Y si el mal que sientes viniera porque miras atras...
"Ni el futuro ni el pasado existen, y no se puede propiamente decir: hay tres
tiempo: pasado, presente y futuro; Más bien, en propiedad debería afirmarse: los
tiempos son tres: un presente de lo pasado, un presente de lo presente, un
presente de lo futuro. En efecto, estos tiempos son una especie de trinidad en
el Alma y yo no los veo fuera de ella, donde el presente de lo pasado es el
recuerdo, el presente de lo presente el momento, y el presente de lo porvenir la
espectativa "


San Agustín
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miércoles, 28 de enero de 2009

Depresión y Duelo X

Lo perecedero: el duelo y el tiempo
“El historiador griego Heródoto nos refiere que Jerjes, el emperador persa, lloró luego de revisar a su inmenso ejército expedicionario, al darse cuenta que ni uno solo de sus miembros estaría con vida cien años más tarde”. Autor: Fredy R. Aquize Recuerdo que este párrafo me había causado impresión siendo yo adolescente, imaginaba al emperador llorando por la irrespetuosidad del tiempo, un emperador no merecería acatar al mandato de que todo es perecedero, supongo que pensaría eso, porque su poder en cien años no sería nada.
A este recuerdo me llevó otra lectura posterior, “Lo Perecedero” de Sigmund Freud, el creador del psicoanálisis cuenta que lo acompañaba un joven poeta admirador de la belleza que ofrecía la naturaleza, pero en vez de disfrutar de esa belleza que lo circundaba, se preocupaba por que esa belleza estaba condenada a desaparecer en el invierno, igual que toda belleza humana, y todo lo bello y noble que el hombre haya creado y pudiese crear estaba condenada a desaparecer, (vemos que le sucede lo mismo que al emperador Jerjes) y luego agrega Freud, cuanto habría amado y admirado, de no mediar esta circunstancia (ser perenne), parecíale carente de valor por el destino de perecer a que estaba condenado.
Freud niega ante el poeta que el carácter perecedero de lo bello involucrase su desvalorización, al contrario la cualidad de ser perecedero incrementa su valor, las limitadas posibilidades de gozarlo lo tornan mas precioso.
Freud sigue argumentando, llegue una época en la cual queden reducidos a polvo los cuadros y las estatuas que hoy admiramos; sucédanos una generación de seres que ya no comprendan las obras de nuestros poetas y pensadores; ocurra aun una era geológica que vea enmudecida toda vida en la tierra..., no importa; el valor de cuanto bello y perfecto existe sólo reside en su importancia para nuestra percepción; no es menester que la sobreviva y, en consecuencia, es independiente de su perduración en el tiempo.

Pero este discurso no convencía al poeta, por eso dice Freud que una rebelión psíquica contra la aflicción, contra el duelo por algo perdido, debe haber malogrado el goce de lo bello. Mas adelante dice Freud: Así imaginamos poseer cierta cuantía de capacidad amorosa -llamada libido- que al comienzo de la evolución se orientó hacía el propio yo para más tarde -aunque en realidad muy precozmente- dirigirse a los objetos, que de tal suerte quedan en cierto modo incluidos en nuestro yo.
Si los objetos son destruidos o los perdemos, nuestra capacidad amorosa (libido) vuelve a quedar en libertad y puede tomar otros objetos como sustitutos, o bien retornar transitoriamente al yo.
Sin embargo, no logramos explicarnos porque este desprendimiento de la libido de sus objetos debe ser , necesariamente un proceso tan doloroso. Solo comprobamos que la libido se aferra a sus objetos que ni siquiera cuando ya dispone de nuevos sucedáneos se resigna a desprenderse de los objetos que ha perdido.

He aquí, pues, el duelo.
Sabemos que el duelo, por más doloroso que sea, se consume espontáneamente.
Una vez que haya renunciado a todo lo perdido se habrá agotado por sí mismo y nuestra libido quedará nuevamente en libertad de sustituir los objetos perdidos por otros nuevos, posiblemente tanto o más valiosos que aquéllos, siempre que aún seamos lo suficientemente jóvenes y que conservemos nuestra vitalidad.
Pensando en el emperador Jerjes y en el poeta del que habla Freud, el ejército estaba bajo el mando del emperador y la belleza de la naturaleza se ofrecía al poeta y sin embargo malograban el goce de esa circunstancia pensando en lo que aún no sucedió, la pérdida.
Y este es el punto a señalar, la incapacidad para gozar ( que luego de un duelo normal se puede retomar), una inhibición que tiñe la vida de pensamientos tristes y desvalorización de uno mismo que incapacita a amar y producir, puede sostenerse largamente en la vida.
Es aquí donde bajo la forma de una pregunta, de porqué sólo aparece el sufrir en nuestras vidas, y los momentos felices no se dan, porqué la vida para ciertas personas es un largo duelo, o mejor dicho se padece de melancolía, a partir de un cuestionamiento o un padecer no soportable suele empezar el camino de una terapia , que entre otras cosas facilita a aceptar lo perecedero para poder disfrutar lo que se nos ofrece.

Volviendo a la impresión que me produjo el llanto del emperador ante lo inevitable de la muerte, de lo perecedero, tal vez la raíz de esa impresión estaba en el ciclo vital que estaba viviendo, la adolescencia, donde la infancia estaba siendo abandonada, estaba siendo perenne, para vivir otra etapa de transición a la adultez.

http://www.enplenitud.com/nota.asp?articuloID=803

Depresión y Duelo V

El trabajo del duelo como elaboración de una pérdida
Parte 2

Trabajo del duelo A partir de diferentes estudios se ha encontrado que en el Trabajo del Duelo la persona afectada pasa por una serie de pasos, en un intento por enfrentar y elaborar la situación traumática (tabla). No obstante, el orden de estas etapas no es rígido, de tal forma que el sujeto podría omitir, o repetir una etapa una y otra vez, especialmente cuando el lapso de tiempo es muy largo.

La primera reacción frente a la noticia de una pérdida es la de incredulidad, acompañada de sensaciones como aturdimiento y shock, seguidas por la puesta en marcha del mecanismo de negación. La persona siente que no es posible estar viviendo una situación como la que le ha tocado. Busca de todas formas esconder y alejarse de la realidad en un intento por amortiguar el peso de la noticia.

La segunda etapa corresponde a la experiencia y expresión de sentimientos de rabia e ira. La persona se convierte en alguien difícil de tratar ya que la relación con ella se torna agresiva. Expresa también sensaciones de molestia, desagradecimiento y descontento. El sujeto asume además una posición de crítica excesiva hacia sí mismo y aquellos que lo rodean. Detrás de todas estas expresiones se encontraría implícita la pregunta "¿Por qué yo? ¿Por qué no usted?" en la medida en que siente que la desgracia, el empobrecimiento, la pérdida y en últimas la muerte está de su lado, mientras que el bienestar y la vida están del lado de los demás.

Durante la tercera etapa, la de negociación, la persona disminuye la agresividad ya que hay una aceptación parcial de la realidad irreversible. Esta transacción se realiza, para las personas creyentes, con Dios. Hay una pregunta esencial por el tiempo: ¿por qué ahora? Se trata de una fase en la que persiste algo de esperanza porque el objeto o la circunstancia perdida pueda ser recuperada. En todo caso estarían presentes de manera simultánea aspectos relacionados con la ausencia real del objeto, y la fantasía de que ésta es parcial y reversible.

La depresión constituye el cuarto paso en el proceso de aceptación de la pérdida. La persona manifiesta en esta etapa una actitud de apatía y silencio en relación al mundo exterior debido a que se asume ahora la ausencia del objeto. Así, el sujeto comienza el doloroso y difícil trabajo psicológico para desapegarse de éste. De manera progresiva la persona deja de aferrarse a la imagen que tiene de la persona o situación perdida, retirando de ella la energía psíquica (libido) con la cual estaba revestida (proceso que lleva el nombre de decatectización). Eventualmente se dejan atrás también las expectativas y todas las representaciones mentales relacionadas con el objeto perdido.

La última etapa es la de aceptación y paz: se evidencia que la energía mental retirada de los objetos se concentra en el yo del sujeto, de tal forma que la persona experimenta una estado temporal de narcisismo. La atención se centra entonces en el sí mismo, en detrimento del mundo exterior y de las demás personas. Se acepta ahora aquella situación de ausencia que no es posible cambiar, a partir de lo cual se vive una sensación simultánea de tristeza y serenidad.

Luego de cierto tiempo, el sujeto vuelve a sus actividades cotidianas. De igual forma, las capacidades mentales del doliente vuelven a su estado normal.
Imposibilidad para culminar de manera exitosa el trabajo del duelo

Entre los indicadores del duelo "patológico" o "anormal" están la sensación de culpa en el doliente, por las cosas más que por las acciones, recibidas o no por el superviviente, en el momento de morir la persona. Además se haría evidente en el sujeto cierto pensamiento de muerte más que la voluntad por vivir, con el sentimiento de que el vivo debería haber muerto con la persona fallecida. Hay una preocupación mórbida con sentimientos de inutilidad; enlentecimiento psicomotor; deterioro funcional acusado y prolongado; y experiencias alucinatorias distintas de las de escuchar la voz o ver la imagen fugaz de la persona fallecida.
Se establece también que el sujeto puede considerarse culpable de la muerte ocurrida, la niega, se cree poseído o influido por el difunto, y cree padecer la misma enfermedad que produjo la muerte de éste.

Ahora bien, la persistente bosqueda de unión con el objeto perdido es el principal motivo presente en el duelo patológico. Los síntomas antes anotados se manifestarían a partir de que la persona no ha cortado la relación libidinal mental con el objeto. Entonces son puestos en marcha los mecanismo psicológicos de identificación y de despersonalización. El primero implica que la persona incorpora atributos, gestos o actitudes del objeto perdido, por ejemplo, padecer la misma enfermedad que aquejaba al objeto. Mediante el segundo, la persona se siente perpleja y extraña, experimentando que algo en lo profundo de sí mismo y en el mundo exterior está cambiando.

Conclusiones

El trabajo del duelo constituye un proceso que debe ser llevado a cabo de manera exitosa por aquellas personas golpeadas por un acontecimiento vivido como traumático. Cada individuo, de acuerdo a la magnitud de la situación y a la fortaleza de las herramientas mentales con las cuales cuenta, además del apoyo de otros, llevará a cabo el proceso de manera particular. Su terminación permite a aquellos afectados volver a su vida normal, reconstruyendo su cotidianidad y utilizando esa energía liberada ahora del objeto perdido para emprender nuevos retos, nuevas relaciones, nuevos sueños.

Consejos prácticos
Frente a una situación traumática resulta conveniente tener en cuenta los siguientes aspectos, los cuales permitirán sobrellevar mejor la experiencia:
Es importante desahogarse, que la persona afectada hable de su dolor a otro que lo escuche con interés. De esta manera comparte su experiencia y la repite simb-licamente, en un intento por elaborarla.

Conviene conocer los aspectos implicados con la pérdida y el proceso del duelo, de tal forma que la persona sepa que se trata de algo normal y momentáneo.

El dolor y la desazón que se experimentan no se resuelven saliendo de viaje o dejando la casa en la cual se vivía con la persona que se ha ido, mucho menos desapareciendo todo lo que tuvo que ver con el objeto perdido. Más importante que los cambios en el mundo exterior resultan los procesos mentales (internos) que llevan a culminar el proceso del duelo. Luego de este momento resultaría conveniente emprender remodelaciones en la casa, viajes y demás actividades que no lleven ya la intención de borrar fallidamente recuerdos que sin duda alguna traerán dolor.

Para conservar el recuerdo del que se ha ido es recomendable guardar algunas pertenencias que se consideren valiosas. El resto podrá ser desechado cuando el dolido así lo considere. Guardar todo tal y como qued- o botar compulsivamente hasta el último detalle relacionado con la persona perdida son igualmente inconvenientes. Cada una de estas decisiones debe tomarse según los criterios y deseos particulares del doliente.