Y si el mal que sientes viniera porque miras atras...
"Ni el futuro ni el pasado existen, y no se puede propiamente decir: hay tres
tiempo: pasado, presente y futuro; Más bien, en propiedad debería afirmarse: los
tiempos son tres: un presente de lo pasado, un presente de lo presente, un
presente de lo futuro. En efecto, estos tiempos son una especie de trinidad en
el Alma y yo no los veo fuera de ella, donde el presente de lo pasado es el
recuerdo, el presente de lo presente el momento, y el presente de lo porvenir la
espectativa "


San Agustín

miércoles, 28 de enero de 2009

Depresión y Duelo VI

El trabajo del duelo como elaboración de una pérdida
Ultima Parte
Siempre que sienta que algo se le ha salido de las manos, a usted o a otro cercano, acuda sin temor a un profesional en Salud Mental.

Mitos y realidades
Mito:
La persona que ha perdido a una ser querido en un accidente o situación similar no debe saber acerca de los detalles del acontecimiento. Tampoco es conveniente que vea su cuerpo o alguna evidencia clara que indique la certeza de su partida o muerte.
Realidad: Saber acerca de los detalles que implicaron la desaparición de alguien cercano permite aceptar la realidad de su ausencia, ya que que la persona entiende las circunstancias y recrea mentalmente la situación. La confusión y falta de información permiten que se elaboren toda clase de hipótesis y fantasías falsas sobre la circunstancia.

Mito: Cuando una persona se demuestra rabia, dolor y desesperanza, y además cree ver a la persona que se ha ido, se encuentra cercana a la locura o a sufrir una depresión crónica.
Realidad: La expresión de tales sentimientos resulta adecuada ya que permite que se procese la pérdida. Aunque estas manifestaciones aparezcan excesivas para algunos, no son siempre indicadores de que la persona desarrollará un problema mental grave. No obstante resulta conveniente permanecer alerta frente a señales que muestren una alteración en el proceso de elaboración del duelo.

Mito: La intensidad y duración de los afectos asociados al trabajo del duelo son directamente proporcionales al cariño que se le tenía a la persona que se ha ido. Es decir, entre más cariño se sentía por la persona, más traumático, doloroso y largo debe ser el proceso.
Realidad: El trabajo del duelo es una experiencia individual que depende de las características de cada persona, del significado que para cada uno tenía el objeto que se ha ido, de aspectos sociales y culturales, etc. Lo anterior implica que no hay reglas para determinar el camino ni la duración del proceso de duelo. Los resultados de los estudios son tan solo aproximaciones que intentan explicar un fenómeno humano, tan cambiante como el hombre mismo.

Mito: Cuando la persona o situación se aleja o desaparece se pierde para siempre su recuerdo y no queda nada de ella.
Realidad: Cuando un ser querido se aleja o muere, permanecen en la mente de las personas recuerdos e imágenes que podrán ser recordadas eventualmente. Aunque la relación con el objeto no permanece igual, debido al retiro de energía psíquica realizado durante el proceso del duelo, es posible apreciar que las representaciones no desaparecen y más bien permanecen "dormidas" en la mente, para volver a despertar en la forma de recuerdos, sin ninguna correlación con la realidad.

Mito: La persona que ha sufrido la pérdida debe retomar inmediatamente sus actividades sin dejar tiempo para asumir el dolor. Entre más ocupada esté, mejor.
Realidad: Siempre es conveniente que la persona, en lo posible, disponga de cierto tiempo para reflexionar y sobrellevar el proceso psicológico que implica una pérdida. Una vuelta demasido rápida a sus actividades cotidianas podría implicar que el proceso de duelo no se lleve a cabo de manera satisfactoria, de tal forma que sus labores y su vida en general se vean afectadas de manera negativa.

Mito: El sentimiento por la pérdida de un ser querido es un afecto que no debe ser expresado ya que de esta forma se hace más fácil el proceso de sobrellevar la situación.
Realidad: Aunque en nuestra cultura se veneran el valor y la entereza fría con la que se deberían sobrellevar las situaciones dolorosas de pérdida, resulta conveniente hacer a un lado esta creencia ya que en todo caso el sufrimiento debe ser expresado de alguna manera y comunicado con el fin de permitir al doliente descargar la sensación que en ese momento lo inunda.

Mito: Es inconveniente comunicar y hacer saber a los niños sobre cuestiones relacionadas con el duelo y la pérdida ya que ellos no poseen las capacidades para entender una experiencia como esta. Lo mejor es negarles todo y alejarlos lo más posible de esta realidad.
Realidad: El niño es tan capaz como el adulto de experimentar una situación de duelo. Una pérdida, por pequeña que parezca, por ejemplo, la de su mascota, puede ser una situación que le permita luego afrontar situaciones de pérdida tanto o más dolorosas. De esta forma, lo más conveniente es permitir que conozcan la realidad en relación a aquel objeto que ya no está más a su lado.


Glosario
Ambivalencia:
presencia simultánea de sentimientos, actitudes y tendencias opuestas en la relación con una persona (objeto). Se trata en la mayoría de veces de amor y odio. Uno de estos aparece consciente mientras que el otro se encuentra inconsciente.
Decatectización: es el proceso mediante el cual se desliga un monto específico de energía mental de una representación, grupo de representaciones, parte del cuerpo, objeto, etc.

Depresión mayor: trastorno del ánimo en el cual la persona manifiesta un estado depresivo la mayor parte del día, casi cada día, pérdida de la capacidad para experimentar placer, alteraciones en el apetito, insomnio o hipersomnia, pérdida de energía, y pensamientos recurrentes de muerte, entre otros.

Libido: energía de las pulsiones sexuales que habita el aparato psíquico (la mente) de los seres humanos. A partir de ella se establece el lazo entre las personas ya que el sujeto carga o reviste con libido al objeto externo (a la persona como tal) y a su representación mental (objeto interno).

Narcisismo: estado en el cual la libido se concentra en el yo del sujeto, mientras que la energía mental que baña a los objetos (externos y sus representaciones mentales) se disminuye. Esto hace que la atención, el cuidado, el dolor, se concentren en la persona misma.

Situación traumática: en ésta la persona recibe una cantidad de estímulos imprevistos, y a una velocidad tal, que no se hace posible su manejo. El impacto que dicha vivencia tiene sobre la personalidad dependen de la magnitud de la experiencia como tal, y de la fortaleza y mecanismos con los cuales cuenta la persona.

Yo: la teoría psicoanalítica utilizaba al comienzo este término para hacer referencia a la personalidad global. Después se defini- al yo como una instancia psíquica, al lado del ello y el superyó. Entre sus funciones más importantes se encuentran la percepción, la función de censura en los sueños, y la diferenciación entre mundo interno (mental) y externo.

SaludHoy - Septiembre, 2000
http://www.saludhoy.com/htm/psico/articulo/duelo1.html

Depresión y Duelo V

El trabajo del duelo como elaboración de una pérdida
Parte 2

Trabajo del duelo A partir de diferentes estudios se ha encontrado que en el Trabajo del Duelo la persona afectada pasa por una serie de pasos, en un intento por enfrentar y elaborar la situación traumática (tabla). No obstante, el orden de estas etapas no es rígido, de tal forma que el sujeto podría omitir, o repetir una etapa una y otra vez, especialmente cuando el lapso de tiempo es muy largo.

La primera reacción frente a la noticia de una pérdida es la de incredulidad, acompañada de sensaciones como aturdimiento y shock, seguidas por la puesta en marcha del mecanismo de negación. La persona siente que no es posible estar viviendo una situación como la que le ha tocado. Busca de todas formas esconder y alejarse de la realidad en un intento por amortiguar el peso de la noticia.

La segunda etapa corresponde a la experiencia y expresión de sentimientos de rabia e ira. La persona se convierte en alguien difícil de tratar ya que la relación con ella se torna agresiva. Expresa también sensaciones de molestia, desagradecimiento y descontento. El sujeto asume además una posición de crítica excesiva hacia sí mismo y aquellos que lo rodean. Detrás de todas estas expresiones se encontraría implícita la pregunta "¿Por qué yo? ¿Por qué no usted?" en la medida en que siente que la desgracia, el empobrecimiento, la pérdida y en últimas la muerte está de su lado, mientras que el bienestar y la vida están del lado de los demás.

Durante la tercera etapa, la de negociación, la persona disminuye la agresividad ya que hay una aceptación parcial de la realidad irreversible. Esta transacción se realiza, para las personas creyentes, con Dios. Hay una pregunta esencial por el tiempo: ¿por qué ahora? Se trata de una fase en la que persiste algo de esperanza porque el objeto o la circunstancia perdida pueda ser recuperada. En todo caso estarían presentes de manera simultánea aspectos relacionados con la ausencia real del objeto, y la fantasía de que ésta es parcial y reversible.

La depresión constituye el cuarto paso en el proceso de aceptación de la pérdida. La persona manifiesta en esta etapa una actitud de apatía y silencio en relación al mundo exterior debido a que se asume ahora la ausencia del objeto. Así, el sujeto comienza el doloroso y difícil trabajo psicológico para desapegarse de éste. De manera progresiva la persona deja de aferrarse a la imagen que tiene de la persona o situación perdida, retirando de ella la energía psíquica (libido) con la cual estaba revestida (proceso que lleva el nombre de decatectización). Eventualmente se dejan atrás también las expectativas y todas las representaciones mentales relacionadas con el objeto perdido.

La última etapa es la de aceptación y paz: se evidencia que la energía mental retirada de los objetos se concentra en el yo del sujeto, de tal forma que la persona experimenta una estado temporal de narcisismo. La atención se centra entonces en el sí mismo, en detrimento del mundo exterior y de las demás personas. Se acepta ahora aquella situación de ausencia que no es posible cambiar, a partir de lo cual se vive una sensación simultánea de tristeza y serenidad.

Luego de cierto tiempo, el sujeto vuelve a sus actividades cotidianas. De igual forma, las capacidades mentales del doliente vuelven a su estado normal.
Imposibilidad para culminar de manera exitosa el trabajo del duelo

Entre los indicadores del duelo "patológico" o "anormal" están la sensación de culpa en el doliente, por las cosas más que por las acciones, recibidas o no por el superviviente, en el momento de morir la persona. Además se haría evidente en el sujeto cierto pensamiento de muerte más que la voluntad por vivir, con el sentimiento de que el vivo debería haber muerto con la persona fallecida. Hay una preocupación mórbida con sentimientos de inutilidad; enlentecimiento psicomotor; deterioro funcional acusado y prolongado; y experiencias alucinatorias distintas de las de escuchar la voz o ver la imagen fugaz de la persona fallecida.
Se establece también que el sujeto puede considerarse culpable de la muerte ocurrida, la niega, se cree poseído o influido por el difunto, y cree padecer la misma enfermedad que produjo la muerte de éste.

Ahora bien, la persistente bosqueda de unión con el objeto perdido es el principal motivo presente en el duelo patológico. Los síntomas antes anotados se manifestarían a partir de que la persona no ha cortado la relación libidinal mental con el objeto. Entonces son puestos en marcha los mecanismo psicológicos de identificación y de despersonalización. El primero implica que la persona incorpora atributos, gestos o actitudes del objeto perdido, por ejemplo, padecer la misma enfermedad que aquejaba al objeto. Mediante el segundo, la persona se siente perpleja y extraña, experimentando que algo en lo profundo de sí mismo y en el mundo exterior está cambiando.

Conclusiones

El trabajo del duelo constituye un proceso que debe ser llevado a cabo de manera exitosa por aquellas personas golpeadas por un acontecimiento vivido como traumático. Cada individuo, de acuerdo a la magnitud de la situación y a la fortaleza de las herramientas mentales con las cuales cuenta, además del apoyo de otros, llevará a cabo el proceso de manera particular. Su terminación permite a aquellos afectados volver a su vida normal, reconstruyendo su cotidianidad y utilizando esa energía liberada ahora del objeto perdido para emprender nuevos retos, nuevas relaciones, nuevos sueños.

Consejos prácticos
Frente a una situación traumática resulta conveniente tener en cuenta los siguientes aspectos, los cuales permitirán sobrellevar mejor la experiencia:
Es importante desahogarse, que la persona afectada hable de su dolor a otro que lo escuche con interés. De esta manera comparte su experiencia y la repite simb-licamente, en un intento por elaborarla.

Conviene conocer los aspectos implicados con la pérdida y el proceso del duelo, de tal forma que la persona sepa que se trata de algo normal y momentáneo.

El dolor y la desazón que se experimentan no se resuelven saliendo de viaje o dejando la casa en la cual se vivía con la persona que se ha ido, mucho menos desapareciendo todo lo que tuvo que ver con el objeto perdido. Más importante que los cambios en el mundo exterior resultan los procesos mentales (internos) que llevan a culminar el proceso del duelo. Luego de este momento resultaría conveniente emprender remodelaciones en la casa, viajes y demás actividades que no lleven ya la intención de borrar fallidamente recuerdos que sin duda alguna traerán dolor.

Para conservar el recuerdo del que se ha ido es recomendable guardar algunas pertenencias que se consideren valiosas. El resto podrá ser desechado cuando el dolido así lo considere. Guardar todo tal y como qued- o botar compulsivamente hasta el último detalle relacionado con la persona perdida son igualmente inconvenientes. Cada una de estas decisiones debe tomarse según los criterios y deseos particulares del doliente.

Depresión y Duelo IV

El trabajo del duelo como elaboración de una pérdida
Parte 1
El trabajo del duelo constituye una reacción psicológica normal frente a una situación traumática ocurrida a una persona. La mayoría de los sujetos afectados muestran una serie de síntomas característicos, y siguen para la elaboración del acontecimiento un conjunto de etapas. No obstante, en ocasiones se presentan dificultades que frenan el proceso, pero que pueden ser superadas con las indicaciones y el apoyo adecuados.

DefiniciónEn su texto de 1915 (Duelo y Melancolía) el psicoanalista Sigmund Freud introdujo el término de duelo para referirse a un afecto normal que se presenta en los seres humanos como "reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción que haga sus veces, como la patria, la libertad, un ideal, etc." En este sentido el duelo no solo se presentaría frente a la muerte de un ser querido, sino también en relación a situaciones que impliquen la evidencia para el sujeto de una falta, o de algo que ha de dejar atrás y que no volverá a recuperar, pero que deja siempre un recuerdo. Así por ejemplo, el duelo se desarrollaría frente a la partida de un amigo o familiar, por la pérdida de un objeto, ante la necesidad de cambiar de domicilio, ya sea de manera voluntaria o bajo amenaza (como ocurre en el desplazamiento forzado).
En todo caso, aquello que la persona echará de menos es algo que conoce de manera consciente y que valora igualmente. De allí la afirmación implícita de Freud en su texto: en el duelo la persona sabe a quién perdi- y lo que perdi- con este objeto.

Por otro lado, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales en su versión IV (el cual clasifica las enfermedades mentales según sus manifestaciones o síntomas, y es utilizado por los profesionales de la salud mental) establece de manera más limitada que el duelo es una categoría que debe usarse cuando un individuo reacciona frente a la muerte de una persona querida.

En todo caso, el duelo corresponde a un proceso psicológico que se presenta en una persona frente a una situación traumática, la cual implica una pérdida y a la vez genera pesar (grief). Mediante el trabajo del duelo se busca que la persona acepte la pérdida, readaptándose a la nueva realidad de ausencia del objeto, condición esencial para la elaboración normal del duelo.

Manifestaciones
El duelo trae consigo grandes desviaciones de la conducta, que bajo condiciones normales se superan luego de un tiempo. No obstante, las manifestaciones del duelo no son exclusivas de esta entidad. Los profesionales de la salud mental anotan que los síntomas pueden ser muy similares a aquellos presentes en un episodio de depresión mayor. Ejemplos de lo anterior son los sentimientos de tristeza y síntomas asociados como insomnio, anorexia y pérdida de peso.
Existe también en el doliente una disminución en el interés por el mundo exterior en todo lo que recuerde al muerto, la capacidad de amar y de escoger algún nuevo objeto de amor se ve también afectada, al igual que la productividad y el área laboral. Las manifestaciones de angustia, culpa, pánico (en algunos casos), desesperación, apatía y desesperanza están también presentes. En algunos casos se evidencian pensamientos recurrentes de muerte, ideación suicida, o tentativa para llevarlo a cabo.

Los síntomas psicológicos anteriores se asocian frecuentemente con otros físicos: migraña, olcera, colitis, problemas respiratorios, palpitaciones, sudoraciones. Se puede presentar una disminución en las defensas del organismo, lo cual facilita la infección y el contagio de diferentes agentes.

Depresión y Duelo III

Dolor Psíquico y Ausencia
Por Lic. Claudio Barbará
Artículo Públicado en la Revista mensual PRIVILEGE (Año VI - N- Buenos Aires, 5 de agosto de 1998)

Dolor y Pérdida. Hay un tipo de dolor que proviene del cuerpo, localizado en una zona determinada, reconocible por medio de los sentidos. Hay otro tipo de dolor, menos específico, pero no menos intenso que no está ligado a lo corporal, a la anatomía del cuerpo físico. Su origen es impreciso, difícil de determinar. No es dolor del cuerpo, sino, y se me permite la analogía, es un dolor cuya fuente está en la "anatomía" psíquca. Un dolor que emerge como emerge la urgencia misma de la vida. Un dolor, que se ha llamado "dolor existencial". Recorre el saber popular una premisa que nos dice que el dolor purifica, ennoblece, "templa el espíritu"; que no es posible aún más, aprender si no es con una cuota de dolor, que madurar implica esa misma cuota de dolor; de ese dolor indeterminado que no proviene de un órgano enfermo sino de la experiencia misma de vivir.

Las Religiones apuntalan estas creencias, y el hombre en las vivencias que le impone la vida cotidiana cree ver la corroboración a esta enseñanza. La ciencia también encuentra motivos para confirmar que el dolor es parte del devenir hombre o mujer; en el sentido que decimos que, para ocupar un nuevo espacio en la vida, es necesario haber abandonado el anterior; y esto representa una pérdida. Sucesivas pérdidas menores son necesarias para avanzar en la vida. Pérdidas cotidianas, pérdidas previsibles. Desde el nacimiento a la madurez, el tiempo, medido en el calendario, es pura pérdida. El anverso de esta situación es que cada día que termina habilita uno próximo. Esta evolución cronológica tiene su correlato físico: el cuerpo madura hasta el momento en que comienza su declinación. Este cuerpo que avanza en su destino biológico, sin embargo, no es lo que encierra la vida, sino aquello otro que es objeto de otras vicisitudes, es decir la existencia. A ello llamamos "la vida", no al cuerpo sano, no al desarrollo fisiológico del soma. A los dolores propios del crecimiento del cuerpo, lo acompañan los dolores del alma. Dolores como dijimos ligados a la pérdida, en el registro de su representación psíquica.

Dolor y Duelo Reconocemos el duelo como una manifestación ligada a una pérdida importante, las más de las veces un ser querido muy cercano, acaecida recientemente. El duelo, cuando éste no se ha tornado patológico, es decir, cuando no se asocia a una predisposición del individuo a enfermar, tiene una duración que se estima normal dentro de un período de dos años, lapso que insume el proceso de elaboración psíquica de la pérdida. No obstante, no siempre se cumple el ciclo normal esperable, y este acontecimiento se vuelve el disparador o desencadenante de un trastorno psicológico de mayor envergadura. El individuo, en estos casos, no cuenta con los recursos defensivos necesarios para acallar la emergencia del sufrimiento ligado a la pérdida; quedando a expensas de la angustia concomitante. En otras palabras, los avatares de la vida llevan al sujeto en cuestión a experimentar una fijación a partir de la cual su vida misma se ve sumida y arrastrada junto con aquella pérdida.

El dolor ligado al duelo se vive como una experiencia de aturdimiento y desgarro causado por lo insoportable de lo irreparable; ya no es posible volver a la situación o estado de cosas anterior. Para que el sufrimiento causado por la pérdida desaparezca es necesario que "lo perdido" deje espacio efectivamente a otra cosa. Deben, finalmente, convivir lo que se ha perdido con lo nuevo que comienza a ocupar el lugar vacante.

Dolor: la presencia de la Ausencia Hay quienes sufren sin que pueda descubrirse alguna causa de su tristeza, sin la evidencia de una pena específica; se vuelven indolentes y continúan sus ocupaciones o diversiones habituales en forma mecánica y sin interés; el intelecto, los afectos y las pasiones parecen inactivos, se vuelven extremadamente apáticos. Esto corresponde al reinado de la pérdida, el reinado de una ausencia que no deja de insistir, de hacerse presente. Se construye así una paradoja desconcertante: la constante presencia de una ausencia que apaga todos los motores vitales del individuo, sumiéndolo en una apatía generalizada. La persona no puede dar cuenta de su tristeza. La indeterminación manifiesta de dar testimonio sobre el origen de su tristeza persevera en el tiempo. La vida misma se convierte en el infierno del cual quiere escapar; la vida misma se le vuelve insoportable. El ancho espectro de la realidad concentra toda su energía sufriente. Hay dolores de las pequeñas pérdidas, aquellos asociados al abandono de estados que el desarrollo mismo de la vida impone al individuo; que se van transcurriendo invariablemente, con mayor o menor éxito. Hay dolores ligados a las grandes pérdidas ligadas a la experiencia de la finitud; representan el enfrentamiento del sujeto con la evidencia de su mortalidad. Hay dolores además, que no se extinguen, que perseveran, que imponen su ritmo sufriente al individuo; dolores anclados en la negativa a aceptar la lógica del "no todo". Todos dolores del alma, no del cuerpo, dolores que no se ubican en la anatomía del cuerpo ni se acallan con analgésicos. Dolores que expresan la magnitud de la existencia, no la continuidad de un cuerpo sano. También dolores que no provienen de una enfermedad orgánica, pero que acaban por enfermar a ese cuerpo. Ausencia, en definitiva, a la cual el individuo, irremediablemente, se tendrá que enfrentar.

El proceso del Duelo Su abordaje terapéutico

" Los alejamientos, las separaciones y las pérdidas, forman parte de la vida. Imprescindibles algunas veces, inevitables en otros casos, pero invariablemente nos enfrentan a un mismo proceso. El proceso del duelo. De la actitud que asumamos frente a él depende nuestro crecimiento. Todo duelo "es el proceso normal que sigue a la pérdida de lo inmensamente querido". Forma parte integral de la relación amorosa, no es el fin ni la interrupción del amor sino una de sus fases naturales. Así, sin que participe nuestra decisión el duelo no interrumpe la relación, sigue siendo amor. Si el duelo duele, (por cierto que duele), aceptémoslo como una parte necesaria en esta etapa del vínculo, no podemos eludirlo con negaciones u olvidos, seríamos en ese caso desertores de la relación amorosa, mataríamos por segunda vez al ausente. Por lo tanto habrá dolor, pero no estamos buscando ese dolor por el dolor mismo, cuanto menos haya, será mejor, siempre que podamos conservar en nuestro corazón el amoroso vínculo con el ausente. La vocación permanente al sufrimiento no es sinónimo de superación, recordar tiernamente es haber superado, entonces sí, podremos incorporar algunas alegrías a nuestros preciados y tan queridos recuerdos. No podemos confiarle al tiempo la resolución de nuestro dolor. Hoy la vida nos interroga y debemos responder, teniendo en cuenta que para llegar a un lugar, siempre hay algunos caminos mejores que otros. Nuestra es la responsabilidad de elegir el camino" .

Un camino a recorrer· Pongamos al día y en paz nuestro vínculo con quienes no están. · Esforcémonos por superar el egoísmo que coloca a nuestro dolor como protagonista principal de los hechos. · Vivamos nuestro duelo con dignidad, recordando a nuestros hijos con las personas apropiadas y en los lugares apropiados. · · Evitemos el aislamiento, reinsertándonos en la vida familiar y en la sociedad asumiendo nuestros cambios personales. · Analicemos nuestra fe y nuestra creencia en una existencia más allá de la muerte. · Tengamos un proyecto de vida que honre a quienes no están, a los que están y a nosotros mismos. · Atendamos con dedicación y sensibilidad los vínculos afectivos con los vivos. · No dejemos que el dolor nos exima de superarnos y ser mejores personas, el permanente recuerdo del ausente debe ser un estímulo para lograrlo. · La posibilidad de superar un duelo, requiere de nuestro esfuerzo personal y no podemos delegarlo en ningún tipo de paternalismo. ______________________________________________________

Carlos J. Bianchi es médico psiquiatra y psicoterapeuta desde comienzo de la década del sesenta. La muerte repentina de uno de sus hijos acaecida en 1990 lo ha volcado a integrarse a los grupos de autoayuda "Renacer". Para cooperar con entidades de la misma índole fue invitado a Colombia. Allí participó en la creación de los grupos "Lazos". Dictó seminarios en Santa Fe de Bogotá, Cali y Barranquilla.En la actualidad acompaña profesionalmente a quienes atraviesan estas dolorosas vivencias, aportando su comprensión y su apoyo desde su importante formación teórica y su propia experiencia frente al duelo. 25 de Mayo 1639 - Vicente LópezTeléfono: 4796-9195

Depresión y Duelo I

Cuando la pérdida no es depresion.
El desapego, un camino ...

Las pérdidas significativas nos vuelven distintos. Algo ha concluido y algo comienza. Debemos aprender a convivir con lo que no se puede cambiar, es cierto, pero no como una suerte de resignación, sino como convicción que apunte a la búsqueda de nuestro crecimiento espiritual. Ese crecimiento está ligado a la capacidad de superar de manera constructiva nuestras pérdidas. Un obstáculo frecuente en este difícil y responsable camino es el "apego", entendiendo como tal al egocentrismo que nos ubica como protagonistas únicos del dolor, sometiéndonos a la tiranía a la que pretende condenarnos el pasado, y a asumir un rol de víctima, que es una forma de chantaje hacia los demás, reclamando de ellos su permanente consideración y cuidado. El desapego, como posible y saludable camino, no significa olvido ni tampoco desamor, es en cambio la posibilidad de crear un espacio entre el dolor por la pérdida y el seguir llevando adelante nuestro propio proyecto de vida. La superación del duelo se manifiesta por 1) la capacidad de recordar sin caer en el sufrimiento y la queja permanente, y 2) el poder abrirse a nuevas relaciones y aceptar el desafío al que la vida nos enfrenta.

Carlos J. Bianchi

Causas Específicas de Depresión en la Mujer

Las mujeres, independientemente de su nivel socioeconómico y de su nacionalidad, tienen unas tasas significativamente más altas de depresión que los hombres. Las causas de esta incidencia más alta parecen ser una mezcla de factores biológicos y culturales. Cambios Hormonales Todas las mujeres tienen riesgo de oscilaciones emocdo experimentan cambios hormonales extremos. El papel de las hormonas en la depresión no está claro, pero las hormonas femeninas juegan papeles en la disforia premenstrual, la depresión postparto, y el SAD. Estas formas de depresión disminuyen o desaparecen después de la menopausia. Las evidencias sobre las causas hormonales de la depresión se basal primordialmente en las observaciones de la depresión durante estadios específicos del desarrollo femenino:
-Pubertad precoz: las mujeres que inician la pubertad antes de lo normal (alcanzando el punto medio a los 11 años o antes) tienen mayores probabilidades de sufrir depresión durante la adolescencia que las chicas que maduran más tarde.
-Premenopausia: las mujeres premenopáusicas (entre los 20 y los 45 años) fueron más susceptibles a la depresión, y un 22% de este grupo reportaron síntomas de depresión mayor. La disforia premenstrual (depresión severa antes del periodo) afecta específicamente alrededor del 3 al 8% de las mujeres en su edad reproductiva (ver el informe de Well-Connected Síndrome Premenstrual).
-Depresión post-parto: casi todas las madres primerizas experimentan un periodo corto de depresión ligera siguiendo al parto (conocido como "baby blues"). Sin embargo, no se considera una depresión posparto a no ser que persista más de una semana o dos y sea muy severa. Los estudios han informado de que entre el 8% y el 20% de las mujeres tienen una depresión postparto diagnosticable en los tres primeros meses después del parto, y en un estudio, el 5% de ellas tenían pensamientos suicidas. Un estudio sugirió que los niveles fluctuantes de estrógenos y progesterona que acompañan al parto pueden jugar un papel importante en la depresión postparto como mínimo en las mujeres que son más sensibles a estos cambios. Las mujeres con episodios depresivos previos, las primerizas cuyos bebés tienen problemas médicos y las mujeres a las que les falta el apoyo social parecen tener un riesgo mayor de depresión postparto. Debe destacarse que muchos de las parejas de las primerizas también sufren de depresión ante el nacimiento de un hijo.
-Aborto: el aborto supone un riesgo de depresión muy importante, especialmente en el primer mes tras la pérdida del embarazo. Las mujeres de mayor edad sin ningún embarazo a término, y las que ya tienen una historia previa de depresión, tienen un mayor riesgo de padecer depresión.
-Perimenopausia: la depresión a menudo se presenta alrededor de la menopausia (el periodo premenopáusico) cuando, además de los cambios hormonales, también se involucran otros factores (presiones culturales a favor de las mujeres jóvenes, identificación súbita del propio envejecimiento, insomnio). En un estudio alrededor de la mitad de las mujeres perimenopáusicas se diagnosticaron de depresión mayor (las mujeres que tomaban terapia sustitutiva con estrógenos en ese momento tenían las mismas posibilidades, aunque la depresión parecía ser más leve).
-Postmenopáusia: un estudio sugiere que los resultados medios en las escalas de depresión en las mujeres postmenopáusicas eran casi tan bajas como en las premenopáusicas. De hecho, muchas mujeres reportan que después de la menopausia los síntomas de depresión estacional o de síndrome premenopáusico desaparecían. Conductas de afiliación y Oxitocina Una teoría sobre el riesgo masión de las mujeres se relaciona con las conductas de afiliación, que son aquellas que involucran a las actividades relacionadas con las relaciones personales. Un péptido llamado oxitocina, que se encuentra en mamíferos, estimula ciertas funciones como la liberación de leche durante la lactancia y las contracciones uterinas durante el parto. Hay evidencias que sugieren que también puede jugar un papel importante en las conductas de afiliación, como son el cuidado maternal y la atracción sexual tras la adolescencia. En la antigüedad, la liberación de oxitocina tras la pubertad era útil para los embarazos y la lactancia precoz. Las condiciones culturales, sin embargo, han prolongado el tiempo entre la madurez sexual y la lactancia o el primer embarazo. Este retraso obliga a la mujer a tener que soportar lo que parecen ser sentimientos de separación no naturales. Algunos estudios sugieren que las mujeres jóvenes con más riesgo de depresión son aquellas que tienen factores de riesgo que intensifican estos sentimientos de separación. Estos factores de riesgo incluyen los sentimientos de inseguridad respecto a los padres, la timidez, que limita las relaciones con otras personas, y el no tener más recursos que otras personas para soportar la separación. Esta teoría también ayudaría a explicar el porqué las tasas de depresión en los hombres son casi iguales que las de las mujeres tras la menopausia.

http://www.mailxmail.com/curso/vida/depresion/capitulo5.htm