duelo.

Depresión y Duelo VI

El trabajo del duelo como elaboración de una pérdida
Ultima Parte
Siempre que sienta que algo se le ha salido de las manos, a usted o a otro cercano, acuda sin temor a un profesional en Salud Mental.

Mitos y realidades
Mito:
La persona que ha perdido a una ser querido en un accidente o situación similar no debe saber acerca de los detalles del acontecimiento. Tampoco es conveniente que vea su cuerpo o alguna evidencia clara que indique la certeza de su partida o muerte.
Realidad: Saber acerca de los detalles que implicaron la desaparición de alguien cercano permite aceptar la realidad de su ausencia, ya que que la persona entiende las circunstancias y recrea mentalmente la situación. La confusión y falta de información permiten que se elaboren toda clase de hipótesis y fantasías falsas sobre la circunstancia.

Mito: Cuando una persona se demuestra rabia, dolor y desesperanza, y además cree ver a la persona que se ha ido, se encuentra cercana a la locura o a sufrir una depresión crónica.
Realidad: La expresión de tales sentimientos resulta adecuada ya que permite que se procese la pérdida. Aunque estas manifestaciones aparezcan excesivas para algunos, no son siempre indicadores de que la persona desarrollará un problema mental grave. No obstante resulta conveniente permanecer alerta frente a señales que muestren una alteración en el proceso de elaboración del duelo.

Mito: La intensidad y duración de los afectos asociados al trabajo del duelo son directamente proporcionales al cariño que se le tenía a la persona que se ha ido. Es decir, entre más cariño se sentía por la persona, más traumático, doloroso y largo debe ser el proceso.
Realidad: El trabajo del duelo es una experiencia individual que depende de las características de cada persona, del significado que para cada uno tenía el objeto que se ha ido, de aspectos sociales y culturales, etc. Lo anterior implica que no hay reglas para determinar el camino ni la duración del proceso de duelo. Los resultados de los estudios son tan solo aproximaciones que intentan explicar un fenómeno humano, tan cambiante como el hombre mismo.

Mito: Cuando la persona o situación se aleja o desaparece se pierde para siempre su recuerdo y no queda nada de ella.
Realidad: Cuando un ser querido se aleja o muere, permanecen en la mente de las personas recuerdos e imágenes que podrán ser recordadas eventualmente. Aunque la relación con el objeto no permanece igual, debido al retiro de energía psíquica realizado durante el proceso del duelo, es posible apreciar que las representaciones no desaparecen y más bien permanecen "dormidas" en la mente, para volver a despertar en la forma de recuerdos, sin ninguna correlación con la realidad.

Mito: La persona que ha sufrido la pérdida debe retomar inmediatamente sus actividades sin dejar tiempo para asumir el dolor. Entre más ocupada esté, mejor.
Realidad: Siempre es conveniente que la persona, en lo posible, disponga de cierto tiempo para reflexionar y sobrellevar el proceso psicológico que implica una pérdida. Una vuelta demasido rápida a sus actividades cotidianas podría implicar que el proceso de duelo no se lleve a cabo de manera satisfactoria, de tal forma que sus labores y su vida en general se vean afectadas de manera negativa.

Mito: El sentimiento por la pérdida de un ser querido es un afecto que no debe ser expresado ya que de esta forma se hace más fácil el proceso de sobrellevar la situación.
Realidad: Aunque en nuestra cultura se veneran el valor y la entereza fría con la que se deberían sobrellevar las situaciones dolorosas de pérdida, resulta conveniente hacer a un lado esta creencia ya que en todo caso el sufrimiento debe ser expresado de alguna manera y comunicado con el fin de permitir al doliente descargar la sensación que en ese momento lo inunda.

Mito: Es inconveniente comunicar y hacer saber a los niños sobre cuestiones relacionadas con el duelo y la pérdida ya que ellos no poseen las capacidades para entender una experiencia como esta. Lo mejor es negarles todo y alejarlos lo más posible de esta realidad.
Realidad: El niño es tan capaz como el adulto de experimentar una situación de duelo. Una pérdida, por pequeña que parezca, por ejemplo, la de su mascota, puede ser una situación que le permita luego afrontar situaciones de pérdida tanto o más dolorosas. De esta forma, lo más conveniente es permitir que conozcan la realidad en relación a aquel objeto que ya no está más a su lado.


Glosario
Ambivalencia:
presencia simultánea de sentimientos, actitudes y tendencias opuestas en la relación con una persona (objeto). Se trata en la mayoría de veces de amor y odio. Uno de estos aparece consciente mientras que el otro se encuentra inconsciente.
Decatectización: es el proceso mediante el cual se desliga un monto específico de energía mental de una representación, grupo de representaciones, parte del cuerpo, objeto, etc.

Depresión mayor: trastorno del ánimo en el cual la persona manifiesta un estado depresivo la mayor parte del día, casi cada día, pérdida de la capacidad para experimentar placer, alteraciones en el apetito, insomnio o hipersomnia, pérdida de energía, y pensamientos recurrentes de muerte, entre otros.

Libido: energía de las pulsiones sexuales que habita el aparato psíquico (la mente) de los seres humanos. A partir de ella se establece el lazo entre las personas ya que el sujeto carga o reviste con libido al objeto externo (a la persona como tal) y a su representación mental (objeto interno).

Narcisismo: estado en el cual la libido se concentra en el yo del sujeto, mientras que la energía mental que baña a los objetos (externos y sus representaciones mentales) se disminuye. Esto hace que la atención, el cuidado, el dolor, se concentren en la persona misma.

Situación traumática: en ésta la persona recibe una cantidad de estímulos imprevistos, y a una velocidad tal, que no se hace posible su manejo. El impacto que dicha vivencia tiene sobre la personalidad dependen de la magnitud de la experiencia como tal, y de la fortaleza y mecanismos con los cuales cuenta la persona.

Yo: la teoría psicoanalítica utilizaba al comienzo este término para hacer referencia a la personalidad global. Después se defini- al yo como una instancia psíquica, al lado del ello y el superyó. Entre sus funciones más importantes se encuentran la percepción, la función de censura en los sueños, y la diferenciación entre mundo interno (mental) y externo.

SaludHoy - Septiembre, 2000
http://www.saludhoy.com/htm/psico/articulo/duelo1.html

Depresión y Duelo V

El trabajo del duelo como elaboración de una pérdida
Parte 2

Trabajo del duelo A partir de diferentes estudios se ha encontrado que en el Trabajo del Duelo la persona afectada pasa por una serie de pasos, en un intento por enfrentar y elaborar la situación traumática (tabla). No obstante, el orden de estas etapas no es rígido, de tal forma que el sujeto podría omitir, o repetir una etapa una y otra vez, especialmente cuando el lapso de tiempo es muy largo.

La primera reacción frente a la noticia de una pérdida es la de incredulidad, acompañada de sensaciones como aturdimiento y shock, seguidas por la puesta en marcha del mecanismo de negación. La persona siente que no es posible estar viviendo una situación como la que le ha tocado. Busca de todas formas esconder y alejarse de la realidad en un intento por amortiguar el peso de la noticia.

La segunda etapa corresponde a la experiencia y expresión de sentimientos de rabia e ira. La persona se convierte en alguien difícil de tratar ya que la relación con ella se torna agresiva. Expresa también sensaciones de molestia, desagradecimiento y descontento. El sujeto asume además una posición de crítica excesiva hacia sí mismo y aquellos que lo rodean. Detrás de todas estas expresiones se encontraría implícita la pregunta "¿Por qué yo? ¿Por qué no usted?" en la medida en que siente que la desgracia, el empobrecimiento, la pérdida y en últimas la muerte está de su lado, mientras que el bienestar y la vida están del lado de los demás.

Durante la tercera etapa, la de negociación, la persona disminuye la agresividad ya que hay una aceptación parcial de la realidad irreversible. Esta transacción se realiza, para las personas creyentes, con Dios. Hay una pregunta esencial por el tiempo: ¿por qué ahora? Se trata de una fase en la que persiste algo de esperanza porque el objeto o la circunstancia perdida pueda ser recuperada. En todo caso estarían presentes de manera simultánea aspectos relacionados con la ausencia real del objeto, y la fantasía de que ésta es parcial y reversible.

La depresión constituye el cuarto paso en el proceso de aceptación de la pérdida. La persona manifiesta en esta etapa una actitud de apatía y silencio en relación al mundo exterior debido a que se asume ahora la ausencia del objeto. Así, el sujeto comienza el doloroso y difícil trabajo psicológico para desapegarse de éste. De manera progresiva la persona deja de aferrarse a la imagen que tiene de la persona o situación perdida, retirando de ella la energía psíquica (libido) con la cual estaba revestida (proceso que lleva el nombre de decatectización). Eventualmente se dejan atrás también las expectativas y todas las representaciones mentales relacionadas con el objeto perdido.

La última etapa es la de aceptación y paz: se evidencia que la energía mental retirada de los objetos se concentra en el yo del sujeto, de tal forma que la persona experimenta una estado temporal de narcisismo. La atención se centra entonces en el sí mismo, en detrimento del mundo exterior y de las demás personas. Se acepta ahora aquella situación de ausencia que no es posible cambiar, a partir de lo cual se vive una sensación simultánea de tristeza y serenidad.

Luego de cierto tiempo, el sujeto vuelve a sus actividades cotidianas. De igual forma, las capacidades mentales del doliente vuelven a su estado normal.
Imposibilidad para culminar de manera exitosa el trabajo del duelo

Entre los indicadores del duelo "patológico" o "anormal" están la sensación de culpa en el doliente, por las cosas más que por las acciones, recibidas o no por el superviviente, en el momento de morir la persona. Además se haría evidente en el sujeto cierto pensamiento de muerte más que la voluntad por vivir, con el sentimiento de que el vivo debería haber muerto con la persona fallecida. Hay una preocupación mórbida con sentimientos de inutilidad; enlentecimiento psicomotor; deterioro funcional acusado y prolongado; y experiencias alucinatorias distintas de las de escuchar la voz o ver la imagen fugaz de la persona fallecida.
Se establece también que el sujeto puede considerarse culpable de la muerte ocurrida, la niega, se cree poseído o influido por el difunto, y cree padecer la misma enfermedad que produjo la muerte de éste.

Ahora bien, la persistente bosqueda de unión con el objeto perdido es el principal motivo presente en el duelo patológico. Los síntomas antes anotados se manifestarían a partir de que la persona no ha cortado la relación libidinal mental con el objeto. Entonces son puestos en marcha los mecanismo psicológicos de identificación y de despersonalización. El primero implica que la persona incorpora atributos, gestos o actitudes del objeto perdido, por ejemplo, padecer la misma enfermedad que aquejaba al objeto. Mediante el segundo, la persona se siente perpleja y extraña, experimentando que algo en lo profundo de sí mismo y en el mundo exterior está cambiando.

Conclusiones

El trabajo del duelo constituye un proceso que debe ser llevado a cabo de manera exitosa por aquellas personas golpeadas por un acontecimiento vivido como traumático. Cada individuo, de acuerdo a la magnitud de la situación y a la fortaleza de las herramientas mentales con las cuales cuenta, además del apoyo de otros, llevará a cabo el proceso de manera particular. Su terminación permite a aquellos afectados volver a su vida normal, reconstruyendo su cotidianidad y utilizando esa energía liberada ahora del objeto perdido para emprender nuevos retos, nuevas relaciones, nuevos sueños.

Consejos prácticos
Frente a una situación traumática resulta conveniente tener en cuenta los siguientes aspectos, los cuales permitirán sobrellevar mejor la experiencia:
Es importante desahogarse, que la persona afectada hable de su dolor a otro que lo escuche con interés. De esta manera comparte su experiencia y la repite simb-licamente, en un intento por elaborarla.

Conviene conocer los aspectos implicados con la pérdida y el proceso del duelo, de tal forma que la persona sepa que se trata de algo normal y momentáneo.

El dolor y la desazón que se experimentan no se resuelven saliendo de viaje o dejando la casa en la cual se vivía con la persona que se ha ido, mucho menos desapareciendo todo lo que tuvo que ver con el objeto perdido. Más importante que los cambios en el mundo exterior resultan los procesos mentales (internos) que llevan a culminar el proceso del duelo. Luego de este momento resultaría conveniente emprender remodelaciones en la casa, viajes y demás actividades que no lleven ya la intención de borrar fallidamente recuerdos que sin duda alguna traerán dolor.

Para conservar el recuerdo del que se ha ido es recomendable guardar algunas pertenencias que se consideren valiosas. El resto podrá ser desechado cuando el dolido así lo considere. Guardar todo tal y como qued- o botar compulsivamente hasta el último detalle relacionado con la persona perdida son igualmente inconvenientes. Cada una de estas decisiones debe tomarse según los criterios y deseos particulares del doliente.

Depresión y Duelo IV

El trabajo del duelo como elaboración de una pérdida
Parte 1
El trabajo del duelo constituye una reacción psicológica normal frente a una situación traumática ocurrida a una persona. La mayoría de los sujetos afectados muestran una serie de síntomas característicos, y siguen para la elaboración del acontecimiento un conjunto de etapas. No obstante, en ocasiones se presentan dificultades que frenan el proceso, pero que pueden ser superadas con las indicaciones y el apoyo adecuados.

DefiniciónEn su texto de 1915 (Duelo y Melancolía) el psicoanalista Sigmund Freud introdujo el término de duelo para referirse a un afecto normal que se presenta en los seres humanos como "reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción que haga sus veces, como la patria, la libertad, un ideal, etc." En este sentido el duelo no solo se presentaría frente a la muerte de un ser querido, sino también en relación a situaciones que impliquen la evidencia para el sujeto de una falta, o de algo que ha de dejar atrás y que no volverá a recuperar, pero que deja siempre un recuerdo. Así por ejemplo, el duelo se desarrollaría frente a la partida de un amigo o familiar, por la pérdida de un objeto, ante la necesidad de cambiar de domicilio, ya sea de manera voluntaria o bajo amenaza (como ocurre en el desplazamiento forzado).
En todo caso, aquello que la persona echará de menos es algo que conoce de manera consciente y que valora igualmente. De allí la afirmación implícita de Freud en su texto: en el duelo la persona sabe a quién perdi- y lo que perdi- con este objeto.

Por otro lado, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales en su versión IV (el cual clasifica las enfermedades mentales según sus manifestaciones o síntomas, y es utilizado por los profesionales de la salud mental) establece de manera más limitada que el duelo es una categoría que debe usarse cuando un individuo reacciona frente a la muerte de una persona querida.

En todo caso, el duelo corresponde a un proceso psicológico que se presenta en una persona frente a una situación traumática, la cual implica una pérdida y a la vez genera pesar (grief). Mediante el trabajo del duelo se busca que la persona acepte la pérdida, readaptándose a la nueva realidad de ausencia del objeto, condición esencial para la elaboración normal del duelo.

Manifestaciones
El duelo trae consigo grandes desviaciones de la conducta, que bajo condiciones normales se superan luego de un tiempo. No obstante, las manifestaciones del duelo no son exclusivas de esta entidad. Los profesionales de la salud mental anotan que los síntomas pueden ser muy similares a aquellos presentes en un episodio de depresión mayor. Ejemplos de lo anterior son los sentimientos de tristeza y síntomas asociados como insomnio, anorexia y pérdida de peso.
Existe también en el doliente una disminución en el interés por el mundo exterior en todo lo que recuerde al muerto, la capacidad de amar y de escoger algún nuevo objeto de amor se ve también afectada, al igual que la productividad y el área laboral. Las manifestaciones de angustia, culpa, pánico (en algunos casos), desesperación, apatía y desesperanza están también presentes. En algunos casos se evidencian pensamientos recurrentes de muerte, ideación suicida, o tentativa para llevarlo a cabo.

Los síntomas psicológicos anteriores se asocian frecuentemente con otros físicos: migraña, olcera, colitis, problemas respiratorios, palpitaciones, sudoraciones. Se puede presentar una disminución en las defensas del organismo, lo cual facilita la infección y el contagio de diferentes agentes.

Depresión y Duelo III

Dolor Psíquico y Ausencia
Por Lic. Claudio Barbará
Artículo Públicado en la Revista mensual PRIVILEGE (Año VI - N- Buenos Aires, 5 de agosto de 1998)

Dolor y Pérdida. Hay un tipo de dolor que proviene del cuerpo, localizado en una zona determinada, reconocible por medio de los sentidos. Hay otro tipo de dolor, menos específico, pero no menos intenso que no está ligado a lo corporal, a la anatomía del cuerpo físico. Su origen es impreciso, difícil de determinar. No es dolor del cuerpo, sino, y se me permite la analogía, es un dolor cuya fuente está en la "anatomía" psíquca. Un dolor que emerge como emerge la urgencia misma de la vida. Un dolor, que se ha llamado "dolor existencial". Recorre el saber popular una premisa que nos dice que el dolor purifica, ennoblece, "templa el espíritu"; que no es posible aún más, aprender si no es con una cuota de dolor, que madurar implica esa misma cuota de dolor; de ese dolor indeterminado que no proviene de un órgano enfermo sino de la experiencia misma de vivir.

Las Religiones apuntalan estas creencias, y el hombre en las vivencias que le impone la vida cotidiana cree ver la corroboración a esta enseñanza. La ciencia también encuentra motivos para confirmar que el dolor es parte del devenir hombre o mujer; en el sentido que decimos que, para ocupar un nuevo espacio en la vida, es necesario haber abandonado el anterior; y esto representa una pérdida. Sucesivas pérdidas menores son necesarias para avanzar en la vida. Pérdidas cotidianas, pérdidas previsibles. Desde el nacimiento a la madurez, el tiempo, medido en el calendario, es pura pérdida. El anverso de esta situación es que cada día que termina habilita uno próximo. Esta evolución cronológica tiene su correlato físico: el cuerpo madura hasta el momento en que comienza su declinación. Este cuerpo que avanza en su destino biológico, sin embargo, no es lo que encierra la vida, sino aquello otro que es objeto de otras vicisitudes, es decir la existencia. A ello llamamos "la vida", no al cuerpo sano, no al desarrollo fisiológico del soma. A los dolores propios del crecimiento del cuerpo, lo acompañan los dolores del alma. Dolores como dijimos ligados a la pérdida, en el registro de su representación psíquica.

Dolor y Duelo Reconocemos el duelo como una manifestación ligada a una pérdida importante, las más de las veces un ser querido muy cercano, acaecida recientemente. El duelo, cuando éste no se ha tornado patológico, es decir, cuando no se asocia a una predisposición del individuo a enfermar, tiene una duración que se estima normal dentro de un período de dos años, lapso que insume el proceso de elaboración psíquica de la pérdida. No obstante, no siempre se cumple el ciclo normal esperable, y este acontecimiento se vuelve el disparador o desencadenante de un trastorno psicológico de mayor envergadura. El individuo, en estos casos, no cuenta con los recursos defensivos necesarios para acallar la emergencia del sufrimiento ligado a la pérdida; quedando a expensas de la angustia concomitante. En otras palabras, los avatares de la vida llevan al sujeto en cuestión a experimentar una fijación a partir de la cual su vida misma se ve sumida y arrastrada junto con aquella pérdida.

El dolor ligado al duelo se vive como una experiencia de aturdimiento y desgarro causado por lo insoportable de lo irreparable; ya no es posible volver a la situación o estado de cosas anterior. Para que el sufrimiento causado por la pérdida desaparezca es necesario que "lo perdido" deje espacio efectivamente a otra cosa. Deben, finalmente, convivir lo que se ha perdido con lo nuevo que comienza a ocupar el lugar vacante.

Dolor: la presencia de la Ausencia Hay quienes sufren sin que pueda descubrirse alguna causa de su tristeza, sin la evidencia de una pena específica; se vuelven indolentes y continúan sus ocupaciones o diversiones habituales en forma mecánica y sin interés; el intelecto, los afectos y las pasiones parecen inactivos, se vuelven extremadamente apáticos. Esto corresponde al reinado de la pérdida, el reinado de una ausencia que no deja de insistir, de hacerse presente. Se construye así una paradoja desconcertante: la constante presencia de una ausencia que apaga todos los motores vitales del individuo, sumiéndolo en una apatía generalizada. La persona no puede dar cuenta de su tristeza. La indeterminación manifiesta de dar testimonio sobre el origen de su tristeza persevera en el tiempo. La vida misma se convierte en el infierno del cual quiere escapar; la vida misma se le vuelve insoportable. El ancho espectro de la realidad concentra toda su energía sufriente. Hay dolores de las pequeñas pérdidas, aquellos asociados al abandono de estados que el desarrollo mismo de la vida impone al individuo; que se van transcurriendo invariablemente, con mayor o menor éxito. Hay dolores ligados a las grandes pérdidas ligadas a la experiencia de la finitud; representan el enfrentamiento del sujeto con la evidencia de su mortalidad. Hay dolores además, que no se extinguen, que perseveran, que imponen su ritmo sufriente al individuo; dolores anclados en la negativa a aceptar la lógica del "no todo". Todos dolores del alma, no del cuerpo, dolores que no se ubican en la anatomía del cuerpo ni se acallan con analgésicos. Dolores que expresan la magnitud de la existencia, no la continuidad de un cuerpo sano. También dolores que no provienen de una enfermedad orgánica, pero que acaban por enfermar a ese cuerpo. Ausencia, en definitiva, a la cual el individuo, irremediablemente, se tendrá que enfrentar.

El proceso del Duelo Su abordaje terapéutico

" Los alejamientos, las separaciones y las pérdidas, forman parte de la vida. Imprescindibles algunas veces, inevitables en otros casos, pero invariablemente nos enfrentan a un mismo proceso. El proceso del duelo. De la actitud que asumamos frente a él depende nuestro crecimiento. Todo duelo "es el proceso normal que sigue a la pérdida de lo inmensamente querido". Forma parte integral de la relación amorosa, no es el fin ni la interrupción del amor sino una de sus fases naturales. Así, sin que participe nuestra decisión el duelo no interrumpe la relación, sigue siendo amor. Si el duelo duele, (por cierto que duele), aceptémoslo como una parte necesaria en esta etapa del vínculo, no podemos eludirlo con negaciones u olvidos, seríamos en ese caso desertores de la relación amorosa, mataríamos por segunda vez al ausente. Por lo tanto habrá dolor, pero no estamos buscando ese dolor por el dolor mismo, cuanto menos haya, será mejor, siempre que podamos conservar en nuestro corazón el amoroso vínculo con el ausente. La vocación permanente al sufrimiento no es sinónimo de superación, recordar tiernamente es haber superado, entonces sí, podremos incorporar algunas alegrías a nuestros preciados y tan queridos recuerdos. No podemos confiarle al tiempo la resolución de nuestro dolor. Hoy la vida nos interroga y debemos responder, teniendo en cuenta que para llegar a un lugar, siempre hay algunos caminos mejores que otros. Nuestra es la responsabilidad de elegir el camino" .

Un camino a recorrer· Pongamos al día y en paz nuestro vínculo con quienes no están. · Esforcémonos por superar el egoísmo que coloca a nuestro dolor como protagonista principal de los hechos. · Vivamos nuestro duelo con dignidad, recordando a nuestros hijos con las personas apropiadas y en los lugares apropiados. · · Evitemos el aislamiento, reinsertándonos en la vida familiar y en la sociedad asumiendo nuestros cambios personales. · Analicemos nuestra fe y nuestra creencia en una existencia más allá de la muerte. · Tengamos un proyecto de vida que honre a quienes no están, a los que están y a nosotros mismos. · Atendamos con dedicación y sensibilidad los vínculos afectivos con los vivos. · No dejemos que el dolor nos exima de superarnos y ser mejores personas, el permanente recuerdo del ausente debe ser un estímulo para lograrlo. · La posibilidad de superar un duelo, requiere de nuestro esfuerzo personal y no podemos delegarlo en ningún tipo de paternalismo. ______________________________________________________

Carlos J. Bianchi es médico psiquiatra y psicoterapeuta desde comienzo de la década del sesenta. La muerte repentina de uno de sus hijos acaecida en 1990 lo ha volcado a integrarse a los grupos de autoayuda "Renacer". Para cooperar con entidades de la misma índole fue invitado a Colombia. Allí participó en la creación de los grupos "Lazos". Dictó seminarios en Santa Fe de Bogotá, Cali y Barranquilla.En la actualidad acompaña profesionalmente a quienes atraviesan estas dolorosas vivencias, aportando su comprensión y su apoyo desde su importante formación teórica y su propia experiencia frente al duelo. 25 de Mayo 1639 - Vicente LópezTeléfono: 4796-9195

Depresión y Duelo I

Cuando la pérdida no es depresion.
El desapego, un camino ...

Las pérdidas significativas nos vuelven distintos. Algo ha concluido y algo comienza. Debemos aprender a convivir con lo que no se puede cambiar, es cierto, pero no como una suerte de resignación, sino como convicción que apunte a la búsqueda de nuestro crecimiento espiritual. Ese crecimiento está ligado a la capacidad de superar de manera constructiva nuestras pérdidas. Un obstáculo frecuente en este difícil y responsable camino es el "apego", entendiendo como tal al egocentrismo que nos ubica como protagonistas únicos del dolor, sometiéndonos a la tiranía a la que pretende condenarnos el pasado, y a asumir un rol de víctima, que es una forma de chantaje hacia los demás, reclamando de ellos su permanente consideración y cuidado. El desapego, como posible y saludable camino, no significa olvido ni tampoco desamor, es en cambio la posibilidad de crear un espacio entre el dolor por la pérdida y el seguir llevando adelante nuestro propio proyecto de vida. La superación del duelo se manifiesta por 1) la capacidad de recordar sin caer en el sufrimiento y la queja permanente, y 2) el poder abrirse a nuevas relaciones y aceptar el desafío al que la vida nos enfrenta.

Carlos J. Bianchi

Psicoterapia y una buena alimentación para acabar con los males de otoño

La falta de sol y los cambios meteorológicos afectan a muchas personas durante estos meses

EIVISSA. RAQUEL SÁNCHEZ

Tomar todos los nutrientes cocinados de la manera adecuada puede ayudar a mantener el cuerpo en un correcto estado físico que sirva de soporte a una buena salud mental. Es una de las premisas de Josep Colonque, naturólogo, que junto a Vicent Ribas, psicólogo clínico, se encargó en el marco del Club Diario de Ibiza de abordar las alteraciones físicas y psicoemocionales en el otoño.Como es habitual en sus charlas, Colonques consiguió atraer a un gran número de personas que escucharon con atención por qué el otoño es una época de riesgo emocional como periodo de adaptación entre la gran actividad estival y la ralentización del ritmo vital durante el invierno. El naturólogo asegura que el otoño está muy vinculado a las afecciones pulmonares, respiratorias y de la piel, así como con la función intestinal. De hecho, mantiene que es la época ideal para realizar desintoxicaciones y recomienda la hidroterapia de Colon como el mejor de los métodos existentes.Colonques explica que algunos individuos son meteorópatas, es decir, especialmente sensibles a los cambios climáticos que se producen durante estos meses, en los que también aumenta la frecuencia de las tormentas con las consiguientes cargas de iones negativos y positivos. El efecto euforizante del sol también se echa a faltar como consecuencia de la progresiva disminución de horas solares que hace que neurotransmisores como la melatonina sustituyan a otros de efecto antidepresivo como la seratonina.Tanto Colonques como Ribas insistieron en el fenómeno que se da en las Pitiüses, donde se trabaja durante doce horas diarias en la temporada turística, descuidando en gran medida la alimentación y tomando excitantes que permitan permanecer activo. Esas circunstancias "desmontan" la base física que debería soportar la psicológica y como consecuencia en octubre aparecen multitud de trastornos afectivos estacionales.El insomnio, la ansiedad y el nerviosismo son manifestaciones habituales de este trastorno otoñal, que se ve agravado por una ingesta insuficiente de frutas, verduras y hortalizas, el uso de aceites vegetales no aconsejados como el de palma, el abuso de la comida rápida y las carnes rojas, el consumo de productos refinados en lugar de integrales .

. 2004;:18-OCTUBRE.

http://www.diariodeibiza.es/secciones/noticia.jsp?pIdNoticia=36503&pIdSeccion=2

Entre la euforia y la melancolía: La depresión

Luís Flores Estevez

En nuestra cotidiana vida, experimentamos diariamente, sensaciónes de satisfacción que nos gratifican, la “Alegría” de vivir, y ejemplo del día: ganar una contienda o un premio u obtenr un trabajo, hecho que nos puede llevar en extremo a la “Euforia”. En lo contrario todo aquello que no hemos ganado, o hemos perdido en lo material o espiritual, nos hace experimentar la “Tristeza”, que en extremo, se transforma en profunda pena o “Melancolía”.También existen otras manifestaciones, que pueden sumarse y de manera inconstante : angustia o ansiedad y la ira o cólera.

Normalmente manejamos nuestras vidas, alrededor de estos “Estados de Humor”, y nuestro Cerebro y Sistema Nervioso, descargan y controlan, dentro de estos estados, Secreciones Hormonales e Intermediarios Químicos, que van a manejar nuestras reacciones o respuestas, físicas y mentales; cuando toman contacto, como una llave en la cerradura, con los Receptores de nuestras células.Esto, nos permite, constantemente y de manera saludable, recuperarnos y equlibrarnos en nuestro estado de humor o ánimo. Los extremos, que hacen que predomine mas, el tiempo de acción de hormonas e intermediarios químicos, o se impregnen (peguen) en los receptores; crean estos estados: Euforia o Melancolía, y nos están indicando iniciales trastornos del humor, o las llamadas “Personalidades Distímicas Límite Normal-Anormal” Eufórica-“Maniaca” ó Melancólica -“Depresiva”.
También algunas son Reacciones Transitorias Depresivas, que se suscitan en : el duelo (pérdida de un ser querido), la pérdida del trabajo, la jubilación o retiro, ciertos aniversarios, las vacaciones, después del parto, antes de la menstruación, la emigración, la inmigración, entre otras. Pero cuando se Trastorna el Humor, seriamente y de manera permanente, aparece la Enfermedad, cuando la tristeza o la euforia es demasiado intensa y supera el impacto normalmente esperado. Incluso, puede desarrollarse depresión, después de la euforia de un triunfo, por que la responsabilidad que creció en demasía y la soledad que conlleva, quiebran ese equilibrio. La euforia, sólo es un mecanismo de defensa mental, que quiere ocultar un drama detrás, o se esfuerza por contrapesar la depresión.Se le denomina Trastorno del Humor Unipolar, a la Depresión sola, que afecta mas a mujeres que a hombres (2/1),y adultos de 50 o mas años y Trastorno del Humor Bipolar al que combina Depresión con Euforia o excitación , afecta por igual hombres y mujeres, que suele iniciarse en la adolescencia y en los 20 o 30 años de edad., ocurre en menor frecuencia y afecta al 1% de la población.
Tengamos presente, que por lo menos, 25% de las personas en el Mundo, presentan algún Trastorno del Humor, y este solamente es identificable, o por sus síntomas muy evidentes o por que el paciente reconoce y acepta su enfermedad, en sólo un 10%. Por qué algunos se enferman y otros no? Por que existen factores de riesgo, como los genéticos en caso de trastorno hereditario o predisponente de padres depresivos a hijos, el ambiente emocional familiar adverso(stress), el maltrato infantil de los padres o familiares, las drogas y el alcoholismo, estos dos pueden ser reactivos y de búsqueda compensatoria del enfermo, drogas o medicamentos, que interfieren o alteran intermediarios y/o receptores cerebrales, o enfermedades que comprometen especialmente el Sistema Nervioso Central (Cerebro).
El Tratamiento habitualmente requiere del uso de medicamentos denominados Antidepresivos, que actúan a nivel de los intermediarios químicos y receptores celulares del Sistema Nervioso Central (Cerebro) apoyo de Psicoterapia y de manejo, especializado (Psiquiatra-Psicólogo).
El descenlace de una Depresión no tratada, o mal tratada, es inevitablemente el Suicidio.
14/04/01

Fuente: http://www.perupoint.com/articulomedicos4.html

Articulo recomendado por psiquiatria.com

miércoles, 14 de enero de 2009

La educación y el amor en la niñez son una vacuna contra la depresión

Unos padres que sean un modelo de equilibrio emocional y que eduquen con amor a sus hijos están vacunando a estos contra la depresión y la ansiedad. Aunque un pasado desastroso no significa forzosamente tener un futuro malo. Lo asegura el psicólogo Víctor Rodríguez Aguado, y con él coincide su colega Petra Ratia, directora general del gabinete psicológico Dipepsa, quien contesta a las siguientes preguntas.
08.11.07 -
Á. PEÑALVER-

¿Por qué la depresión afecta hoy a tantas personas?
-En primer lugar hay que distinguir entre depresión endógena y exógena. La primera está directamente relacionada con factores genéticos y con alteraciones en ciertos grupos de neurotransmisores cerebrales. La que aquí nos ocupa, la exógena, está más relacionada con factores psicológicos. Vivimos en un tiempo en el que el nivel de exigencia personal, familiar y social está en aumento. Se generan una serie de expectativas sobre las personas difícilmente alcanzables que provocan frustración cuando no se ven cumplidas. También influye el aspecto cultural, la falta de comunicación y la soledad tan acuciante que existe en estos momentos.-¿Hay seres más vulnerables que otros a estos trastornos?-Sí. En la depresión interactúan factores genéticos, de aprendizaje y de personalidad que determinan la susceptibilidad de sufrir este estado anímico. Dependiendo de la presencia e intensidad de esos factores pueden predisponer a unas personas más que a otras.-¿Cuál es la mejor solución?-Depende del tipo y grado de la depresión, aunque la mejor combinación es un tratamiento farmacológico inicial (en la medida que sea necesario) acompañado de una terapia psicológica cognitiva-conductual, donde se intervenga directamente sobre el patrón de pensamiento y se trabaje la ocupación del tiempo libre y la socialización de la persona.-

¿Tiene cura definitiva o un enfermo, una vez superado el trastorno, debe tener miedo a recaer?-La depresión requiere un tratamiento completo y prolongado, ya que se trata de modificar pensamientos y conductas arraigadas profundamente. En ocasiones, la persona estima que un tratamiento ha finalizado cuando comienza a sentirse mejor; sin embargo, no siempre concluye ahí el tratamiento sino que necesita generalizar ese estado y seguimiento para evitar recaídas.-¿Por qué la gente oculta que está con depresión?-Existe un miedo al rechazo por parte de los demás ya que puede considerarse un signo de debilidad en la cultura del fuerte en la que vivimos. Cuando una persona explica abiertamente que sufre una depresión pasa por un proceso previo de aceptación de sí mismo de ciertos aspectos que no conocía, algo que no todo el mundo está dispuesto a reconocer públicamente.-

¿Se puede prevenir?-
Rotundamente sí. Fundamentalmente a través de la educación. Es importante la detección precoz de pensamientos desadaptativos y patológicos que se aprenden desde la niñez y que hay que reaprender posteriormente para una óptima salud mental.-

¿Si muchos familiares míos han tenido depresión estoy totalmente condenado a padecerla?-
No se está condenado a tener depresión pese a que exista cierta susceptibilidad genética ya que no sólo existe ese factor; no obstante es muy importante no transmitir o adquirir esos modelos de pensamiento.

El pudor
«Todas las personas tienen probabilidades de tener un problema emocional», asevera el terapeuta de la Clínica Arabial, Víctor Aguado. Si eso es así, ¿por qué da tanto pudor reconocer que tenemos ansiedad, depresión o ciertas fobias?
La primera razón -según este experto- es que muchas personas ni siquiera saben que padecen un problema psiquiátrico o emocional. «Si no lo remedian pronto, al final tienen una sensación pegajosa de enfermedad que no se pueden quitar de encima».
Segundo motivo de esta estigmatización: los problemas psicológicos están asociados a la locura. «Locura no permite distinguir realidad de ficción. Los pacientes con ansiedad y depresión disciernen perfectamente», esclarece Víctor, quien apunta que la familia muchas veces no hace caso a estas personas. «Tranquilo, ya se te pasará es la respuesta que reciben gran parte de los angustiados. Eso, obviamente, no sirve para nada y lleva al aislamiento y silencio del enfermo», explica el psicólogo.

http://www.lavozdigital.es/cadiz/20071108/sociedad/educacion-amor-ninez-vacuna-20071108.html