Y si el mal que sientes viniera porque miras atras...
"Ni el futuro ni el pasado existen, y no se puede propiamente decir: hay tres
tiempo: pasado, presente y futuro; Más bien, en propiedad debería afirmarse: los
tiempos son tres: un presente de lo pasado, un presente de lo presente, un
presente de lo futuro. En efecto, estos tiempos son una especie de trinidad en
el Alma y yo no los veo fuera de ella, donde el presente de lo pasado es el
recuerdo, el presente de lo presente el momento, y el presente de lo porvenir la
espectativa "


San Agustín
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miércoles, 28 de enero de 2009

Depresión y Duelo XIII

"Pérdida, pena y duelo" de Jorge L. Tizón, Ed. Paidós.
FUENTE: PSIQUIATRIA.COM. 2004;:14-OCTUBRE.
[noticias] [14/10/2004]

¿Por qué sufrimos tanto cuando perdemos a un padre, una madre, un hermano, una pareja, una aspiración o un ideal? Es más, ¿vale la pena tanto sufrimiento? ¿Ayuda al crecimiento, al desarrollo, a la vinculación entre los seres humanos? ¿O más bien es un sufrimiento inútil, que hay que acortar, reducir, desviar o eliminar? ¿Y qué repercusiones tiene ese sufrimiento sobre el desarrollo de los niños, los adultos, las familias y las sociedades? Por ejemplo: ¿qué repercusiones pueden tener las pérdidas afectivas de las migraciones, o las muertes continuadas en catástrofes, guerras, terrorismo, genocidios? El primer objetivo de esta obra es ayudarnos a reflexionar sobre la importancia de esos temas. Una importancia crucial no tan sólo para los individuos directamente afectados, para los deudos, sino también para sus allegados y sus sociedades. Tanto la creatividad humana como la psicopatología están vinculadas con tales procesos y situaciones. ¿Qué podemos hacer como congéneres, como familiares, como allegados o como conocidos por ayudar a los seres que están sufriendo esos procesos? ¿Cómo pueden ayudar los profesionales a los niños y adultos que han perdido seres, objetos o ideales significativos para ellos? ¿Qué decir, qué hacer, cómo hablarles, cómo tratarles? Proporcionar ideas al respecto es el segundo objetivo general de este libro. Jorge L. Tizón es psiquiatra, psicólogo y psicoanalista. También es profesor de los Máster de Psicopatología y Psicoterapia del Instituto de Salud Mental de la Fundació Vidal i Barraquer (Universidad Ramon Llull), donde imparte la asignatura Duelo y Psicopatología. Entre sus libros más conocidos se hallan Apuntes para una psicología basada en la relación, Componentes psicológicos de la práctica médica, Protocolos y programas elementales para la atención primaria a la salud mental y Migraciones y salud mental.

http://www.psiquiatria.com/noticias/depresion/diagnostico/19440/?

Depresión y Duelo IV

El trabajo del duelo como elaboración de una pérdida
Parte 1
El trabajo del duelo constituye una reacción psicológica normal frente a una situación traumática ocurrida a una persona. La mayoría de los sujetos afectados muestran una serie de síntomas característicos, y siguen para la elaboración del acontecimiento un conjunto de etapas. No obstante, en ocasiones se presentan dificultades que frenan el proceso, pero que pueden ser superadas con las indicaciones y el apoyo adecuados.

DefiniciónEn su texto de 1915 (Duelo y Melancolía) el psicoanalista Sigmund Freud introdujo el término de duelo para referirse a un afecto normal que se presenta en los seres humanos como "reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción que haga sus veces, como la patria, la libertad, un ideal, etc." En este sentido el duelo no solo se presentaría frente a la muerte de un ser querido, sino también en relación a situaciones que impliquen la evidencia para el sujeto de una falta, o de algo que ha de dejar atrás y que no volverá a recuperar, pero que deja siempre un recuerdo. Así por ejemplo, el duelo se desarrollaría frente a la partida de un amigo o familiar, por la pérdida de un objeto, ante la necesidad de cambiar de domicilio, ya sea de manera voluntaria o bajo amenaza (como ocurre en el desplazamiento forzado).
En todo caso, aquello que la persona echará de menos es algo que conoce de manera consciente y que valora igualmente. De allí la afirmación implícita de Freud en su texto: en el duelo la persona sabe a quién perdi- y lo que perdi- con este objeto.

Por otro lado, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales en su versión IV (el cual clasifica las enfermedades mentales según sus manifestaciones o síntomas, y es utilizado por los profesionales de la salud mental) establece de manera más limitada que el duelo es una categoría que debe usarse cuando un individuo reacciona frente a la muerte de una persona querida.

En todo caso, el duelo corresponde a un proceso psicológico que se presenta en una persona frente a una situación traumática, la cual implica una pérdida y a la vez genera pesar (grief). Mediante el trabajo del duelo se busca que la persona acepte la pérdida, readaptándose a la nueva realidad de ausencia del objeto, condición esencial para la elaboración normal del duelo.

Manifestaciones
El duelo trae consigo grandes desviaciones de la conducta, que bajo condiciones normales se superan luego de un tiempo. No obstante, las manifestaciones del duelo no son exclusivas de esta entidad. Los profesionales de la salud mental anotan que los síntomas pueden ser muy similares a aquellos presentes en un episodio de depresión mayor. Ejemplos de lo anterior son los sentimientos de tristeza y síntomas asociados como insomnio, anorexia y pérdida de peso.
Existe también en el doliente una disminución en el interés por el mundo exterior en todo lo que recuerde al muerto, la capacidad de amar y de escoger algún nuevo objeto de amor se ve también afectada, al igual que la productividad y el área laboral. Las manifestaciones de angustia, culpa, pánico (en algunos casos), desesperación, apatía y desesperanza están también presentes. En algunos casos se evidencian pensamientos recurrentes de muerte, ideación suicida, o tentativa para llevarlo a cabo.

Los síntomas psicológicos anteriores se asocian frecuentemente con otros físicos: migraña, olcera, colitis, problemas respiratorios, palpitaciones, sudoraciones. Se puede presentar una disminución en las defensas del organismo, lo cual facilita la infección y el contagio de diferentes agentes.

Depresión y Duelo III

Dolor Psíquico y Ausencia
Por Lic. Claudio Barbará
Artículo Públicado en la Revista mensual PRIVILEGE (Año VI - N- Buenos Aires, 5 de agosto de 1998)

Dolor y Pérdida. Hay un tipo de dolor que proviene del cuerpo, localizado en una zona determinada, reconocible por medio de los sentidos. Hay otro tipo de dolor, menos específico, pero no menos intenso que no está ligado a lo corporal, a la anatomía del cuerpo físico. Su origen es impreciso, difícil de determinar. No es dolor del cuerpo, sino, y se me permite la analogía, es un dolor cuya fuente está en la "anatomía" psíquca. Un dolor que emerge como emerge la urgencia misma de la vida. Un dolor, que se ha llamado "dolor existencial". Recorre el saber popular una premisa que nos dice que el dolor purifica, ennoblece, "templa el espíritu"; que no es posible aún más, aprender si no es con una cuota de dolor, que madurar implica esa misma cuota de dolor; de ese dolor indeterminado que no proviene de un órgano enfermo sino de la experiencia misma de vivir.

Las Religiones apuntalan estas creencias, y el hombre en las vivencias que le impone la vida cotidiana cree ver la corroboración a esta enseñanza. La ciencia también encuentra motivos para confirmar que el dolor es parte del devenir hombre o mujer; en el sentido que decimos que, para ocupar un nuevo espacio en la vida, es necesario haber abandonado el anterior; y esto representa una pérdida. Sucesivas pérdidas menores son necesarias para avanzar en la vida. Pérdidas cotidianas, pérdidas previsibles. Desde el nacimiento a la madurez, el tiempo, medido en el calendario, es pura pérdida. El anverso de esta situación es que cada día que termina habilita uno próximo. Esta evolución cronológica tiene su correlato físico: el cuerpo madura hasta el momento en que comienza su declinación. Este cuerpo que avanza en su destino biológico, sin embargo, no es lo que encierra la vida, sino aquello otro que es objeto de otras vicisitudes, es decir la existencia. A ello llamamos "la vida", no al cuerpo sano, no al desarrollo fisiológico del soma. A los dolores propios del crecimiento del cuerpo, lo acompañan los dolores del alma. Dolores como dijimos ligados a la pérdida, en el registro de su representación psíquica.

Dolor y Duelo Reconocemos el duelo como una manifestación ligada a una pérdida importante, las más de las veces un ser querido muy cercano, acaecida recientemente. El duelo, cuando éste no se ha tornado patológico, es decir, cuando no se asocia a una predisposición del individuo a enfermar, tiene una duración que se estima normal dentro de un período de dos años, lapso que insume el proceso de elaboración psíquica de la pérdida. No obstante, no siempre se cumple el ciclo normal esperable, y este acontecimiento se vuelve el disparador o desencadenante de un trastorno psicológico de mayor envergadura. El individuo, en estos casos, no cuenta con los recursos defensivos necesarios para acallar la emergencia del sufrimiento ligado a la pérdida; quedando a expensas de la angustia concomitante. En otras palabras, los avatares de la vida llevan al sujeto en cuestión a experimentar una fijación a partir de la cual su vida misma se ve sumida y arrastrada junto con aquella pérdida.

El dolor ligado al duelo se vive como una experiencia de aturdimiento y desgarro causado por lo insoportable de lo irreparable; ya no es posible volver a la situación o estado de cosas anterior. Para que el sufrimiento causado por la pérdida desaparezca es necesario que "lo perdido" deje espacio efectivamente a otra cosa. Deben, finalmente, convivir lo que se ha perdido con lo nuevo que comienza a ocupar el lugar vacante.

Dolor: la presencia de la Ausencia Hay quienes sufren sin que pueda descubrirse alguna causa de su tristeza, sin la evidencia de una pena específica; se vuelven indolentes y continúan sus ocupaciones o diversiones habituales en forma mecánica y sin interés; el intelecto, los afectos y las pasiones parecen inactivos, se vuelven extremadamente apáticos. Esto corresponde al reinado de la pérdida, el reinado de una ausencia que no deja de insistir, de hacerse presente. Se construye así una paradoja desconcertante: la constante presencia de una ausencia que apaga todos los motores vitales del individuo, sumiéndolo en una apatía generalizada. La persona no puede dar cuenta de su tristeza. La indeterminación manifiesta de dar testimonio sobre el origen de su tristeza persevera en el tiempo. La vida misma se convierte en el infierno del cual quiere escapar; la vida misma se le vuelve insoportable. El ancho espectro de la realidad concentra toda su energía sufriente. Hay dolores de las pequeñas pérdidas, aquellos asociados al abandono de estados que el desarrollo mismo de la vida impone al individuo; que se van transcurriendo invariablemente, con mayor o menor éxito. Hay dolores ligados a las grandes pérdidas ligadas a la experiencia de la finitud; representan el enfrentamiento del sujeto con la evidencia de su mortalidad. Hay dolores además, que no se extinguen, que perseveran, que imponen su ritmo sufriente al individuo; dolores anclados en la negativa a aceptar la lógica del "no todo". Todos dolores del alma, no del cuerpo, dolores que no se ubican en la anatomía del cuerpo ni se acallan con analgésicos. Dolores que expresan la magnitud de la existencia, no la continuidad de un cuerpo sano. También dolores que no provienen de una enfermedad orgánica, pero que acaban por enfermar a ese cuerpo. Ausencia, en definitiva, a la cual el individuo, irremediablemente, se tendrá que enfrentar.