Y si el mal que sientes viniera porque miras atras...
"Ni el futuro ni el pasado existen, y no se puede propiamente decir: hay tres
tiempo: pasado, presente y futuro; Más bien, en propiedad debería afirmarse: los
tiempos son tres: un presente de lo pasado, un presente de lo presente, un
presente de lo futuro. En efecto, estos tiempos son una especie de trinidad en
el Alma y yo no los veo fuera de ella, donde el presente de lo pasado es el
recuerdo, el presente de lo presente el momento, y el presente de lo porvenir la
espectativa "


San Agustín

miércoles, 14 de enero de 2009

La educación y el amor en la niñez son una vacuna contra la depresión

Unos padres que sean un modelo de equilibrio emocional y que eduquen con amor a sus hijos están vacunando a estos contra la depresión y la ansiedad. Aunque un pasado desastroso no significa forzosamente tener un futuro malo. Lo asegura el psicólogo Víctor Rodríguez Aguado, y con él coincide su colega Petra Ratia, directora general del gabinete psicológico Dipepsa, quien contesta a las siguientes preguntas.
08.11.07 -
Á. PEÑALVER-

¿Por qué la depresión afecta hoy a tantas personas?
-En primer lugar hay que distinguir entre depresión endógena y exógena. La primera está directamente relacionada con factores genéticos y con alteraciones en ciertos grupos de neurotransmisores cerebrales. La que aquí nos ocupa, la exógena, está más relacionada con factores psicológicos. Vivimos en un tiempo en el que el nivel de exigencia personal, familiar y social está en aumento. Se generan una serie de expectativas sobre las personas difícilmente alcanzables que provocan frustración cuando no se ven cumplidas. También influye el aspecto cultural, la falta de comunicación y la soledad tan acuciante que existe en estos momentos.-¿Hay seres más vulnerables que otros a estos trastornos?-Sí. En la depresión interactúan factores genéticos, de aprendizaje y de personalidad que determinan la susceptibilidad de sufrir este estado anímico. Dependiendo de la presencia e intensidad de esos factores pueden predisponer a unas personas más que a otras.-¿Cuál es la mejor solución?-Depende del tipo y grado de la depresión, aunque la mejor combinación es un tratamiento farmacológico inicial (en la medida que sea necesario) acompañado de una terapia psicológica cognitiva-conductual, donde se intervenga directamente sobre el patrón de pensamiento y se trabaje la ocupación del tiempo libre y la socialización de la persona.-

¿Tiene cura definitiva o un enfermo, una vez superado el trastorno, debe tener miedo a recaer?-La depresión requiere un tratamiento completo y prolongado, ya que se trata de modificar pensamientos y conductas arraigadas profundamente. En ocasiones, la persona estima que un tratamiento ha finalizado cuando comienza a sentirse mejor; sin embargo, no siempre concluye ahí el tratamiento sino que necesita generalizar ese estado y seguimiento para evitar recaídas.-¿Por qué la gente oculta que está con depresión?-Existe un miedo al rechazo por parte de los demás ya que puede considerarse un signo de debilidad en la cultura del fuerte en la que vivimos. Cuando una persona explica abiertamente que sufre una depresión pasa por un proceso previo de aceptación de sí mismo de ciertos aspectos que no conocía, algo que no todo el mundo está dispuesto a reconocer públicamente.-

¿Se puede prevenir?-
Rotundamente sí. Fundamentalmente a través de la educación. Es importante la detección precoz de pensamientos desadaptativos y patológicos que se aprenden desde la niñez y que hay que reaprender posteriormente para una óptima salud mental.-

¿Si muchos familiares míos han tenido depresión estoy totalmente condenado a padecerla?-
No se está condenado a tener depresión pese a que exista cierta susceptibilidad genética ya que no sólo existe ese factor; no obstante es muy importante no transmitir o adquirir esos modelos de pensamiento.

El pudor
«Todas las personas tienen probabilidades de tener un problema emocional», asevera el terapeuta de la Clínica Arabial, Víctor Aguado. Si eso es así, ¿por qué da tanto pudor reconocer que tenemos ansiedad, depresión o ciertas fobias?
La primera razón -según este experto- es que muchas personas ni siquiera saben que padecen un problema psiquiátrico o emocional. «Si no lo remedian pronto, al final tienen una sensación pegajosa de enfermedad que no se pueden quitar de encima».
Segundo motivo de esta estigmatización: los problemas psicológicos están asociados a la locura. «Locura no permite distinguir realidad de ficción. Los pacientes con ansiedad y depresión disciernen perfectamente», esclarece Víctor, quien apunta que la familia muchas veces no hace caso a estas personas. «Tranquilo, ya se te pasará es la respuesta que reciben gran parte de los angustiados. Eso, obviamente, no sirve para nada y lleva al aislamiento y silencio del enfermo», explica el psicólogo.

http://www.lavozdigital.es/cadiz/20071108/sociedad/educacion-amor-ninez-vacuna-20071108.html

Sobre depresión duelo y melancolia

Adriana Dreizzen
Frecuentemente, en la clínica cotidiana las consultas giran en torno a un estado de depresión que comporta además de humor triste, inhibición generalizada, abulia, falta de energía y trastornos del apetito y del sueño que varían desde una marcada disminución a un exceso desenfrenado.
Si bien es cierto, que desde que Freud presentara las particularidades del duelo y la melancolía en el célebre texto de 1915, nos hemos valido de esas categorías diagnósticas para nuestra práctica, cabría reflexionar qué lugar otorgar a un término tan difundido como es el de la “depresión”.

¿Qué diferencias comportan estos términos, depresión, duelo y melancolía? Una pregunta que me parece permitiría avanzar en esa distinción es si la inhibición generalizada, la dificultad para levantarse que acusan los pacientes con depresión, la astenia y abulia es siempre consecuencia de una pérdida afectiva o podrían responder a otros factores que afectan la estructura. Creo que si bien fenomenológicamente no presentan notorias distinciones, poder distinguirlos tiene consecuencias en la dirección de la cura.
Comencemos por la definición del término “depresión” tal como la ofrece el diccionario. Depresión: hundimiento. Pérdida de las fuerzas. Estado de melancolía que hace perder el ánimo. Se aplica “depresión económica” al estado circunstancial de un asunto que sufre disminución de actividad.
De esta definición es interesante subrayar, que además de equiparar a la depresión con la melancolía, menciona el compromiso de la pérdida de las fuerzas, y destaca el uso del término para señalar como funciona la economía de mercado.
Aunque no son términos homogéneos, podemos arriesgar proponer que tanto en el duelo, en la melancolía y en la depresión, el factor económico de la economía libidinal está en baja.
Depresión es un término de uso intensivo y a veces abusivo, y que actualmente ocupa algunas páginas en el Manual del DSM lV, con lo cual se ha propagado fuertemente su uso.
En el DSM IV, la depresión se encuentra entre los trastornos del estado de ánimo que incluyen una alteración del humor (tristeza ). Además, entre las características que comprende dicho episodio, se describen: disminución del interés y la capacidad para el placer en todas o casi todas las actividades, irregularidades en el sueño y en el apetito, sentimiento de culpa excesivo, falta de energía, inhibición psicomotora, dificultad para pensar, concentrarse o tomar decisiones.
Dicho trastorno depresivo recibe en este manual nosográfico una clasificación y numeración acorde con la intensidad del episodio depresivo (leve, moderado o grave ) o acorde a si está acompañado de otras particularidades, como fenómenos psicóticos o episodios maníacos o hipomaníacos ( a estos últimos se los denomina bipolares).
Sin duda, como otras de las clasificaciones de esta índole, son minuciosamente descriptivas en el afán de comprender al mayor número de casos clínicos, sin dejar ninguno afuera, soslayando la singularidad del caso por caso.
Retornemos a la pregunta del inicio ¿Qué lugar asignarle a la depresión respecto del duelo y de la melancolía?. Podemos afirmar que los tres comparten la descripción fenomenológica; sin embargo, quiero proponer que no son términos homogéneos. Señalaré algunas cuestiones que permitan ahondar en su distinción.
Hagamos una revisión histórica del término depresión en los historiales freudianos. Hallamos que allí es frecuente el empleo del término “depresión “ en muchos de los casos clínicos de neurosis descriptos. Emma, Lucy, Isabel de R, Dora, Juanito, el hombre de los Lobos, todos ellos padecían estados depresivos.
Freud, en sus “Estudios sobre la Histeria”, proclama que pocas veces en la neurosis faltan rasgos de depresión y expectación angustiosa.
La depresión parece ser uno de los denominadores comunes a lo que de padecimiento, tienen las neurosis. Además de los síntomas histéricos, obsesivos o fóbicos, las características de la depresión parecen estar presentes en muchos de quienes acudían al maestro vienés para atenuar sus dolencias.
Sin embargo, Freud nunca la aparta o la describe como una entidad nosológica en sí misma, reserva para reunir las características fenoménicas de la depresión al duelo y a la melancolía, tallando sus diferencias.

Estos términos numerosas veces se intercambian y se superponen. Una nota de James Strachey al inicio del célebre “Duelo y melancolía”, explica que lo que Freud llamaba melancolía es lo que ahora suele describirse como estados de depresión. Confirma esta afirmación la apreciación que en “Inhibición, síntoma y angustia” ,hace el padre del psicoanálisis. Allí, hablando de ese estado de inhibición generalizada que acompaña los estados depresivos, trae el ejemplo de un enfermo de neurosis obsesiva que quedaba sumido en una fatiga paralizadora, durante uno o varios días, en ocasiones que habrían debido provocar un acceso de ira. “A nuestro juicio- agrega-, debe tener aquí su punto inicial un camino que habrá de conducirnos a la comprensión de la inhibición general característica de los estados graves de depresión, y sobre todo de la melancolía, el más grave de tales estados.”
El duelo, en cambio, es la reacción frente a una pérdida, que puede ser más o menos lejana en el tiempo, pero que al involucrar a alguno de los objetos ideales, en tanto objetos de amor, del sujeto es insustituible y reclama una elaboración, llama a que todo el universo simbólico aporte letras para subsanar la pérdida acaecida. En ese sentido, por más doloroso que resulte un duelo puede ser la ocasión para reinscribir la falta que engendra al sujeto, reposicionarlo respecto de la pérdida del objeto, conmoverlo de un lugar de goce. Es por esta senda que entendemos porqué Lacan le asigna una función al duelo. Recordemos que, si Freud propone una elaboración para los duelos, Lacan también le asigna una función.

Freud, en el “Manuscrito G” define a la melancolía como el duelo por la pérdida de libido. Podríamos arriesgar, a modo de conjetura, que en la melancolía, en los momentos instituyentes en lugar de la investidura fálica, tiempo en que la mirada del Otro sostiene el júbilo anticipatorio de la armonía de la imagen especular, prevaleció una deficiencia del objeto, mirada en la constitución del yo ideal.
En la melancolía, la intensa rebaja en la estima del yo comprende la pérdida de un objeto que no estaba en el campo de la conciencia, no se trata de una pérdida en el yo sino a nivel del “yo ideal”, que en el esquema óptico se presenta como i(a). Por eso, en la melancolía la falla en la estructura repercute a nivel de la constitución imaginaria del yo.
Mientras que en el duelo el sujeto sabe lo que perdió, en la melancolía difícilmente pueda establecerse de qué pérdida se trata, o como lo dice Freud, “sabe a quién perdió, pero no lo que perdió en él. “Probablemente se trate en esta ambigüedad de una ausencia de investidura libidinal en un tiempo mítico de cristalización imaginaria, con lo cual la melancolía reviste ese carácter de perdurabilidad que la hace tan reticente a avanzar en los tiempos lógicos de elaboración propia de los duelos.
El cuerpo melancolizado parece agobiado, apesadumbrado por el peso de la sombra de un objeto. Sabemos de la eficacia de lo imaginario sobre lo real y desde hace años me sorprende a veces la llamativa , oscuridad ojerosa del contorno de los ojos, de algunos pacientes que llegan con ese penoso diagnóstico.
En las melancolías - me parece apropiado reservar el término melancolía para algunos casos muy severos de derrumbe subjetivo -, la demanda en ocasiones es por un fármaco, “déme algo”. Creo leer allí un reclamo para que algo interceda en lo real a través de la incorporación de un cuerpo, el fármaco. ¿Representará esta demanda la ingesta de la comida totémica, la posibilidad de incorporar un padre, un trozo del cuerpo del padre?
Abordando estos temas, encontré en el “Seminario de la Angustia” que Lacan menciona dos ciclos de posicionamiento del sujeto en su constitución respecto del Otro y de la pérdida de objeto que esa operación involucra.
Al primero lo denomina “duelo - deseo” y al otro “manía- melancolía”. El primero vehiculiza que el sujeto, frente a lo real de la vida, tenga una disposición a tramitar las pérdidas y la función del duelo rehabilite la vía del deseo. El ciclo manía - melancolía no permitiría en cambio lo auspicioso del trabajo de duelo. Tomando aquella frase del seminario Xl que afirma que “una carencia engendrada en el tiempo precedente sirve para responder a una carencia suscitada por el tiempo siguiente”, podríamos decir que en este ciclo no hay inscripción de aquella carencia original, precedente, para responder luego a las carencias suscitadas subsiguientemente.
Lacan explicita que en el ciclo manía-melancolía lo que está en juego es la no-función de a. ¿Qué significa que no haya función de a en la estructura ? .Sabemos de la constitución del a por su función en el fantasma. ¿Qué consecuencias tiene la omisión de su función? ¿Si no hay función de a, es posible que haya función de duelo?
Me atrevería a decir que, si no hay función de a, entonces difícilmente un sujeto inmerso en la melancolía o en la manía tenga predisposición a la instauración de la transferencia analítica. En ocasiones, es frecuente escuchar una ausencia de credibilidad en la palabra, un negativismo extremo, acompañado de una disminución marcada de la energía ; desinterés y apatía.
En la melancolía se trata de un duelo imposible por la ausencia de la función del objeto a. Maniobras en la transferencia, desde los registros de lo imaginario y lo real, darán cuenta de la posibilidad de que el analista se aloje como semblante del objeto a para que el recorrido de un análisis, pueda ser transitado. El aprés-coup dirá de su eficacia.

Un hecho de la crónica cotidiana (lo llamo así por la asiduidad con que se presenta últimamente), me indujo a una hipótesis que a continuación detallo.
Un paciente entra a sesión y cuenta que un par de días atrás le habían robado. Refiere que había retirado dinero de un banco para pagar la cuota de un departamento y paró un taxi que a mitad de camino el auto se detuvo. Subieron dos hombres armados, en estado de exaltación, apuntándole con un revolver, y maltratándolo le extrajeron el dinero que llevaba, para luego arrojarlo del taxi en una calle desconocida.
Explicaba, haciendo referencia al triste episodio: “Te dejan temblando, te gritan, te insultan, te crean pánico. Sentís impotencia y bronca .”
Lo que decía era que no había podido recobrar sus energías, que se sentía débil. Explicaba que de por sí el robo del dinero le había traído complicaciones, pero más le afectaba que le habían sustraído algo más que el dinero. Se sentía sin fuerzas, exhausto. Este estado perduró por algunas semanas. Trajo luego algunos sueños, uno de un chico aprisionado en un pozo, que hacía un gran esfuerzo para salir, pero era infructuoso. Lo asoció al encierro con su madre y a los maltratos de ella para con él cuando quería salir. Luego, esa inhibición generalizada cedió.
Sin embargo, durante bastante tiempo seguía refiriéndose al asalto como una situación de intimidación frente a un Otro loco y armado, que podía ejercer un abuso frente a su indefensión y acabar con su vida.
Como decía, intentaba distinguir para pensar sus incidencias en la dirección de la cura depresión, melancolía y duelo. Mi pregunta era en torno al estado de agobio, desinterés, cansancio, debilidad, falta de energía, que persiste o resurge en algunos casos de depresiones o melancolías larvadas, en las que la pérdida de un objeto amoroso no se distingue claramente, no se recorta en el discurso, pero lo que predomina más que el humor triste es el desgano, la falta de energía, a veces la fatiga. Pregunto : ¿estas manifestaciones clínicas que acusan algunos pacientes con depresiones o melancolizaciones neuróticas tendrán relación con un posicionamiento frente a un Otro, a la arbitrariedad de un Otro que de un modo u otro es letal, mortífero para la subjetivación?
El relato de este joven me retrotraía a la descripción que Lacan ofrece en el Seminario X sobre la angustia frente a la Mantis Religiosa, insecto homicida, paradigma de un Otro amenazante y bajo el cual pende el destino de un sujeto en extrema inermidad.
¿Qué queremos decir, cuando decimos que el Otro puede ser mortífero para el sujeto de diferentes modos ?. La hipótesis que planteo es que, desde cada uno de los registros, el Otro puede resultar letal al acceso a la subjetividad del cachorro humano.
El Otro, como dice repetidas veces Lacan, es el lugar donde se sitúa la cadena significante que gobierna todo lo que podrá presentificarse del sujeto, ese Otro es esencialmente, genuinamente requerido para la subjetividad. Lo problemático de esto es que por un lado ese Otro es imprescindible para la subjetividad, pero además, es un Otro en el que esencialmente lo que se manifiesta es la pulsión, y la pulsión es siempre pulsión de muerte.
Entonces, una primera hipótesis que me gustaría plantear es que, mientras en el duelo se trata de la reacción por la pérdida consciente de un objeto amado, en la depresión y en la melancolía la pérdida permanece sustraída de la consciencia. Por eso, en estas dos presentaciones clínicas la dirección de la cura requiere priorizar el recorrido del entramado de la relación del sujeto con el Otro y desglosar lo que el Otro no pudo ceder, perder para la ganancia libidinal del cachorro humano.
En la conferencia tercera, Lacan presenta un nudo borromeo en el que en el registro de lo real coloca la vida, en el de lo imaginario el cuerpo, y en el de lo simbólico la muerte.
Siguiendo con lo nuestro, y jugando con estos términos - vida, cuerpo y muerte -, podemos arriesgar decir que si lo letal del Otro es en el registro de lo real, registro hegemónico de la vida, es la vida del infans que correrá grave riesgo, por deficiencia en los cuidados prodigados. El Otro no ofreció su vida, su tiempo real para esos cuidados, imprescindibles para la crianza.
Cuando lo letal recubre el campo imaginario, es en el cuerpo, en la imagen del cuerpo ( Lacan escribe “cuerpo” en la cuerda de lo imaginario), en lugar del brillo agalmático que la mirada brinda cuando proviene del amor, cae la sombra, no se produce la investidura agalmática del yo, no hay júbilo frente al espejo por la armonía del cuerpo reflejado. Sobreviene entonces la melancolía.
Silvia Amigo, en su libro “Clínica de los fracasos del fantasma”, define a la melancolía como una patología dentro del campo imaginario del narcisismo. Propone que en el nudo borromeo, paradigma de la estructura subjetiva falta el trazado del borde imaginario del objeto a, lo que agujerea el imaginario, lo que crea el (-fi). El (-fi) es la reserva libidinal operatoria con la que cuenta un sujeto para relacionarse con sus semejantes, es la libido a disposición para investir los objetos del mundo, se gesta por el circuito pulsional de la mirada en el estadío del espejo.
En cambio, en las melancolizaciones larvadas o depresiones, que reaparecen permanentemente y encuentran dificultades agobiantes para entrar en las vías del deseo, lo que propongo pensar es que el deseo está narcotizado. El Otro primordial en estas ocasiones, me parece, se enarbola en un lugar de plenitud, escatimando ofrecer su muerte. Si el Otro se admite mortal, ofrece su muerte, ofrece su castración, propicia que el sujeto encuentre los carriles singulares del deseo, los trazos a los qué identificarse más allá del Otro, más allá del yo ideal que el Otro le proponía.
Creemos que en esta vertiente para diferenciar duelo de depresión se hallan los desarrollos de Ricardo Díaz Romero cuando propone que mientras en el duelo se trata de “ la pérdida de un objeto de amor”, la depresión sería una reacción relativa al valor falo y a la castración.
Que el Otro ofrezca la muerte implica el saberse mortal, soportar que a nivel del hijo, de la descendencia, no posee un saber abarcativo o preconcebido, admitir no poseer un saber totalizante del por-venir. Se podrán entonces soportar las vacilaciones, tolerar la angustia de los tiempos del crecimiento y los impasses que provocan los inexorables encuentros con lo real, en la constitución de la estructura.


Fuente: Agradecemos a la autora la gentileza de habernos brindado para publicar este trabajo, inédito en formato digital y perteneciente a su libro "Los tiempos del duelo" de Ed. Homo Sapiens
http://www.herreros.com.ar/melanco/adreizzen.htm

Depresión y estrés materno afectan al feto

CRISTIAN M. GONZÁLEZ S.
Martes 5 de octubre de 2004

Exigencias laborales y domésticas, así como problemas emocionales pueden sobrecargar a una mujer embarazada y llevarla a un estrés y, luego, a una depresión. El hijo in útero no se mantiene inmune.
Un estudio de la Universidad de Chile comprobó que un alto porcentaje de las chilenas embarazadas tiene síntomas depresivos y no recibe tratamiento.
CRISTIAN M. GONZÁLEZ S.

Los nueves meses que suelen preceder al nacimiento de un hijo no siempre son tan dulces y tranquilos como todas las madres quisieran. El estrés, la ansiedad y la depresión son cuadros que también se instalan en mujeres embarazadas, con consecuencias por partida doble: sus futuros hijos tienen mayor riesgo de hiperactividad, problemas de comportamiento, cólicos, trastornos del sueño e incluso anorexia, entre otras patologías.
"Si una mujer está estresada o deprimida, producirá neurotransmisores que pueden ser altamente tóxicos para el desarrollo del sistema nervioso y las neuronas del hijo", explica la doctora Mónica Kimelman, siquiatra y académica de la Universidad de Chile.
El problema es que no todos los casos son identificados. Un estudio realizado por especialistas de la Universidad de Chile en el consultorio del Hospital Barros Luco arrojó que el 62% de las mujeres embarazadas tienen síntomas depresivos y el 20% sufre un cuadro depresivo o una depresión mayor, pero no han sido diagnosticadas.
"Muchas madres ya estaban deprimidas cuando se embarazaron, otras habían acarreado síntomas depresivos por largo tiempo y, en otros casos, comenzaron a estresarse a raíz del embarazo o porque sufrieron un evento traumático durante ese período", comenta la siquiatra Livia González, una de las investigadoras.

Pese a que el estudio abarcó sólo a 52 embarazadas con más de 24 semanas de gestación, las especialistas estiman que los resultados son un buen indicador de lo que pasa a mayor escala.
Por eso, están interesadas en promover la introducción de una pauta de detección precoz de depresión y estrés en el control prenatal. Hasta ahora, "no se hace de manera estandarizada ni está incluido en un programa nacional oficial. Depende mucho de la relación de la futura madre con su ginecólogo o la matrona; de la susceptibilidad de éstos para advertir algún síntoma", dice Livia González.

La idea es que se realice una primera evaluación en el tercer mes de embarazo, a más tardar, aplicando la pauta de Edimburgo, un cuestionario de diez preguntas -validado oficialmente en Chile- que permite identificar síntomas depresivos.
Intoxicación fetal
En rigor, estrés y depresión no son lo mismo, pero afectan de manera similar a la mujer embarazada y al feto. El primero puede surgir a consecuencia de, por ejemplo, situaciones de violencia (física o verbal), exceso de trabajo, problemas emocionales o laborales, duelos o enfermedades (que afecten a la madre o al hijo que viene en camino).
"El estrés materno se manifiesta en la mujer con trastornos de sueño, insomnio, ansiedad, impaciencia", explica la doctora Mónica Kimelman.
A lo anterior se asocia una mayor labilidad emocional y pensamientos y expectativas negativas sobre ella o el bebé. "Cualquier mujer que esté sometida a un estrés importante puede desencadenar síntomas depresivos y, posteriormente, una depresión", que se caracteriza por una baja en el estado de ánimo, alteraciones de los ritmos biológicos y un malestar general.
El gran problema es que muchas veces la depresión se presenta sin que nadie se dé cuenta. "Cuando las mujeres comentan a sus familiares lo que les está ocurriendo, ellos tienden a minimizar los problemas, atribuyéndolos a cambios hormonales", comenta la doctora Livia González.

"Las depresiones tienen una evolución de unos siete meses, eso lleva a que la mujer embarazada se cuide menos, siga menos las instrucciones, se prepare menos para esperar a este hijo", comenta la especialista. Luego, cuando el niño nace, hay una menor disponibilidad hacia él, se ve sobrepasada más rápido y atiende menos sus señales. "Eso incide en la crianza del niño, en el apego y el vínculo. No se pone en sintonía con el bebé, hay una interaccion no armónica".
En forma paralela, el cortisol, un neurotóxico que se libera cuando hay estrés y ansiedad, pasa directamente al feto en el útero, provocando cambios en el funcionamiento neuronal, que se extiende hasta los dos años de vida del niño. "Los efectos de aquella intoxicación se ven a largo plazo", explica la siquiatra Mónica Kimelman.
¿Ejemplos? Déficit atencional, hiperactividad, trastornos del sueño o de alimentación, así como en la capacidad de una persona para tolerar el estrés. "En la etapa pre y posnatal (primeros años de vida) se configura la regulación emocional y hormonal que determinará cuál es el umbral de la persona para expresar su estrés y en qué cantidad", agrega Kimelman.
Por eso es tan importante tratar a las madres a tiempo, aseguran las especialistas.
"Cuando se detectan síntomas de depresión o estrés, se puede derivar a talleres y terapias, o a tratamientos farmacológicos después del tercer trimestre de embarazo (antes no es recomendable, ya que las drogas pueden alterar el período de formación de algunos órganos)", precisa la doctora González.

Las mujeres intervenidas mejoran mucho y, aunque no todas lleguen a una situación ideal, alcanzan un estado aceptable para su salud y, en especial, para la del hijo que está en camino.
Primer paso

La Escala de Depresión de Edimburgo ayuda a los médicos a identificar posibles casos de depresión. A cada pregunta se responde con "nunca", "casi nunca", "a veces" o "con frecuencia", según los sentimientos de la última semana. El resultado será evaluado por un médico.
1. ¿He sido capaz de reír y ver el lado divertido de las cosas?
2. ¿He mirado las cosas con ilusión?
3. ¿Me he culpado innecesariamente cuando las cosas han salido mal?
4. ¿Me he sentido nerviosa o preocupada sin tener motivo?
5. ¿He sentido miedo o he estado asustada sin motivo?
6. ¿Las cosas me agobian?
7. ¿Me he sentido tan infeliz que he tenido dificultades para dormir?
8. ¿Me he sentido triste o desgraciada?
9. ¿Me he sentido tan infeliz que he estado llorando?
10. ¿He tenido pensamientos de hacerme daño?
CIFRAS
EL 62% DE las mujeres embarazadas tiene síntomas depresivos y el 20% padece un cuadro depresivo o una depresión mayor, pero no han sido diagnosticados.
Términos y Condiciones de la información© El Mercurio S.A.P

http://diario.elmercurio.com/2004/10/05/sociedad/sociedad/noticias/1CFCFE2A-FA7B-4633-9C54-4F2B07599A38.htm?id={1CFCFE2A-FA7B-4633-9C54-4F2B07599A38}

Depresión :Cuidados en el hogar

Se puede brindar alivio a los síntomas depresivos leves mediante la mejoría de los hábitos saludables que ofrezcan sueño adecuado y regular y una buena nutrición. El ejercicio regular también es útil. De igual manera se recomienda la disminución del consumo de alcohol y otras drogas ya que pueden agravar los síntomas depresivos. La incorporación a actividades placenteras saludables como recreación y actividades creativas, así como el permanecer involucrado con la familia y los amigos ayuda a mejorar el humor de una persona.
Se recomienda obtener apoyo de las personas en la red social y familiar del paciente. Es de recordar que la atención de otras personas ayuda a aliviar el aislamiento que a menudo acompaña los sentimientos de depresión. La conversación con consejeros clericales o espirituales puede dar significado a las experiencias dolorosas y la oración o la meditación pueden alcanzar fuentes interiores de fortaleza.

Si una persona reconoce que es pesimista y autocrítica de manera crónica, puede encontrar de utilidad para combatir el pensamiento depresivo los libros de autoayuda, que por lo general comprenden un programa de ejercicios para identificar las percepciones distorsionadas y sustituirlas por unas más realistas. Pero cuando la persona o uno de sus cercanos no puede desprenderse de estos sentimientos en unas pocas semanas o con la ayuda de las fuentes mencionadas, puede ser necesario que se ponga en contacto con el médico ya que puede estar sufriendo de depresión mayor.

Se debe llamar al médico si: La depresión interfiere con el trabajo o la vida familiar por más de 2 semanas. La depresión es tan severa que se contempla el suicidio. ¡Se debe pedir ayuda inmediata! y si no se encuentra al médico de cabecera, muchas comunidades tienen líneas telefónicas directas para tales situaciones. Si no hay tal servicio disponible, se debe llamar a la sala de emergencias u hospital más cercano. Hay sospecha que los medicamentos que se están tomando pueden estar causando la depresión.

Lo que se puede esperar en el consultorio médico: Se hace la historia médica completa, una entrevista siquiátrica y se realiza un examen físico para determinar si la causa de la depresión es física o sicológica. Por lo general se recomienda hospitalización cuando se teme el suicidio.
Es de esperar alguna exploración de los asuntos y eventos asociados con los sentimientos de depresión. El médico interrogará en detalle acerca del estado depresivo y otros síntomas asociados (sueño, apetito, concentración, energía). Se preguntará al paciente acerca de los factores estresantes actuales y del sistema de apoyo. Se preguntará a la persona si alguna vez han cruzado por su mente ideas de terminar con la vida y se interrogará acerca del consumo de alcohol y drogas y de los medicamentos que la persona está tomando en la actualidad, si los hay.

El médico puede prescribir medicamentos, pero el tratamiento varía de acuerdo con la causa y severidad de los síntomas depresivos así como las preferencias del paciente. Si la persona está tomando otros medicamentos que causan depresión, puede ser necesario cambiarlos. NO SE DEBEN CAMBIAR LOS MEDICAMENTOS SIN CONSULTAR CON EL MÉDICO.

Puede ser recomendable la asesoría para los síntomas depresivos leves así como algunas de las medidas de autocuidado mencionadas anteriormente.
Para la depresión entre moderada y severa se pueden prescribir medicamentos antidepresivos (ver depresión mayor para más información acerca de los antidepresivos). También se puede recomendar sicoterapia. Se han desarrollado varios tipos de sicoterapia enfocada que son tan efectivos como los medicamentos para tratar la depresión. La selección de medicamentos, sicoterapia o ambos se puede efectuar sobre la base de la preferencia del paciente y la disponibilidad de los tratamientos. Con el fin de evitar ataques recurrentes de depresión es importante finalizar el curso del tratamiento.

Para las personas que se encuentran deprimidas tan severamente que no son capaces de desempeñarse o que tienen una tendencia suicida tan aguda que no pueden ser atendidas en la comunidad con seguridad, puede ser necesaria la hospitalización siquiátrica.

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http://www.kernanhospital.com/esp_ency/article/003213trt.htm

SE ACABÓ LO BUENO: DEPRESIÓN POST-VACACIONAL

Cuando el cuerpo se acostumbra a una situación, y más cuando es de descanso y relax, puede costar devolverle a la rutina de la vida laboral o doméstica. La respuesta es un estado apático, de cansancio y desencanto, que podría derivar en un estado depresivo mayor.

Pocos son los lunes que motivan a levantarse de un salto y dirigirse sonriendo al lugar de trabajo. Lo mismo, pero a mayor escala, ocurre cuando se vuelve de vacaciones, un período en el que el cuerpo ha desconectado y ha variado su ritmo. Ahora toca volver a acostumbrarlo, y para ello hay que hacerse a la idea poco a poco.
El regreso
Las vacaciones suponen, en la mayoría de los casos, períodos de descanso en los que las personas aprovechan para alejarse de las responsabilidades de cada día, y se cambian los hábitos rutinarios que se han adquirido día a día durante el resto del año. Se trata de un cambio de ritmo que no resulta agradable para todas las personas.
Al volver al trabajo se experimenta una sensación de disforia, en la que el individuo no está a gusto consigo mismo, con la tarea que realiza, no tiene ganas de emprender ninguna actividad, o de retomar la que realizaba antes de vacaciones. Todo esto puede llevarle a sufrir un estado depresivo transitorio.

Atención a los primeros síntomas
Los primeros días costará adaptarse al nuevo horario, por lo que se vive en un estado de somnolencia. Cuesta mucho concentrarse en una tarea, no se tiene ganas de nada y, encima, las horas se hacen interminables. Algunos de los síntomas físicos, pueden ser taquicardias, mareos, cefaleas o excesiva sudoración.
Entre los síntomas psicosomáticos están la ansiedad, intranquilidad, el estrés, la apatía, o el insomnio. El individuo se sume entonces en un estado de angustia, en el que no encuentra ninguna motivación para el trabajo.

A quiénes afecta
El grado en que puede afectar a cada persona depende de muchos factores, entre ellos su carácter personal, pero también el grado de satisfacción laboral que tenga. Al igual que hay niños a los que la vuelta al cole supone algo positivo, también hay adultos para los que las vacaciones suponen períodos de inactividad, y necesitan por tanto volver a ocupar sus horas.
A casi nadie le gusta volver a la rutina del trabajo o de las obligaciones diarias, pero entre esas persona hay grupos a los que la depresión post-vacacional puede afectar en mayor grado. Así, aquellos trabajadores cuya situación laboral no sea muy estable, pueden caer en estado depresivo, ya que su época de vacaciones la han pasado pendientes de su trabajo, y no han conseguido desconectar.
También es habitual que afecte a las personas cuya ocupación implique estar en contacto con otras personas, como maestros, médicos, funcionarios, etc. Pero no hay que olvidar que no afecta sólo a los trabajadores asalariados, sino que para las amas de casa también supone una ruptura; vuelve la monotonía del hogar.

Los niños después de vacaciones
Los niños también pueden sufrir este tipo de depresión post-vacacional, ya que son más sensibles al cambio que experimentan respecto de las vacaciones. Puede haber niños a los que la vuelta al colegio suponga un reencuentro con amigos, ocupar las horas, y estrenar cosas nuevas, después de que los últimos días de vacaciones se hayan aburrido, sin saber qué hacer, y con sus padres trabajando.
Pero para otros niños la vuelta al colegio puede suponer enfrentarse a situaciones incómodas, aceptar responsabilidades, pierden la libertad de la que disponían en vacaciones. No hay que preocuparse excesivamente, porque lo superan con rapidez.


CONSEJOS PARA EVITAR LA DEPRESIÓN POST-VACACIONAL

Este tipo de depresión aparece después de disfrutar de un período de desconexión, de descanso, así que el primer consejo será el de intentar desconectar verdaderamente del trabajo y de las obligaciones que se dejan atrás, y que esperan al regresar. Hay que valorar el tiempo de ocio de como tal.
Hay que plantearse nuevas metas y objetivos, para buscar un elemento de motivación no sólo en el ambiente laboral, sino también en tu tiempo personal. Se debe cambiar también la manera de trabajar, buscar nuevas rutinas, involucrarse en otros ámbitos, o ampliar la formación. Cualquier detalle será un toque nuevo de interés.
Aunque la vida laboral ocupe parte importante del tiempo, no hay que olvidarse de la vida personal de cada uno, y cuidar las relaciones personales. Resulta muy positivo organizar ese tiempo libre y realizar algunas actividades, ya sean deportivas, de ocio (manualidades, cine, teatro,...), o colaborar como voluntario con alguna asociación.
El trabajo debe ser una actividad que resulte gratificante para la persona como elemento de realización personal, o que al menos no cree angustia ni desesperanza. La máxima debe ser “trabajar para vivir”, y no “vivir para trabajar”. Para ello hay que respetar el horario de trabajo, y no realizar horas extras, porque a pesar del dinero que puedan suponer, también significan la privación de tiempo libre necesario para cada uno.
También es esencial dejar los problemas de trabajo en el lugar y horario de trabajo, no llevarlas a casa ni a las relaciones personales. Por tanto, tampoco habrá que cargar con trabajo en casa. El hogar debe ser lugar personal, y no laboral.

Ainara García

http://www.mundogar.com/ideas/ficha.asp?FN=4&ID=11365
Depresión grave
Definición: La depresión afecta la manera en la que una persona se siente acerca de sí misma, como come y duerme y como piensa acerca de las cosas. La mayoría de las personas que sufren de depresión tienen sentimientos abrumadores de tristeza, desesperanza y abandono. El suicidio es un peligro si la persona está deprimida.
Nombres alternativos: Depresión unipolar; Trastorno depresivo grave
Causas, incidencia y factores de riesgo: Se desconoce la causa exacta de la depresión. Algunos investigadores creen que puede ser causada por desequilibrios químicos en el cerebro que pueden ser hereditarios a causados por eventos en la vida de una persona.
Algunos tipos de depresión parecen circular en familias pero ésta también se puede presentar en personas que no tienen antecedentes familiares de la enfermedad. Los cambios de vida tensionantes también pueden desencadenar la depresión en algunas personas. Por lo general en el desarrollo de la depresión están involucradas una combinación de factores psicológicos, ambientales y hereditarios.
La depresión grave se presenta en todos los grupos de edad y es más común de lo que se puede imaginar. Cada año más de 19 millones de Americanos, hombres y mujeres de todas las edades, razas y niveles económicos sufren depresión y hay un aumento de la incidencia en las mujeres.
Muchas mujeres son especialmente vulnerables a la depresión después del parto como resultado de los cambios hormonales y físicos que han experimentado. Mientras las nuevas madres pueden experimentar comúnmente _melancolía_ transitoria, la depresión no es normal y requiere tratamiento.
La depresión también puede verse en adolescentes y niños y a ellos también les puede beneficiar el tratamiento.


Síntomas: tristeza permanente que perdura por más de 2 semanas pérdida de interés o placer en actividades cotidianas que antes se disfrutaban (incluyendo el sexo) pérdida del apetito y/o pérdida de peso, o comer en exceso y ganancia de peso trastornos del sueñopérdida de energía o fatigacomportamiento lento o hiperactivo sentimientos de inutilidad, desesperanza y pesimismo dificultad para concentrarse, tomar decisiones y recordar pensamientos de muerte o suicidio en algunas culturas los síntomas más prominentes pueden ser malestar físico, debilidad y _nervios_ en niños y adolescentes el humor tiene más probabilidades de ser irritable (ver depresión adolescente) si la depresión es muy severa puede estar acompañada de síntomas psicóticos como alucinaciones y delirios que por lo general son consistentes con el humor deprimido y muchos se concentran en temas de culpa, incapacidad personal o enfermedad la depresión también puede aparecer como irritabilidad, rabia y desaliento en vez de sentimientos de desesperanza y abandono.

Tratamiento: La depresión puede tratarse con medicamentos y/o con asesoría. La mayoría de las personas se benefician de una combinación de los dos. Algunos estudios han demostrado que la terapia con antidepresivos combinados con psicoterapia parece ofrecer mejores resultados que una sola terapia.
Entre los tipos de psicoterapia que se han demostrado particularmente efectivos para tratar la depresión se puede mencionar la terapia interpersonal, la terapia de grupo y la terapia cognitiva/conductual. La terapia de medicamento antidepresiva combinada con la psicoterapia parece tener mejores resultados que una sola terapia.
Grupos de apoyo: El estrés causado por la enfermedad se puede aliviar al participar en un grupo de apoyo, donde los integrantes comparten experiencias y problemas en común. Ver grupos de apoyo para depresión.
Expectativas (pronóstico): Por lo general, el resultado con el tratamiento es satisfactorio. Aunque la mayoría de los episodios depresivos se pueden tratar efectivamente con medicamentos, psicoterapia o ambos, la depresión es un problema recurrente para muchas personas. Para las personas que han experimentado episodios repetidos de depresión puede ser necesario tratamiento de mantenimiento para evitar recaídas futuras.
Situaciones que requieren asistencia médica: Se debe consultar al médico o al profesional de salud mental si cualquiera de los síntomas interfiere con la capacidad de la persona para desempeñarse. Es especialmente importante consultar al médico si se siente que no vale la pena vivir la vida o si vienen a la mente pensamientos de autodestrucción.

Prevención: Algunos episodios de depresión se pueden evitar mediante el aprendizaje de técnicas de manejo efectivo del estrés; evitar el abuso de alcohol, drogas y cafeína; hacer ejercicio con regularidad y conservar buenos hábitos de sueño. Muchos episodios de depresión no se pueden prevenir. Las recurrencias se pueden prevenir con tratamientos que contemplan medicamentos e intervención psiquiátrica.

Fecha de revisión: 2/17/2002
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Depresión mayor



Definición La depresión mayor es un trastorno del estado de ánimo con sentimientos severos y prolongados de tristeza o síntomas relacionados que dificultan la eficiencia.
Síntomas Los síntomas de la depresión mayor pueden incluir un estado de ánimo deprimido; desesperación; inutilidad; mal apetito con pérdida de peso; aumento de apetito con aumento de peso; incapacidad para dormir o dormir demasiado; agitación; desaceleración general; pérdida del interés o placer en las actividades que solían ser agradables; pérdida de energía; cansancio; fatiga; sentimientos de falta de valor; autorreproche; culpa excesiva; incapacidad para pensar o concentrarse; indecisión; pensamientos recurrentes sobre la muerte o el suicidio; deseo de estar muerto; irritabilidad; agitación; alucinaciones; ansiedad; preocupación por la salud física; fobias; consumo de drogas callejeras; resentimiento; problemas en la escuela o en el trabajo; mayor sensitividad; pérdida de la memoria; apatía; distracción; ilusiones; lloriqueo; intranquilidad; ataques de pánico; uso excesivo de alcohol; agresividad; retiro social; mala apariencia; o desorientación. Estos síntomas son lo bastante severos como para causar una dificultad o deficiencia significativa en el funcionamiento.
Causa La depresión mayor puede tener muchas causas. Los factores psicológicos que aumentan el riesgo de la depresión incluyen dificultad para expresar la ira eficazmente, el experimentar pérdidas, una autoestima mala, grandes necesidades de dependencia, malas relaciones interpersonales y un criterio pesimista de uno mismo y del mundo.La herencia genética es un factor importante para muchas personas, así como un alto nivel de estrés.
En años recientes, se ha aclarado más que la depresión también incluye un desajuste químico muy específico en las áreas del cerebro que son responsables del estado de ánimo y la emoción.

Curso La depresión mayor es una enfermedad que consiste de un solo episodio para cerca de la mitad de las personas que sufren de ella, pero para la otra mitad, es una enfermedad recurrente. Para la mayoría de las personas con depresión recurrente, los síntomas desaparecen completamente entre episodios pero para una tercera parte de las personas con depresión, hay síntomas que persisten entre episodios.
Tratamiento El tratamiento generalmente se centra en medicamentos y psicoterapia. Casi siempre se prescriben medicamentos antidepresivos, y a veces se necesitan medicamentos adicionales: el litio, antipsicóticos (cuando se presentan síntomas psicóticos), Tegretol y otros anticonvulsivos o estimulantes. Entre los tipos de psicoterapia que han resultado eficaces en el tratamiento contra la depresión están la interpersonal, la cognoscitiva-conductual y otras. ECT (tratamientos de shock o la terapia electroconvulsiva) es un tratamiento eficaz para la depresión mayor cuando los medicamentos han sido ineficaces, o cuando no se pueden usar debido a problemas médicos.
Automanejo El manejo de modos de vida es crucial en el mantenimiento de la recuperación de la depresión. Es importante: Mantener un calendario diario uniforme. Tomar los medicamentos según la receta. Después de un episodio de depresión, reanudar las responsabilidades lenta y gradualmente. Fijar metas realistas. Pedir ayuda cuando se necesite. Reunirse regularmente con su terapéuta. Dormir adecuadamente, acostándose y levantándose aproximadamente a la misma hora cada día. Comer una dieta balanceada. Hacer ejercicios aeróbicos regulares -un mínimo de una media hora, tres veces a la semana. Antes de tomar una prescripción o una nueva medicación sin prescripción, acudir a la persona que prescribe su medicación psiquiátrica. Discutir sobre el uso social del alcohol con su prescriptor. Evitar las drogas callejeras. Trabajar para formar y mantener amistades y una red de apoyo. Tomar un curso en el tratamiento del estrés o en la afirmación de la confianza en uno mismo. Trabajar diligentemente en la terapia.
Aceptar que pueden haber contratiempos.
Confrontando la recaída Ya que la depresión mayor es una enfermedad que puede reaparecer, es necesario que el paciente y el terapéuta planeen qué hacer si aparecen señales de una recaída. El plan debe incluir qué síntomas específicos son advertencias y qué medidas inmediatas deben tomarse. Haga un convenio para llamar a su terapéuta de inmediato cuando aquellos síntomas específicos ocurran, y al mismo tiempo aumente la cantidad de estructura diaria y pídale a sus amigos y miembros de familia ayuda momentánea para disminuir el estrés y la responsabilidad.

Información adicional y apoyo Hay varios buenos libros acerca de la depresión mayor y su tratamiento, y varias organizaciones que pueden proporcionar apoyo, consejo e información. Su enfermera puede proporcionarle una lista de estos recursos.
The New York Hospital (El Hospital de Nueva York)Cornell Medical Center (Centro Médico Cornell)Westchester DivisionDepartment of Psychiatry21 Bloomingdale RoadWhite Plains, NY 10605
Para información o referencias, llame al 1-800-796-4797
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